Transvalcar y la Megabanda

El atraco a el avión de Transvalcar 1992

Con débiles movimientos, como el de una fiera atrapada en un banco de arena, aquel hombre miró por última vez la luz del sol. Comenzaba la tarde del 27 de enero de 2010 y una bala impactaba el corazón del más inteligente y peligroso bandido de la historia criminal venezolana; agonizaba en Guacara el genio del mal.

18 años antes, mediodía del miércoles 25 de noviembre de 1992.

Un auto con dos hombres a bordo enfiló despacio hacia el hangar de Ferrominera Orinoco en el Aeropuerto Manuel Carlos Piar. Con sangre fría el pasajero arrojó una granada cuyo estallido atrajo la atención de la Guardia Nacional y puso en marcha una de las operaciones más sanguinarias del siglo XX.

A kilómetro y medio de allí, otros dos sujetos disfrazados de militares ingresaron a la torre de control sometiendo a sus operadores con rapidez y pericia.

Abajo, la avioneta siglas YV-365 CP propiedad de Transporte de Valores Caribe (Transvalcar) esperaba su turno para despegar; desde la ya dominada torre de control le ordenaron aguardar en la cabecera de la pista, para dar paso a otra aeronave.

A pocos metros en una camioneta tipo pick up, dos hombres aguardaban pacientes a que el lazo se cerrara. Uno de ellos, aindiado y de mirada filosa cronometraba cada acción girando instrucciones a través de una radio portátil.

La escena del crimen

Cuando el presidente Betancourt refundó Ciudad Guayana en 1961, convirtiéndola en una de las más modernas urbes de América Latina, se supo que necesitaría de una terminal aérea que sustituyera al vetusto aeródromo de San Félix. Nació así el aeropuerto «Manuel Carlos Piar».

Ubicado en el centro geográfico del brazo de tierra que separa al Caroní del Orinoco, está rodeado de un importante parque industrial pero pese a su valor estratégico la seguridad era bastante laxa; en julio del 92, cuatro meses antes de los sucesos que nos ocupan en esta crónica, tres narcotraficantes secuestraron una avioneta de «Aeronaves del Caroní» para llevarla hasta la finca «México Lindo» en El Vichada, Colombia. En aquella oportunidad, por fortuna, no hubo víctimas mortales.

La acción

La YV-365 CP, pilotada por José Manuel Canccillo y Ángel «Chuti» Martínez, seguía esperando. En sus entrañas llevaba 86 millones de bolívares entre oro y efectivo; suma protegida tan sólo por dos vigilantes: Wolfang Moreno y Gilberto Palma.

Ninguno de ellos tuvo tiempo de reaccionar cuando de la maleza emergieron dos Enduro Kawasaki con cuatro hombres a bordo. Sólo el violento fuego de los cañones cuyo brillo se confundía con el duro sol de Guayana les hizo comprender que habían caído en una trampa. El metal que salía de las armas agujereaba el fuselaje y entraba a la cabina cual confeti mortal que hendía la carne, rasgándola hasta convertirla en una masa informe.

Al cesar la balacera, dos de los bandidos entraron a sacar las talegas de oro y el dinero, rematando a piloto y copiloto con sendos tiros en la cabeza.

La manada de chacales abandonó la escena dejando a cuatro familias enlutadas y doscientos impactos de bala en la aeronave.

La seguridad del presidente Pérez

El día anterior a la masacre, Carlos Andrés Pérez estuvo en el aeropuerto. Una gira nacional lo llevó a Guayana donde fue recibido con nerviosismo. Horas antes de su llegada, la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) desarticuló una banda criminal que se alojaba en el hotel «Laja Real». En el operativo perdió la vida un agente cuando intentaba detener la fuga de uno de los maleantes.

En la calle se especulaba sobre un plan terrorista para matar al presidente, el ministro de la Defensa desmintió los rumores asegurando que los detenidos eran delincuentes comunes cuyos planes sólo estaban orientados a cometer robos; sin embargo la prensa recordaba tres eventos muy recientes vinculados a la seguridad del primer mandatario que incluyeron intercambios de disparos y personas fallecidas.

Todo esto y el hecho de que apenas un día después de la visita presidencial un grupo de criminales – armados hasta los dientes – lograra ingresar sin obstáculos al aeropuerto, provocó una acida lluvia de críticas.

El misterioso robo del «Bote del Amor»

Leonel Vargas, obrero de «Metalúrgica Badazzo», pasaba la modorra del almuerzo en el estacionamiento de la compañía cuando vio llegar dos Chevrolet pick up a todo gas. Algo en la prisa de esa gente le hizo recelar, pero antes de que asimilara la idea varios cañones lo apuntaban y la fría voz de un hombre con brillo animal en la mirada lo paralizó. Sin entender muy bien qué pasaba se dejo atar y amordazar, el instinto le ordenaba no mirar aquellos rostros.

La banda subió a nuevos vehículos abandonando los usados en el asalto. Cada quien tomó un rumbo distinto en tanto que el pobre Leonel, con los ojos cerrados, oraba por su vida.

Mientras el aeropuerto era tomado policialmente, televisión y radio emitían los primeros partes noticiosos salpicados de imprecisiones, dando lugar a las más absurdas hipótesis y a una guerra de acusaciones entre dirigentes políticos.

La Guardia Nacional acordonó la ciudad y colocó alcabalas para revisar vehículos. Helicópteros de la policía del estado sobrevolaron un ancho perímetro, mientras que potentes lanchas surcaron las vías fluviales, todos en un esfuerzo conjunto por cercar a los autores del brutal robo con asesinato; mas el propósito fue en vano, las caras largas de los jefes policiales evidenciaban el fracaso del operativo. «Los Monstruos de Guayana», como los bautizó la prensa, se volatilizaron.

En la noche un nuevo y misterioso suceso redoblaría el estado de alerta; de un club náutico privado desapareció un lujoso yate. La embarcación que era usada para efectuar pequeños cruceros por la cuenca del Caribe, estaba dotada de los más sofisticados equipos de navegación y desarrollaba gran velocidad. Constaba en los registros oficiales como «Orinoco King», aunque popularmente la llamaban «El bote del amor» en alusión a una serie televisiva que se transmitía por entonces.

En vista de que era capaz de salvar grandes distancias en poco tiempo, se pensó que los atracadores podían haberla usado como medio de escape; así que se activó un rastreo en el Orinoco desde Isla Fajardo hasta la región de Güiria; operativo que tampoco rindió frutos.

Robo a Transvalcar. Víctimas sacadas de la avioneta Chuti

Borondongo le dio a Bernabé

Al principio sólo se sabía una cosa: Que la avioneta viajaba a Caracas con una suma millonaria. Los políticos por su parte y para variar, tomaron el sangriento robo como bandera de la campaña electoral que protagonizaban; para el senador David Morales Bello la responsabilidad era del gobernador Andrés Velásquez «quien con su gestión radical daba pábulo a la existencia de bandas criminales en el sur del país» y para éste, «los delincuentes quizás estaban ligados a mercenarios que Morales Bello debía conocer». Otros dirigentes intervinieron en la disputa que nada venía a resolver, rechazando las irresponsables insinuaciones que se hacían de lado y lado.

En la noche de aquel fatídico miércoles comenzaron a surgir algunas luces; la Oficina Central de Información reveló que los autores del robo tenían vinculación con los detenidos en el hotel Laja Real. Recordemos que una banda fue parcialmente desmantelada allí, cuando efectivos de la DIM realizaban inspecciones de rutina con motivo de la llegada del presidente Pérez; 6 personas fueron arrestadas en esa ocasión incautándose dinero y armas. Uno de los delincuentes – José Gregorio Niccola Valdivian – logró escapar dando muerte en la huída al funcionario Ramón Adolfo Serrano. La madeja ya mostraba un hilo que seguir.

Golpe mata atraco

El jueves 26 de noviembre la crónica roja presidió la primera página; tal fue la conmoción que los principales diarios del país abrieron con los detalles del sangriento robo. Sin embargo el interés fue breve porque al siguiente día, un nuevo golpe de estado lo sepultaría bajo el peso de la jerarquía noticiosa.

En la calle no se hablaba de otro tema que no fuera el alzamiento; los más viejos recordaban la mañana del 1 de enero de 1958 cuando militares de la Guarnición de Maracay sobrevolaron Caracas en un fallido intento de acabar con el perezjimenismo. Una semana entera habría de pasar para saber nuevas cosas sobre el robo.

Un concejal de Anzoátegui es detenido

En diciembre «Transvalcar» volvió a la palestra; el primero de ese mes la DISIP detuvo al concejal Omar Antonio Narváez a quien se acusó de estar vinculado al robo; llevado a Caracas y sometido a interrogatorios; pronto se descubrió que la acusación formaba parte de la red de intrigas desatada por el enrarecido clima electoral, recuperada la libertad Narváez denunció que los partidos del estatus sostenían una cacería de brujas contra los grupos emergentes, en un desesperado intento de recuperar terreno político.

Ese mismo día se anunció que los verdaderos autores estaban identificados y se pincelaron algunos datos; según las fuentes, se trataba de sujetos con abultado prontuario y muy peligrosos; se sabía que la banda operaba desde hacía año y medio entre el centro y el oriente del país, tiempo en el que ejecutaron varios golpes de cierta importancia: Entre ellos un atraco en el Centro Comercial Concresa de donde se llevaron 3 millones y medio, el homicidio de un piloto de avioneta que regresaba de las minas de Guaniamo con un cargamento de oro y un asalto frustrado a la sede del Servicio Panamericano de Protección en Maracay. Igualmente se presumía que podían estar involucrados en el robo al Banco Latino de Anaco, cometido el 6 de noviembre de 1991.

Un dato no se hizo público: La recuperación de un fusil AR15, en uno de los vehículos abandonados, elemento que sirvió para la identificación positiva de participantes directos en el robo.

Un día después, la policía asestaría un golpe certero con la detención en Caracas de los dueños de esa arma.

Los sopranos

Debió ser mayúsculo el susto de Boris y Rainier Piñero cuando una comisión de la División contra Atracos tocó a la puerta de su vivienda en Macaracuay. Tan aterrados estaban que  no tardaron en quebrarse y cantar cual sopranos.

Los Piñero eran pilotos comerciales y la experiencia como tales los llevó a jugar papeles clave en la ejecución del asalto. Boris fue uno de los que tomó la torre de control y Rainier acompañó al líder del grupo en la macabra tarea de apoderarse del botín. Su padre, también llamado Boris y como ellos piloto de profesión, fue detenido una semana después por presunto tráfico de armas.

En los interrogatorios revelaron los detalles del robo y la identidad de cada uno de los implicados, la policía procesó la información discretamente calmando la voracidad de la prensa con declaraciones vagas.

El 15 de diciembre se allanó en Guayana un apartamento propiedad de Roberto Arreaza, hijo del ex presidente de Venalum, Roberto Arreaza Constanti. La vivienda había servido de escondite a los Piñero luego del robo. Al momento del registro, el joven Arreaza se encontraba en Miami.

Con la información aportada por los hermanos se inspeccionaron casas en diversos lugares del país, se recuperó parte de la inmensa suma robada y se practicaron algunas otras detenciones.

Atracos millonarios en Venezuela

Habla Mauro Yánez Pasarella

El 17 de diciembre de 1992 la prensa tenía una cita con las autoridades para conocer los pormenores del sensacional caso. Un día antes Mauro Yánez Pasarella, director de la PTJ, dejó colar que varios miembros de la banda salieron del país con destino a Denver en los Estados Unidos, llevándose buena parte del botín.

Con la sala repleta de ávidos reporteros, los funcionarios presididos por el siempre adusto Luis Piñerúa Ordaz, expusieron los resultados de las investigaciones. Al ministro del Interior le acompañaban, José Mendoza Angulo, ministro de Justicia, el precitado Mauro Yánez Pasarella y Orlando Jordán Petit, sub director de la policía científica.

El primer dato revelado fue que el robo se planificó con año y medio de antelación y sus autores conformaban una organización criminal fuera de lo común, con individuos sobrios, disciplinados y alejados de las díscolas costumbres del hampa común: No bebían alcohol, no consumían drogas, no frecuentaban fiestas ni eran dados al derroche exhibicionista.

Días antes de la operación se agazaparon en la zona a la espera del momento previsto, e impávidos ante la detención de sus cómplices en el «Laja Real» y la visita del Presidente, decidieron seguir adelante.

La mañana del robo, el jefe, cual director de teatro marcaba la entrada en escena de cada uno de los maleantes, que de forma sincronizada iban ocupando el lugar que les asignaba el libreto.

A las 12:30, Juan José Avendaño y un sujeto apodado el Wilson se acercaron al hangar de Ferrominera Orinoco, a bordo de un Century vinotinto, robado en Barcelona 8 días antes. Juan José quién se haría célebre como « El capitán Avendaño» hizo estallar la granada que sirvió de cebo para desviar la atención de la seguridad aeroportuaria.

Mientras los primeros huían, Boris Piñero y Carlos José Flores, ataviados con prendas militares ingresaban sin problemas a la torre de control en la que armados apenas con un revolver redujeron a José Quiroz y a Miguel Ángel Urbina. Piñero tomó el control de las comunicaciones para impedir que la avioneta de Transvalcar levantara vuelo.

Abajo su hermano Rainier acompañaba al cabecilla quien impartía órdenes por radio; ambos esperaban en una camioneta Pick-up de color rojo, hurtada en Puerto la Cruz una semana atrás.

Entre las breñas que bordeaban la pista se ocultaban Luis Enrique Martínez Ojeda, Heberto Elías Gamboa, Abraham Antonio Mendoza y Abel Antonio Rodríguez; los dos últimos portadores de un fusil AR15 y una sub ametralladora HK respectivamente. La muerte cabalgaba en dos Enduro Kawasaki solicitadas por la comisaría de la PTJ de El Llanito, en Petare.

Cuando se les dio la señal los motorizados salieron al encuentro de la avioneta vomitando fuego; culminada la masacre, Rainier Piñero y el jefe del grupo ingresaron a la aeronave donde con absoluta frialdad propinaron los tiros de gracia al piloto y al copiloto; entretanto Boris y Carlos abandonaban la torre de control a bordo de una Pick-up gris y negra solicitada por la seccional de Caña de Azúcar desde principios de noviembre.

Finalmente todos se reunieron en ambas camionetas y abriéndose paso entre la espesa vegetación llegaron hasta el sector de Cambalache para ingresar a la carretera vieja de Matanzas, desde allí tomaron la ruta que los llevaría hasta «Metalúrgica Badazzo» donde aparcaban los vehículos que les permitirían escapar de la zona inmediata a la escena del crimen.

Pero uno de ellos no logró salir; Boris Piñero permaneció en Puerto Ordaz hasta que Rainier fue en su búsqueda, se refugiaron en casa de Roberto Arreaza de donde salieron cuando lo estimaron prudente, antes de regresar a su hogar pernoctaron en un hotel de Caraballeda, La Guaira, sin imaginar que eran seguidos por los sabuesos de la Judicial.

Las investigaciones dirigidas por los comisarios Pablo Simoza y Alberto Morales permitieron resolver el caso policialmente. Para la fecha de esta rueda de prensa estaban detenidos, además de los pilotos, la joven Blanca Yensi Pérez de López, amiga de Juan José Avendaño, a quien se le incautó parte del dinero y Eberto Elías Gamboa, padre de Heberto Elías Gamboa autor material del robo. Esta persona fue quien facilitó los vehículos usados en la operación por lo que recibió un pago de 100.000 bolívares.

Se decomisaron cinco autos, dos motos, un fusil, dos bombas lacrimógenas y una granada fragmentaria; de los 86 millones apenas se recuperaron 619 mil bolívares. Roberto Arreaza Constanti, ex presidente de VENALUM prometió poner a su hijo en manos de las autoridades.

El resto de los delincuentes seguía en fuga y junto a ellos Oswaldo Martínez Ojeda, líder y cerebro de la operación que la prensa calificó como la más espectacular y dramática ocurrida jamás en Venezuela; un sujeto al que la policía solía llamar…

«El genio del mal»

Conocido también como «El mexicano» y «El hombre de las mil caras», Martínez Ojeda atesoró la cifra record de 11 millardos de bolívares en más de mil atracos a lo largo de su vida.

Su rostro resultaba tan común como lo de esos tipos que te topas en la esquina discutiendo de béisbol; pero por muy vulgar que pudiera parecer, algo en su mirada te hacía temer por tu vida.

Cuando moría la década del 60, Oswaldo como tantos otros jóvenes, militaba en las filas de una izquierda que se debatía entre seguir la lucha armada o regresar a la legalidad; primo de los que más tarde serían los famosos guerrilleros Hugo y Baltasar Ojeda Negretti, todo hacía pensar entonces que consagraría su vida a aquella causa; sin embargo, el idealismo se esfumó pronto dejando en el avispado muchacho la formación básica necesaria para incursionar con éxito en el mundo de la delincuencia organizada.

Como todo el que empieza, pagó con pequeñas estadías en la cárcel las infaltables novatadas. El 11 de octubre de 1971 fue detenido por la PTJ cuando intentaba robar un vehículo con una pistola de juguete. En esa oportunidad sólo pasó algunos días en la División de Capturas, porque un juez consideró como atenuante el que no tuviera antecedentes policiales.

Sería detenido en otras cinco ocasiones acusado de robo genérico, posesión de drogas y hurto de vehículos, sumando tres años en prisión que le bastaron para tomar la resolución de no ser otro de los tantos rateros que malgastan sus vidas entrando y saliendo de la cárcel, hasta que un chuzo, una bala o una sobredosis los saca del triste círculo vicioso. Así pues, Oswaldo buscó amistad entre los reclusos más curtidos procurando aprender de éstos los más variados trucos.

Oswaldo Martínez Ojeda asaltabancos

Al recobrar la libertad en 1974, decidió salir del país para seguir su peculiar programa de aprendizaje; pasó 4 años entre Londres, París, Madrid y Roma aprendiendo a hablar con fluidez inglés, francés e italiano. Se formó además en el oficio de la gemología interesado como estaba en dominar la identificación y el avalúo de las piedras preciosas. En 1978 regresó por poco tiempo a Venezuela y con el dinero que obtuvo por su participación en varios robos, regresó a Europa para viajar luego a Afganistán, país en el que se unió a los grupos financiados por la CIA para luchar contra el dominio soviético.

En los cinco años que estuvo con esta gente se entrenó en técnicas de supervivencia, manejo de aeronaves, submarinismo y guerra de guerrillas, dando así por culminado el programa de instrucción que comenzara una década atrás.

En 1983 regresó a Venezuela con el firme propósito de sacar el máximo provecho de su    Máster en Delincuencia. Dos años después ya era el Atila de los bancos y su nombre ocupaba lugar destacado en la lista de los más buscados. El 14 de enero de 1986 fue detenido en pleno robo y enviado al Internado Judicial de Carabobo en Tocuyito, lugar en el que empezaría a forjar su leyenda. Con lo aprendido de los afganos reunió a lo más granado de la población penal para ejecutar un plan de fuga; tres meses más tarde, túnel de por medio, estaba en la calle.

Acusando el golpe la policía se aprestó a recapturarlo; el 8 de diciembre Martínez Ojeda caía nuevamente; esta vez lo destinaron a la Cárcel de Los Teques, sitio que albergó sus huesos hasta agosto de 1987, mes en el que concretó otra espectacular fuga masiva. Noventa días más tarde, el comisario Iván Simonovis, quien paseaba con su pequeña hija, lo sorprendió merodeando la joyería de un centro comercial caraqueño; esta vez terminó en el Internado Judicial de La Planta pero a los pocos días su calabozo estaba vacío.

Por cinco años no se supo más de Oswaldo hasta que estampó su fúnebre rúbrica en la humanidad de 4 hombres en Guayana.

Decisiones

El 23 de diciembre de 1992 la jueza Servanda Páez de Sanoja, titular del Tribunal Tercero de Primera Instancia en lo Penal de Caroní, ordenaba que los implicados en el sangriento robo purgaran condena en la Cárcel Nacional de Ciudad Bolívar.

El sujeto – no capturado – a quien se mencionaba en el expediente con el apelativo de «El Wilson», quedó con averiguación penal abierta. Blanca Yensi Pérez y Eberto Elías Gamboa (padre) fueron imputados por aprovechamiento de cosas provenientes del delito, Roberto Arreaza debía seguir siendo investigado, en tanto que Boris Piñero (padre) recobró su libertad al no comprobársele vinculación alguna con los hechos.

El mismo día que la doctora Servanda Páez anunciaba sus fallos, la DISIP daba el alto a dos sujetos que se desplazaban por El Pao, Cojedes en actitud sospechosa; éstos viéndose sorprendidos atacaron a tiros a la comisión dando muerte a uno de sus efectivos e hiriendo a otro de gravedad. Los atacantes resultaron ser Juan José Avendaño y su hermano José Gregorio, quien cayó fulminado por las balas. Juan José (a) El Capitán Avendaño logró darse a la fuga. Mientras eso ocurría, la policía abatía en Tinaquillo a José Gregorio Niccola Valdivian el delincuente que asesinó a Ramón Adolfo Serrano, funcionario de la DIM, a las puertas del hotel Laja Real en Ciudad Bolívar un mes antes.

La leyenda del Capitán Avendaño

Juan José Avendaño estuvo entre los zagaletones que se mofaban del distinguido Argenis Ledezma, por los cuernos que éste soportaba de «La Chena». El mismo Ledezma recordó en una ocasión que cuando estuvo a punto de fundar con otros policías un escuadrón de la muerte; lo tenía en una lista de siete malandrines del barrio San Pablito que debían ser asesinados, pero que a última hora el taimado muchacho se les escapó.

Comenzaban los ochenta; la deserción escolar, la pérdida de valores y la más atroz miseria se convertían en caldo de cultivo para una nueva generación de delincuentes.

Bastó una década para que Juan José se graduara con honores en la escuela del delito. En 1991 ya pagaba condena por robo en la cárcel de Ciudad Bolívar, penal del que se fugó presentando en las puertas una boleta de excarcelación falsa. El 23 de enero de 1992 asesinó en Carapita al agente de la DISIP, Henry Alcalá y por la misma época entraba en contacto con los hermanos Martínez Ojeda quienes le encomendarían una tarea clave en el asalto a la avioneta de Transvalcar.

Al no ser de los cabecillas del grupo tuvo que permanecer en el país luego del robo y casi cae en el estado Cojedes cuando la DISIP investigaba un atraco contra la agencia del Banco del Caribe ubicada en Tinaquillo.

El 12 de enero de 1993 Anhelo Espinoza, vice-cónsul de Estados Unidos en Venezuela, informó a nuestras autoridades que Juan José Avendaño se escondía en Miami, ciudad desde la que supuestamente contactó a la abogada zuliana Omaira Roa en procura de asesoría legal. El dato fue procesado y a la postre resultó falso. Tres meses más tarde la opinión pública nacional tendría noticias del susodicho.

El 13 de abril, efectivos de la Guardia Nacional salieron en persecución de una pareja que minutos antes robara la mueblería «Florencia», ubicada en el kilómetro 35 de la carretera Panamericana. Según la denuncia los hampones huían en una camioneta blanca, modelo Bronco. Una vez atrapados, presentaron cédulas a nombre de Antonio Angeluchi Hernández y Dimas Gregorio Hernández pero cuando la PTJ hizo la prueba de dactiloscopia detectó que el llamado Antonio, era en realidad el tristemente célebre Capitán Avendaño quien con la celeridad del caso fue enviado a la Cárcel Nacional de Ciudad Bolívar, donde debía cumplir condena por robo agravado y porte ilícito de armas de guerra.

Sin embargo, no terminaría aquel año sin que el gobierno resultara nuevamente burlado. A las once de la mañana del jueves 21 de octubre de 1993, un grupo comando fuertemente armado ejecutó un plan de rescate a las puertas del recinto penitenciario.

Aprovechando que a esa hora salía un vehículo rumbo al Palacio de Justicia, desde afuera lanzaron una granada y en medio de la conmoción, 4 internos se abrieron paso a plomo limpio, dejando en el camino al cabo segundo Carlos Garcés. Al ganar la calle, los fugados abordaron una camioneta Chevrolet modelo Blazer que horas más tarde se encontró calcinada en San José del Bongo.

Libre nuevamente, el «Capitán» pagó seis mil bolívares a un funcionario de la Dirección de Identificación y Extranjería, por un pasaporte que le permitió emprender vuelo a Centroamérica.

Juan José Avendaño alias el Capitán Avendaño

Arepas en Costa Rica

Cada mañana un hombre alto, delgado y con aire de mundo atravesaba las calles de San José de Costa Rica hasta llegar a las puertas de un restaurante especializado en comida venezolana.

Ante los clientes que visitaban el local parecía un simple gerente, ocupado en brindar buena atención. Entre los que frecuentaban aquella embajada gastronómica y disfrutaban de su plato bandera: la arepa, estaban el ex presidente Jaime Lusinchi y su esposa Blanca Ibáñez, quienes como el resto de comensales pasaban a saludar al afable dueño del local, sin imaginar que charlaban con el criminal más buscado de Venezuela.

Oswaldo y Luis Enrique Martínez Ojeda llegaron a Costa Rica en mayo de 1993 con visas de turismo. Con ellos pisaron suelo tica su hermana Ivonne y su cuñado Abel Antonio Rodríguez, otro de los implicados en el robo a Transvalcar. El dinero mal habido lo usaron para engrasar algunas manos y montar la fachada legal que les permitiera anclar allí sin preocupaciones.

Al poco tiempo de llegar, Ivonne Martínez Ojeda se matriculó en la Escuela de Derecho de la Universidad de San José. El objetivo era lograr un acercamiento con agentes de la policía judicial que cursaban estudios en esa carrera y así obtener datos de primera mano que les sirvieran para montar un nuevo centro de operaciones. Logrado ese cometido Ivonne dejó de asistir a clases. Por la misma época un viejo amigo se reencontraba con los Martínez Ojeda: El capitán Avendaño.

Muy pronto el apacible país centroamericano sufrió una inusual ola de violencia que incluyó robos, secuestros, asesinatos, tráfico de armas y hurto de vehículos. Encendidas las alarmas, la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) abrió una investigación. El trabajo dio frutos; pasado un tiempo se supo de la existencia de una banda liderada por sudamericanos que había logrado corromper a funcionarios del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), implicándolos en la planificación y ejecución de actos delictivos. En 7 asaltos, el grupo se apoderó de 185 millones de colones (1 millón 200 mil dólares), cobrando tres vidas humanas. Llamaba la atención el conocimiento puntual de cada calle de San José; lo que les permitía huir limpiamente de las escenas del crimen.

Sin embargo, para finales de mayo de 1994, el lazo se cerraba en torno a los criminales. A las 4:30 de la mañana del sábado 28, tres venezolanos que se desplazaban en auto por las inmediaciones de la Plaza Mayor, al oeste de San José, eran detenidos por agentes de la DIS. A esa misma hora y a un kilometro de allí la «Unidad Especial de Intervención», allanaba la vivienda que les servía de guarida, encontrando en la misma a Ivonne Martínez Ojeda con su pequeña hija, quien para despistar declaró que estaba secuestrada.

En la casa se halló un arsenal de armas, modernos equipos de comunicación y 30 millones de colones. Los detenidos se identificaron como Joaquín José Ortega, Juan González y Richard Pérez; pero cuando la policía costarricense envió a Venezuela las pruebas decadactilares estalló la bomba; los tres sujetos eran en realidad Juan José Avendaño, Abel Antonio Rodríguez y Luis Enrique Martínez Ojeda, implicados en el robo a Transvalcar.

Justo un día antes del operativo, Oswaldo Martínez Ojeda abordaba el vuelo 380 de Mexicana de Aviación, con un pasaporte a nombre de Julio César Chacón Prato.  El genio del mal se burlaba una vez más de las autoridades haciendo honor a su apodo.

Las andanzas de un Capitán apócrifo

Al mismo tiempo que la banda operaba en Costa Rica, la prensa venezolana se empeñaba en perseguir fantasmas. Desde la espectacular fuga del «Capitán», cada robo a banco o a blindado le era inmediatamente endilgado forjando una leyenda. Así nos acostumbramos a ver su fotografía ilustrando titulares del siguiente tenor: «Reaparece el Capitán Avendaño» o «El Capitán Avendaño pasó por Maracay». El ubicuo personaje un día robaba un banco en Barinas y al otro tomaba por asalto un poblado a orillas del Caroní para llevarse 20 millones de una empresa de transporte de valores.

Esta circunstancia fue aprovechada por José Rafael Mujica, excomisario general de la DISIP para llevar a cabo actividades delictivas de tal modo que le fueran imputadas al ya famoso Avendaño.

Mujica fue guerrillero en los años 70 pero pasó a la nómina de delatores de la DISIP apenas cayó preso, para luego hacer carrera como funcionario. En su desempeño como tal ostentó siempre una conducta indeseable y reñida con la ética hasta que fue expulsado del organismo por su director, el general Heinz Azpurua.

Nuevamente de civil se convirtió en el azote de los camiones blindados, haciéndose pasar por el Capitán Avendaño, con lo que infló un mito que crecería aún más cuando al regreso de éste al país, algunos periodistas despistados lo citaran como el jefe de la banda que en 1992 asaltó la avioneta de Transvalcar.

Deportación y conflicto de poderes

El 2 de junio de 1994, el comisario Alberto Morales viajó a Costa Rica con la tarea de recabar información y colaborar en los interrogatorios. En un primer momento se señaló que los detenidos serían juzgados allá pues no existía convenio de extradición entre ambas naciones; pese a eso, Venezuela pidió la entrega de los criminales por lo que el caso comenzó a ser evaluado por la Corte Suprema de Justicia costarricense; institución que se vio escarnecida cuando el día 7 el presidente de la república, José María Figueres decidió unilateralmente la deportación.

La flagrante violación a la autonomía de poderes provocó una seria crisis institucional; escenario que sirvió posteriormente para que los delincuentes intentarán una acción digna de la más delirante ópera bufa: demandar al jefe de estado tico por «expulsión ilegal», dándose además el tupé de exigir que les fueran devueltas las armas y el dinero incautados.

A las 8:35 de la noche del martes 7 de junio, un camión de la Brigada de Acciones Especiales (BAE) estacionaba en la sede central de la PTJ. Al abrirse las puertas, el estallido de los flashes cegó a los que descendían en medio de un tupido bosque de funcionarios policiales. El primero en bajar fue Abel Antonio Rodríguez, seguido de un malhumorado Luis Enrique Martínez Ojeda; a continuación asomó el más esperado: Juan José (a) Capitán Avendaño, quien no dejaba de gritar histérico « ¡Soy inocente!».

Ivonne Martínez Ojeda fue la última que bajó llevando en brazos a su bebe de siete meses.

En los días siguientes estarían en la División contra Robos hasta que se precisara el sitio definitivo de reclusión, pues aunque la doctora Servanda Páez había ordenado que éste fuera la Cárcel Nacional de Ciudad Bolívar, ahora no parecía ser el lugar más seguro.

Finalmente, el sábado 11 de junio, los detenidos fueron trasladados a una celda de máxima seguridad en las Colonias Móviles de El Dorado. Mientras tanto en Costa Rica, su presidente debía responder ante la Corte Suprema por qué deportó a los venezolanos, pasando por alto las normas institucionales.

El mexicano

Cuando llegó a suelo azteca, Oswaldo Martínez Ojeda cambió de ramo e identidad. Ahora se llamaba Alejandro Martínez Von Karesten y regentaba una joyería; pero como imaginarán nuestros lectores, aquel negocio no era sino el tapadero de su verdadera actividad: el delito. Así que mientras sus compañeros mataban las horas en una calurosa celda de la legendaria «Casa Amarilla» en El Dorado, Martínez aparecía ante los decentes habitantes de Guadalajara como un recto empresario de singular encanto.

Su rostro también había cambiado, la piel era más clara y la nariz lucía perfilada; el cabello aún más liso se espigaba sobre la frente y la boca otrora de labios carnosos, era ahora una línea delgada en el mentón.

Sin embargo aquella fachada solo aguantó siete meses. El 3 de enero de 1995, Martínez Ojeda fue detenido cuando se batía a tiros con el narcotraficante Jesús Cerda en el curso de una disputa por el cobro de una deuda de drogas. Cuando se le investigó salió a relucir su verdadero nombre y el caso paso a Interpol pues el hombre tenía cuentas pendientes con las autoridades costarricenses y venezolanas.

Nuestro canciller, Miguel Ángel Burelli Rivas, pidió al gobierno mexicano considerar la deportación tomando en cuenta los graves delitos por los que se le requería en Venezuela y el peligro que existía de que se le dejara en libertad, pues allá solo enfrentaba un cargo por posesión ilegitima de arma de fuego. México decidió cooperar e inició las diligencias de la extradición que a marcha forzada completó en cinco meses.

A las 3:35 de la tarde del miércoles 10 de mayo, la avioneta Líder Jet 0013 se posaba en la pista del Aeropuerto de La Carlota procedente del país norteño. Los reporteros formaban una turba que amenazaba con quebrar los anillos de seguridad formados por efectivos de la DISIP y la Brigada de Acciones Especiales de la PTJ. Al abrirse la compuerta emergió el semblante rubicundo del comisario Jorge Hernández Guzmán quien custodiaba al que ahora corría con el remoquete de « El mexicano». Apenas bajarse, una nube de micrófonos tapó el rostro del famoso delincuente que sin inmutarse enfrentó la lluvia de preguntas. Como Pedro negó al Señor, Oswaldo negó ser parte del grupo que asaltó la avioneta de Transvalcar; «En esa época – Afirmó- ya vivía yo en Costa Rica y convalecía de una fractura». Aseguró que el único vínculo que lo unía al Capitán Avendaño era el hecho de que en una lejana oportunidad, aquél había estado saliendo con una de sus hermanas. Acto seguido se lamentó de que por culpa de haber sido de mala cabeza en la juventud, tuviera que cargar ahora con esa mala fama.

En resumen, un ángel de Dios declaraba a la prensa. Sin embargo no supo responder porqué llegó a Costa Rica con pasaporte falso, porqué huyó de ese país y porqué se enfrentó a balazo limpio con un narcotraficante en México. Los jefes policiales aclararon que Martínez Ojeda era en realidad el cerebro de la tenebrosa pandilla de atracadores y que muy pronto sería llevado a El Dorado.

Oswaldo Martínez Ojeda detenido en México

Un reto dorado

Dos días después el genio del mal recalaba en una oscura celda de las Colonias Móviles del Sur. Al llegar tuvo un altercado con el Capitán Avendaño a quien responsabilizó de la caída del grupo en Costa Rica, debido a una indiscreción.

Más tarde ya calmado se puso a cavilar sobre la manera de salir de aquel lugar. Sabía que no sería fácil pues estaba en una fortaleza inexpugnable construida ex profeso en medio de la selva agreste. El que cruzara con éxito sus paredes se encontraría después con una prisión vegetal, plagada de toda clase de bichos, que parecía atenazar con grilletes invisibles al que intentara alcanzar la libertad. Martínez Ojeda que aprendió con los años a tomarse las cosas con calma, respiró profundo sabiendo que algún día tendría que desafiar esa selva. Llegado el momento apelaría a toda su sapiencia.

Un mes después de la detención del líder, la División contra Atracos capturaba en una vivienda del barrio Las Ánimas en Palo Negro, a Abraham Mendoza García, que como recordarán, tripuló una de las motocicletas con las que interceptaron la avioneta de Transvalcar. «El demonio de Tasmania», como se le conocía en el ambiente delictivo tenía en su poder doce carnés falsos, en uno aparecía como funcionario de la PTJ, bajo el nombre de José Alexis Velásquez. El malhechor fue puesto a la orden del Tribunal Tercero de Primera Instancia en lo Penal de Caroní.

El gran escape

Transcurridos tres años y cuando la policía pensaba que la pandilla de Martínez Ojeda había dejado de ser un quebradero de cabeza; una carta sucia y rugosa llegó a las manos de Orlando Jordán Petit, director de la Policía Técnica Judicial; quien intrigado por el insólito aspecto de la misiva se dispuso a leer. El remitente era nada más y nada menos que el célebre forajido quien avisaba que muy pronto sería hombre libre.

Indignado ante aquella audacia, el comisario ordenó endurecer los dispositivos de seguridad, los vigilantes del penal duplicaron sus rondas, convirtiéndose en sombras del grupo, cuyo líder les obsequiaba miradas socarronas. Todo aquel esfuerzo demostró ser inútil porque el 25 de noviembre de 1998, justo el día en que se cumplían seis años del asalto a Transvalcar, la celda del malévolo genio amaneció vacía.

En una de las paredes, dejó un mensaje burlón que escribió toscamente con un trozo de carbón: «Chao, pronto tendrán noticias de mi»

Con Oswaldo se fugaron: su hermano Luis Enrique, un reo procedente de la isla de Margarita llamado Luis Sánchez y Abel Rodríguez. Al capitán Avendaño lo dejaron en castigo por la indiscreción cometida en Costa Rica y porque ya lo consideraban un «sapo», condición con la que los hampones no son muy benévolos.

En los siguientes seis días 300 efectivos de la Guardia Nacional, con apoyo de la Brigada de Acciones Especiales peinaron cada centímetro cuadrado de la selva en busca de los evadidos. Iván Simonovis, jefe de la BAE y viejo enemigo de Martínez Ojeda coordinaba el operativo.

La madrugada del primero de diciembre Abel y Luis Enrique cayeron abatidos y Sánchez fue recapturado. Oswaldo sumando una nueva hazaña a su historial, se esfumó mimetizado en el follaje. Por un tiempo largo nadie supo cuál había sido su destino, hasta que mediando 1.999 su rostro fue reconocido en las fotografías que los detectives de la PTJ mostraron a los testigos de varios robos cometidos en la región oriental. Aparecía en escena…

La Megabanda

El tiempo que pasó tras las rejas, Martínez Ojeda lo invirtió en dos cosas; preparar su fuga y afinar los detalles de un nuevo y ambicioso proyecto delictivo: la creación del más formidable grupo de atracadores que jamás hubiera tenido que enfrentar la policía.

De entre la gente conocida en su ya larga carrera, entrevistó y seleccionó a veteranos de confianza. Completada la tarea sólo restaba esperar a verse de nuevo en la calle.

Salvado con éxito el trance de la fuga, puso manos a la obra. Aunque ya no tenía al equipo original y su hermano y principal lugarteniente estaba muerto, a Oswaldo le esperaba una época floreciente.

Erigió un centro de inteligencia en una finca de Naricual; desde allí dirigió las acciones de un pequeño ejército conformado por 80 hombres, que a su vez se repartía en tres núcleos con presencia en Caracas, Valencia y Barcelona. La idea era golpear simultáneamente diferentes puntos de la región centro-oriental para dificultar el natural contraataque de los cuerpos policiales.

La Megabanda debutó en Ciudad Bolívar a las 3:45 de la madrugada del jueves 17 de junio de 1.999. A esa hora, cuando el equipo de guardia de la empresa «Blindados de Oriente» esperaba la llegada de uno de sus camiones; se presentó un sujeto portando el uniforme de la compañía y dio al vigilante Rafael Escobar, la clave para acceder al edificio; éste creyendo que traía la encomienda lo dejó entrar, viéndose de inmediato reducido.

El intruso dio puerta franca a sus cómplices y acto seguido sometieron al único que conocía la combinación de la bóveda, el auxiliar de operaciones Oscar Rondón. Concluida la operación eran dueños de 307 millones de bolívares. A los pocos días tres camiones blindados fueron emboscados simultáneamente en Barrancas, Temblador y Barcelona aportando al grupo 2 bonitos millardos.

En diciembre atacaron el Complejo Petroquímico José Antonio Anzoátegui en Barcelona de donde sustrajeron 280 millones que estaban destinados al pago de utilidades.

La madrugada del 16 de mayo de 2000, los dos únicos vigilantes que custodiaban el edificio La Francia fueron sorprendidos por hombres que habían logrado ocultarse dentro cuando se cerraron las operaciones al público. Con equipos de acetileno abrieron boquetes en cuatro de las joyerías que funcionaban en el inmueble (y que curiosamente no tenían sistemas de alarma) para llevarse una suma cercana a los mil millones de bolívares.

El 16 de agosto reaparecieron en el sector Las Garzas de Puerto la Cruz para cargar con 1.500 millones de un camión blindado de la empresa Transvalcar.

Un poco después, Oswaldo Martínez Ojeda fue avistado por funcionarios de la PTJ cuando repostaba gasolina en las cercanías de Valencia y al recibir la voz de alto, él y dos cómplices que viajaban en un segundo auto abrieron fuego; sus compinches fueron abatidos pero Martínez Ojeda, pese a estar herido en el abdomen logró darse a la fuga. En la escena dejo botada una cédula falsa cuya foto sirvió para confirmar que se había realizado una nueva cirugía plástica.

El 8 de septiembre, el peligroso delincuente y dos de sus sobrinos asesinaron alevosamente a dos inspectores de la PTJ que investigaban el robo de un vehículo en Calabozo, estado Guárico. El 25 de octubre la Megabanda recolectó 673 millones al atacar simultáneamente a dos camiones blindados en Caracas y tres días después Martínez Ojeda se encargó personalmente de golpear la sede principal de Valencia Entidad de Ahorro y Préstamo para embolsarse 1.200 millones.

Para entonces 80% de los integrantes originales de la Megabanda habían sido abatidos o apresados; sin embargo su capacidad operativa no había sufrido merma alguna como lo demostrarían muy pronto.

La Megabanda - Los Pokemones bandas criminales

Réquiem para un Capitán

Mientras su antiguo camarada vivía nuevas aventuras; el proscrito Juan José Avendaño, languidecía en una pequeña celda de dos metros de largo por uno de ancho, sin ningún contacto con el mundo exterior. En el sombrío y húmedo lugar, infestado de roedores, vio pasar seis años de su vida y en todo aquel tiempo no se le había convocado siquiera a la audiencia preliminar del juicio.

En vista de lo anterior y atemorizado porque constantemente era emboscado por compañeros celosos de su fama, el capitán introdujo ante el Circuito Judicial Penal del Estado Bolívar un escrito de retardo procesal que con el tiempo llegaría a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, institución que en agosto de 2001 declinó la competencia del caso en la Corte de Apelaciones del Estado Bolívar. Finalmente condenado a 20 años de prisión, Avendaño pidió medida de régimen abierto por considerar que de aquellos ya había pagado ocho; pero sus mermadas fuerzas no le permitieron esperar por la decisión de nuestros lentos tribunales.

El 20 de agosto de 2003 el famoso hampón yacía inánime y frío en el piso de la celda. El informe oficial atribuyó la muerte a un cuadro de dengue hemorrágico. Su deceso cerró otro capítulo de la crónica negra en Venezuela.

El canto del cisne

Habíamos dejado a la Megabanda enzarzada en mortal combate con las fuerzas del orden. En septiembre de 2000, la policía parecía llevar las de ganar porque entre las numerosas detenciones llevadas a efecto, estaba la del número 2 del grupo: Oswaldo Ojeda Negretti.

Sin embargo, pronto resurgiría con la furia de un león herido. A la medianoche del jueves 4 de enero de 2001 Eliécer Rojas, jefe de bóveda de la sede de Blindados de Oriente en Puerto Ordaz, recibió una llamada telefónica en la que se le avisaba que su esposa embarazada presentaba sangramiento. Solícito acudió a su lado pero al llegar a la vivienda supo que había caído en una trampa; tanto ella como su hija estaban en poder de antisociales. Al poco rato, el personal de guardia de la empresa se llevó una sorpresa al ver a Eliécer de regreso, con una pistola apuntándole a la cabeza.

Amenazado de muerte, conminó a los vigilantes a que abrieran las puertas; una vez dentro, 30 miembros de la Megabanda se encargaron de limpiar la bóveda principal y un camión blindado que aguardaba para salir a Caracas. 5 millardos de bolívares se sumaban a las arcas del grupo capitaneado por Martínez Ojeda. Este golpe, el más sensacional de los consumados por el genio del mal, sería su canto de cisne.

Caza un Pokemón y haz que delate

Tres meses más tarde, un camión blindado de la empresa Transvalcar que transitaba por la carretera Cantaura-El Tigre, tropezó con una alfombra de «miguelitos» que lo obligó a detenerse. Una lluvia de balas de alto calibre cayó sobre la unidad hiriendo mortalmente a dos de sus ocupantes. Acto seguido, varios sujetos protegidos por escudos de acero remataron la acción obligando al tercer custodio a abrir la parte trasera, para apropiarse de 900 millones de bolívares. Había actuado la pandilla de «Los pokemones», aliada de la Megabanda.

Aunque el golpe estaba bien planificado, la ejecución no resultó del todo limpia pues en la escena quedaron huellas que permitirían identificar a los autores y pistas que los vinculaban a Oswaldo Martínez Ojeda, concretamente papeles y facturas.

Detenidos el 20 de abril, cuatro días después del robo, «Los pokemones» fueron sometidos a intensos interrogatorios en los que terminaron aportando datos para la ubicación de los principales líderes de la Megabanda. El 5 de mayo de 2001, la PTJ le daría a Martínez Ojeda un amargo regalo de cumpleaños; ese día Andy y Danny, sus sobrinos predilectos, fueron abatidos en Maracay junto a su primo Luis José Ojeda cuando los detectives seguían las pistas aportadas por sus socios. Horas más tarde las comisiones ubicaron en Las Delicias de Maracay la concha donde se escondía el hombre más buscado, pero como sucedía invariablemente éste se había esfumado.

Recompensa: 20 millones

Dolido por la muerte de sus familiares, Martínez Ojeda dio un paso que ahondó la inquina sentida contra él, por los policías de todo el país. En otro arranque de audacia llamó al comisario Sixto Peña, jefe de la División contra Robos para advertirle que en los días siguientes sus hombres volarían con explosivos la sede de la PTJ en la avenida Urdaneta.

Tal vez fue esto lo que motivó a Eliécer Otaiza, director de la DISIP, a ofrecer una recompensa de 20 millones de bolívares a la persona que diera datos ciertos sobre su paradero; pero estímulo o no de por medio el peligroso delincuente por fin cayó.

A mediodía del jueves 21 de junio, efectivos de la Guardia Nacional, al mando del teniente coronel José Oberto Colmenares, le detuvieron frente al terminal de pasajeros de Araure en el estado Portuguesa. A su lado, en un automóvil, estaban su concubina y sus dos hijos. Un nuevo cambio se había operado en el rostro de Martínez Ojeda, quien además lucía un color de cabello más claro. Fuentes de la DISIP indicaron que se encontraba en aquella región preparando otro golpe multimillonario contra la empresa Transvalcar; según el dato, el delincuente esperaba apropiarse de una remesa de 5 millardos de bolívares que llegaría por el aeropuerto de Acarigua.

Nuevamente prisionero, Oswaldo Martínez Ojeda terminaría recibiendo en julio de 2005 una sentencia insólita: Seis años, 22 días y 12 horas de prisión.

Para más inri, el 4 de junio de 2008 un tribunal le conmutó el resto de la pena a cumplir en confinamiento; otorgándole boleta de pre-libertad; con lo que el genio del mal estaba de nuevo en circulación.

El capitán Avendaño - Oswaldo Martínez Ojeda

Muerte en Guacara

Al salir de prisión Oswaldo Martínez Ojeda debía presentarse ante la primera autoridad del municipio en el cual fijara residencia; pero lejos de cumplir con el mandato desapareció de escena y volvió a las andadas, solo que en lugar de robar bancos prefirió dedicarse a los secuestros.

Con un nuevo equipo se ubicó en el centro del país. La noche del domingo 24 de enero de 2010, ejecutó la que llegaría a ser su última operación: el rapto de un joven comerciante en Los Tulipanes de San Diego, Valencia y su traslado a una finca desierta en Tronconero, municipio Guacara. Allí pensaba retenerlo hasta concretar con sus familiares el cobro de un jugoso rescate. Poco tiempo había pasado la víctima con sus custodios en un viejo caserón, cuando se le presentó la oportunidad de escapar; consciente del riesgo que entrañaba aquello, aprovechó un descuido de los maleantes para emprender la huída que afortunadamente resultó exitosa.

Grabó en su mente las características del sitio donde estuvo cautivo y dio los detalles del mismo a la Policía Municipal de Guacara. Una comisión mixta, integrada por agentes de Poliguacara y el CICPC emprendió la búsqueda en la zona agrícola en base a las señas dadas por el denunciante: una casa blanca sobre la loma de una finca abandonada. A las 11:45 de la mañana del miércoles 27 de enero dieron con la concha, pero al intentar acercarse fueron recibidos con potentes ráfagas de ametralladoras. Sin amedrentarse, los uniformados lograron controlar la situación y reducir a los delincuentes; 4 en total que se hallaban en la vivienda.

Un poco después, sin saber lo que había ocurrido, otros tres miembros de la banda ingresaron a la finca a bordo de una camioneta Cherokee; al percatarse de la presencia policial dos de ellos bajaron del auto disparando para cubrir la huída del tercero, que no era otro que Martínez Ojeda. Tras una persecución de dos kilómetros, el legendario delincuente fue acorralado en el sector de Quebrada Honda. En medio de la feroz balacera un trozo de metal impactó su corazón, sintió que un frío glacial se apoderaba de su cuerpo mientras la vida se le escapaba por el pecho. Oyó como un eco lejano las voces atropelladas de los extraños que vinieron a sostener su agonía. Con los ojos entrecerrados fijó el paisaje borroso buscando con ansiedad el sol de mediodía, en un esfuerzo vano por aplacar la oscuridad que lo cercaba. Con débiles movimientos su vida se fue apagando.

Minutos más tarde su cadáver yacía en la camilla de un Centro de Diagnóstico Integral. Terminaban de ese modo las aventuras del más inteligente y peligroso bandido de la historia criminal venezolana.

 Publicado el 4 de marzo de 2018

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Prensa consultada

El Diario de Caracas, El Globo, Últimas Noticias, 2001, El Nacional, El Universal, El Mundo y El Nuevo País entre noviembre de  1992 y enero de 2010


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104 comentarios en “Transvalcar y la Megabanda

    • Buenos días José, gracias por tu amable comentario. Sobre el error en el párrafo que mencionas, no hay tal; lo que decimos allí es que durante la jornada del golpe de estado del 27 de noviembre de 1992, en el que aviones sobrevolaron Caracas, las personas con más edad recordaban los sucesos del 1 de enero de 1958 en el que la aviación, acantonada en Maracay, se alzó contra el gobierno de Marcos pérez Jiménez. “En la calle no se hablaba de otro tema que no fuera el alzamiento; los más viejos recordaban la mañana del 1 de enero de 1958 cuando militares de la Guarnición de Maracay sobrevolaron Caracas en un fallido intento de acabar con el perezjimenismo.” Saludos y un abrazo.

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    • No soy dado a este tipo de lecturas, ademas tenia años que no leia nada por natural aburrimiento pero esta historia la lei, aun presionado por mi actividad. Hoy abandone mi actividad cotidiana de las horas tempranas de la mañana y quede sumido en esta lectura tan bien narrada. Felicitaciones y me goce bastante. Eres una pluma maravillosa. Mis mas sinceras felicitaciones.

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  1. Tremendo reportaje, felicitaciones a ambos por el relato, al menos sabemos que cayeron uno a uno en su ley porque el brazo de la justicia fue corto; toda una serie de estudios para terminar siendo uno de los delincuentes más temibles de Venezuela, unos se preparan para hacer el bien; otros, como Martínez Ojeda, para ser uno de los más crueles de la crónica roja del país; ¡gracias por llevarnos a esa época!

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  2. Buenas, ya extrañaba leer las historias. No sabia de este caso, me interesó bastante.

    ¿Podrian publicar la historia del secuestro y asesinato de la familia Varela Sangronis? Fue muy sonado en los 80, y salió en Archivo Criminal en RCTV pero no he encontrado mas informacion al respecto.

    Gracias. Sigan colocando historias.

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  3. Acabo de conocer su blog y estoy realmente encantado, los detalles y como escriben es simplemente genial, espero pronto terminar de leer todas las crónicas y esperar ansioso por más, Felicitaciones desde Finlandia por tan excelente labor.

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  4. Excelente relato. Estaba bastante jóven para cuando ocurrieron éstos hechos y me acuerdo de ello y la conmoción que causaron en ese momento en el país.

    Lo que no recordaba era como fue el final de Martinez Ojeda y siempre pensé que el cabecilla de todo era el Capitán Avendaño.

    Gracias por excelente reportaje, como todos los demás que uno encuentra acá.

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  5. Felicidades por tan excelente trabajo, como todos los de su blog. Gracias por conservar la memoria historica de nuestro país. Podrían próximamente escribir algo sobre uno de los crimenes infames más recientes, el secuestro de los hermanos Faddoul? Gracias!

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  6. Una sola palabra:E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R!!!
    Yo de pequeña (y empezando la adolescencia) escuché muchísimo sobre la Megabanda, pero no conocía ni los detalles, ni su historia ni a sus cabecillas.
    Gracias por aminorar nuevamente mi ignorancia.
    Saludos desde Puerto La Cruz.

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  7. Gracias por volver, tremendo articulo y redaccion como siempre.

    PD: Aunque se que la pagina se dedica a crimenes del siglo xx, seria interesante leer su redaccion sobre el caso del secuestro y posterior asesinato del empresario italo-venezolano Fillipo Sindoni, que, si no me equivoco (y corrijanme si es asi) aun no se encuentra en la pagina.

    Un saludo cordial

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    • Saludos Francisco,
      Gracias por tu comentario, en efecto regresamos el presente año, con una publicación mensual. Fue duro el regreso pero pudimos lograrlo, gracias a todos ustedes nuestros lectores que siempre estuvieron muy presentes y alentándonos a sortear las dificultades por las cuales atravesamos durante esos largos años.
      Esperamos que disfrutes los otros casos nuevos, La Picamaridos, El Monstruo de los Llanos que ya fueron publicados y por supuesto los que vendrán.
      Gracias por la sugerencia del caso Sindoni, está en pauta de investigación. Un abrazo

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  8. Interesante esta crónica. Yo por casualidad en esa época estaba trabajando contratado en Pto Ordaz y la noticia del asalto en el aeropuerto me dejó consternado pensando en que cantidad de atracos millonarios había en Venezuela todo el tiempo. Al final parece ser que todos eran organizados por este hombre. La duda que me queda es que este hombre no pudo haber gastado tanto dinero. O los numeros no fueron exactos o tuvo socios que tambien le robaron.

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  9. Por cierto habia una banda de Caracas que le llamaban los Chupasangres y luego de muchos atracos y muertos se habían enconchado en San Mateo, Aragua. Una comisión de la PTJ fue por ellos y los malandros mataron a uno de los PTJ en una balacera que se formoó cuando la PTJ en su rastreo se acercó a la casa donde estaban. La PTJ tuvo que retirarse y los manlandros se escaparon pero fueron abatidos uno a uno en los días siguientes. No sé si tuvieron relación con la Megabanda pero fue muchos años antes que lo de Transvalcar

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  10. Interesante crónica, felicitaciones por el impecable trabajo realizado.
    Debo decir que me mudé a Costa Rica a finales del año 2001 y tan pronto me identificaba como Venezolano, los costarricenses me comentaban que hubo una banda que cometió atracos a bancos sangrientos nunca antes vistos en el país… mi sorpresa fue saber que eran estos angelitos.

    Cordial saludo.

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  11. Un amigo mio, fue detenido en Valencia al día siguiente de ese atraco e interrogado en relación a ese caso durante 8 dias El me busco para que lo ayudara Lo soltaron porque no tenia nada que ver.
    Lo detuvieron porque a principio de los años 80 cometió un atraco en compañía de Oswaldo Jose Martinez Ojeda. Ese amigo mio, lo había conocido porque ambos tenían unas novias que eran hermanas, y salían muchas veces juntos Una noche, a eso de la medianoche, después de tomarse cualquier cantidad de cervezas en la Tasca Las Cuevas de Luis Candela (recién fundada en esos años en Valencia), fueron a dejar a las novias a su casa. Luego de dejarlas, comenzaron a dar vueltas por Valencia y pasando por una calle de la Urbanización Prebo, observaron a una pareja de Señores, regando un jardín de una quinta, despreocupadamente.y Oswaldo le dijo a mi amigo, “párate mas adelante para atracarlos” y saco una pistola. Mi amigo se quedo afuera en su Fiat 147 Spazio y Oswaldo sometió a la pareja (eran un matrimonio portugués), los introdujo a la quinta, los amarro y los robo. Saco dos maletas full de cosas incluyendo una escopeta , se monto en el Fiat y escaparon. Mi amigo quedo loco, en su vida había robado a alguna persona, pero me dijo que el poder persuasivo o intimidatorio de Oswaldo era muy fuerte, y no pudo rehusarse Y como ocurre muchísimas veces, pasados unos quince dias, mi amigo iba entrando en su Fiat Spazio al estacionamiento de una tienda, si mal no recuerdo, la tienda Sears de la Av Bolivar Norte, y casualmente el matrimonio portugués iba haciendo lo mismo. Los señores identificaron el carro, porque habían logrado verlo claramente durante el atraco. Esperaron que el se bajara y entrara a la tienda. Luego pidieron apoyo a unos funcionarios de la Policía que pasaban por esa avenida, y procedieron a detenerlo. Estuvo preso 4 años por ese caso.
    En el interrogatorio el señalo a Oswaldo, pero la PTJ no pudo apresarlo.
    Al día siguiente del atraco a la avioneta de Transvalcar lo buscaron la PTJ y detuvieron por eso, incriminado por la relación que tuvo con Oswaldo, atravesándose luego el Golpe del 27 de Nov 92 Pero luego lo soltaron por no estar involucrado con Transvalcar.

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  12. ¡Woao! Qué buen artículo, apenas comencé a leer me quedé enganchado, sabía algo de los robos a los transportes de valores porque desde mediados de los 80 hasta mediados de los 90 trabajé en la banca pero por supuesto no conocía los detalles, trabajo digno de un guión para una película, sería un éxito como este trabajo. ¡Felicitaciones!

    pd: leí también en Tánatos el reportaje sobre el jinete Jesús Bolívar, muy bueno por cierto y esclarecedor de algunas dudas que tenía a nivel de la investigación policial (aunque pueden quedar algunas por ahí), a pesar de los relatos de mi querida madre ya fallecida la cual era su hermana, ya que para la fecha del asesinato de mi tío yo aún no había nacido pero mi madre que era su hermana menor se encargo de mantener su memoria intacta entre nosotros, entre otras cosas manteniendo las fotos de las carreras y clásicos ganadas, desde la parroquia San Blas, Valencia, edo. Carabobo, muchas gracias; le haré llegar el artículo a mi primo Carlos (uno de sus hijos) que hoy en día vive aquí en Valencia, saludos y sigan adelante.

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  13. ¿Inteligente? Creo que NO; era un asesino impune no Juzgo Difuntos; un ladrón inteligente es aquel que no deja rastros ni víctimas mortales; O.M.O fue un Aventurero con cierto Exito Quien sabe que observo en Afganistan que enloqueció a mayor escala; estrés postraumático le dicen ahora..

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  14. No solo la vida de este hombre es algo increíble, es lo tranquilas que andas sus hermanas que supongo heredarían su dinero porque mal no viven y están casi todas fueras del país incluyendo a la que estaba con el en Costa Rica..todas se la dan de gran cosa, son perversas , acaba familias pero..bueno dios se encargue de esa familia de delincuentes y prostitutas

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  15. Parte de la Decisión del Tribunal en relación a la causa seguida a Oswaldo Jose Martinez Ojeda.

    DISPOSITIVA

    Este Tribunal Tercero de Juicio del Circuito Judicial Penal de la Circunscripción Judicial del Estado Bolívar, extensión territorial Puerto Ordaz, en la modalidad de Tribunal Mixto y de manera unánime, administrando Justicia en nombre de la república Bolivariana de Venezuela y por autoridad de la Ley, en consideración a los fundamentos de hecho y derecho explanados, hace los siguientes pronunciamientos: al ciudadano O.J.M.O., de nacionalidad Venezolana de 52 años de edad, C.I: V-3.690.823, nacido el 5-5-1952, natural de Puerto Cabello Estado Carabobo, residenciado en la calle la Esperanza, #110A-21, Naguanagua Valencia, Estado Carabobo. Lo ABSUELVE de los hechos que a continuación se detallan: PRIMERO: Del delito de Robo Agravado previsto y sancionado en el artículo 457 en relación con el artículo 460 del Código Penal, perpetrado en fecha 18-09-1991, ocurrido en el Banco Provincial de Alta Vista de Puerto Ordaz. SEGUNDO: Del delito de HOMICIDIO CALIFICADO previsto y sancionado en el artículo 408, ordinal 1 del Código Penal, en perjuicio de J.A.T.L. y la empresa de Servicios Panamericanos, ocurrido en fecha 17-06-1992 en el Centro Comercial Concreta, Caracas, Distrito Capital.

    TERCERO: Del delito de ROBO AGRAVADO, previsto y sancionado en el artículo 457 en relación con la agravante de a mano armada, previsto y sancionado en el artículo 460 del Código Penal…CUARTO: HOMICIDIO CALIFICADO previsto y sancionado en el artículo 406 y artículo 84 ordinal 1, 2 y 3 en grado de complicidad del Código Penal en perjuicio de Á.A.M.O., J.M.C.G., G.J.P.M. y W.A.M.C. y de la Empresa Transvalcar, ocurrido en fecha 25-11-1992,en el Aeropuerto C.M.P. de Puerto Ordaz, Estado Bolívar. QUINTO: HOMICIDIO INTENCIONAL AGRAVADO EN GRADO DE FRUSTRACIÓN: previsto y sancionado en el artículo 409 numeral 2º en concordancia con el último aparte del artículo 80 del Código Penal derogado, ocurrido en fecha 30-10-2000,en la Estación de Servicios El Prado, Valencia, Estado Carabobo, en perjuicio del funcionario L.G.R.V.. SEXTO: HOMICIDIO INTENCIONAL AGRAVADO EN GRADO DE COMPLICIDAD NECESARIA, previsto y sancionado en el artículo 409, numeral segundo del Código Penal Derogado, en concordancia con el artículo 84 de la Reforma del Código Penal, ocurrido en fecha 08-09-2000, en la Carretera Nacional, Vía Orituco, Calabozo, en perjuicio de los funcionarios Cuerpo Técnico de Policía Judicial, F.M.C. y P.M.P.. Lo CONDENA por los hechos que a continuación se detallan: PRIMERO: Aprovechamiento de Vehículo proveniente de un delito de Robo, previsto y sancionado en el artículo 9 de la Ley sobre H. y Robo de Vehículo, hecho ocurrido el 21-06-2001, en Acarigua, Estado Portuguesa. SEGUNDO: Aprovechamiento de cosas proveniente de delito, previsto y sancionado en el primer aparte del artículo 472 del Código Penal con ocasión a arma de fuego, tipo pistola, hecho ocurrido en Acarigua Estado Portuguesa, en fecha 21-06-2001, previsto y sancionado en el artículo 275 del Código Penal en relación con el artículo 9 de la Ley Sobre Armas y Explosivos, hecho ocurrido en fecha 21-06-2001 en Acarigua, Estado Portuguesa. TERCERO: Ocultamiento de Arma de Guerra, previsto y sancionado en artículo 275 del Código Penal, en relación con el artículo 9 de la Ley sobre Armas y Explosivos. Acotando que los tres delitos por los que se le condenan dan acogiendo el término mínimo un total permisible y ajustado a derecho de SEIS AÑOS, VEINTIDOS DIAS Y DOCE HORAS DE PRISIÓN, en pena impuesta a cumplir, en su contra, en consecuencia se mantiene latente la Medida Privativa dictada hasta que el Juez de ejecución provea lo conducente. De igual manera debe cumplir las penas accesorias contenidas en el artículo 16 numeral 2º del Código Penal, con sujeción a la vigilancia de la autoridad judicial, por una quinta parte del tiempo de la condena, desde que este termine, a los fines de su reinserción de la vida social… (Omissis)

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  16. Es un buen reportaje aunque yo tuve contacto directo a través de un familiar que le trabajaba a esa banda el cual ya es difunto pero nos reveló muchos secretos al cual falta añadir allí.. Uno de ellos es que parte de ese dinero robado fue utilizado para la campaña del ex presidente y ya difunto Hugo Chávez.

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    • Es que para que ese delincuente operara tan impunemente y se evadiera constantemente siempre tuvo la complicidad de partidos politicos, gran parte de ese dinero era destinado a campañas electorales, No es casualidad que esa banda saliera durante el gobierno de CAP, y que de paso en Costa Rica Luisnchi y blanquita fueron sus clientes y amigos. Muchos de los asaltos a bancos y blindados en Venezuela el fin era para campañas politicas,

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  17. Muy buena cronica sobre los delitos cometidos por esta banda siempre quise saber detalles de ellos ya que uno de estos es familiar sercano mio y no lo conoci en vida

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  18. gran emoción en una gran historia digna de hacer una película pero sabe usted como escritor del articulo en realidad la verdadera historia de este caso el como se resolvió quienes fueron los funcionarios que llevaron acabo tan grande hazaña leyó caso usted el expediente original , el cual se presento a las máximas autoridades y por el cual fue premiado con el cangrejo de oro de la antigua ptj
    quien fue el funcionario que hizo que la historia que muy bien relata hoy se cierta

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  19. Excelente reportaje, lo antes expuesto me lleva a reflexionar que en la actualidad, hace falta funcionarios policiales con la entrega y dedicación demostrada por los funcionarios de la época, en lo relacionado con el combate librado contra la denominada Mega Banda…

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  20. Buenas tardes, seguí de cerca en su momento cada noticia de la Mega Banda, tengo entendido que Juan Jose Avendaño ( Capitán Avendaño) Murió envenenado en las Colonias Móviles del Dorado y según Martinez Ojeda el Mil Caras, fue herido y huyo por una Montaña, muchos dijeron que logro escapar, ahora no se porque eso tengo entendido, todo es cierto en esta historia, eran sanguinarios, los mas temidos, pero solo quería agregar eso y si me equivoco por favor corrijame, quisiera que recopilaran información de Ilich el Chacal un delincuente Venezolano que en su época era el terrorista mas temido del planeta según reseñan varias noticias, hay mucha historia delincuencial, también esta el asalto al banco Central de Venezuela por 14 hombres, el secuestro de Niehous, y bueno asi muchos que quedaron en el olvido, pero quienes leemos este tipo de crónicas recordamos, gracias

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  21. Wow digno de un Oscar no pare de leer deberían sacar una serie se les olvido mencionar que este sujeto fue el que dio el apoyo con armas en la carcel de tocuyito para tumbar a un líder valenciano

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  22. Excelente crónica amigos, cómo siempre. Tan llena de detalles que desconociamos muchos de los que seguiamos estos casos a través de la prensa y noticieros, Yo particularmente me encantaba seguirlos, compraba hasta las revistas de la cronica policial, Yo me vi envuelto en una investigación del asesinato de una profesora en Caracas, a quien conocí y mantuve una relación con ella, por supuesto era inocente, seguí el caso durante mas de un mes hasta que una testigo que no habia dicho toda la verdad dijo a la PTJ que esos días un sujeto de origen ecuatoriano había visitado a la docente y la visita coincidia con la data de la muerte. Por favor, no sé si lo tienen en archivos, pero aquí también hubo un delincuente muy famoso que parecía tenia 7 vidas también, lo apodaban “el gordo Luis”, autor también de multiples robos y que solica batirse a tiros y escaparse siempre ante la actuación de la policia, creo que fue igual por los años 90. Gracias por traernos estas crónicas tan bien documentadas. Un abrazo

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  23. excelente reportaje, pero deja muchas interrogantes, mucho dinero trasfondos y vinculaciones políticas para aquellas fechas, se hace ver que el delincuente es una mente maestra… yo no creo

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  24. lo mismo pienso y lo comete abajo, pero creo que fue la intención del redactor, muy inteligente de su parte para que sea el lector y no el redactor el que lo diga, EXELENTE TRABAJO !

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  25. Soy Milagros, lectora ya asidua de ustedes, he visto que están parados de nuevo lo cual es lamentable. Me encantan sus crónicas, llegué a ustedes por 4 crímenes 4 poderes, luego leí el caso de la viuda negra, la pica maridos, Renny Ottolina, y ahora éste.

    Por favor hagan una crónica del caso de Los Girasoles ensangrentados, caso sonado aquí en Maracaibo, en el que asesinaron a una muchacha mediante una entrega de girasoles (sus flores favoritas, cabe destacar) fue un crimen pasional y supe de ello porque un amigo de mi mamá participó inocentemente, pues el ex que mando a matar a la muchacha pidió que se le contactara un sicario y pues él no sabía que era para la muchacha. Igual cumplió su condena, y el tipo un doctor muy conocido se suicidó
    .

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    • Hola Milagros, gracias por acompañarnos y comentar. Ciertamente tuvimos que pausar las publicaciones para encarar un conjunto de investigaciones privadas pero ya estamos trabajando en nuevas crónicas. El caso que propones no lo conocemos pero nos interesa, ¿habrá posibilidad de contactar vía e-mail o whatsapp con los involucrados? de ser as{i por favor háznolo saber por esta vía. Abrazos y mucha salud.

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  26. Wow! Que relato! Duré dos días leyéndolo pues releia los nombres de todos, no quería perder ningún detalle. Historia digna de una película. ¿Qué pasó con los hermanos Piñero y con el hijo del presidente de Venalum? Saludos!

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  27. Ya con este articulo seria el nro 3 que leo. Me parece muy buena la historia, digna de una película al estilo Cangrejo. Ojala se dieran hay bastante información. Saludos y muchas gracias por la pasión con que escribe

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  28. Buenas noches, felicidades a todos los que participaron en esta maravillosa investigacion periodística , aunque se encuentre sumergida en robo, sangre y corrupción. Tengo una anecdota de Oswaldo Martinez Ojeda porque aunque no lo crean, lo conoci en el año 2004 o 2005, no recuerdo bien el año, pero fue cuando él estuvo detenido en la cárcel de Ciudad Bolivar, hoy día Carcel Nacional de Vista Hermosa, yo era funcionario de la Defensoría del Pueblo y había sido designado para realizar visitas diarias ya que para ese tiempo habian presuntos conatos de fuga y de masacres por retardo procesal de casi toda la población penal. Fue entonces en una de esas visitas que fui solicitado por un interno el cual se encontraba en un área que se llamaba o se llama régimen abierto, cuando me presenté adelante del interno y nos presentamos y me dijo su nombre de pila, fue cuando me di cuenta a quien tenía al frente. De verdad me quedé paralizado y a la vez alagado por estar conversando por un largo rato con uno de los delincuentes más peligrosos y la mente criminal mas brillante que allá parido esta patria. Y perdón por los familiares de todas las personas caidas bajo su mano o por su mando. En fin, fueron varias veces que hablamos y siempre me recarcaba que el estaba preso injustamente porque según él ya habia pagado su condena que eran de 8 años pero que nunca habia ido a juicio. Me comentó que fue trasladado desde la Penitenciaría General de Venezuela que queda en el estado Guárico (PGV) para la carcel de Cuidad Bolívar y que entre esas dos cárceles había cunplido su condena. Recuerdo que yo solo escuchaba y luego escribía en mi hoja de visitas diarias. Feliz noche. Dios les bendiga…

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    • Saludos Enrique,
      Gracias por tus palabras y por compartir tu anécdota con este personaje, que sin duda gozaba de gran inteligencia aunque fuera utilizada para delinquir.
      Te invitamos a que disfrutar nuestras otras crónicas y a seguirnos a través de las redes twitter: @TanatosCronicas e Instagram: @cronicasdeltanatos
      Un abrazo

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    • alagado x conversar con un asesino y delincuente?, que lamentablemente debido a la corrupción del sistema judicial y su mal funcionamiento pudo alargar su carrera delictiva , este personaje enluto numerosos hogares . basuras como esta son las que deberian abrir el debate para una modificacion profunda de las leyes , cadena perpetua o pena de muerte es lo minimo que merecen

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  29. Buenas noches placer saludarle, interesante el relato sobre la vida de este hombre,abultado currículo criminal más de mil asaltos, efectivos de la GN asesinados , inspectores de la policía científica, custodios, 43 camiones blindados, al asalto a un avión de Transvalcar, decenas de joyerías y el robo a una fortificada sede de transporte de valores. Fue un experto en fugas, como para una pelicula, a todo esto, este señor no tendria que ver con el sonado tambien Kojak, Luis Matute Becerra, dado de baja en Lara en 1981, en esa época, sono mucho que entre los fugados estaba el mil caras

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  30. Exelente cronología felicitaciones coloco a consideración sus notas el seguimiento de esas bandas porque luego se regaron por todo el país las bandas que ya venía creando otra vez

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  31. Excelente artículo. La historia es digna de ser reflejada en un libro (con el mismo tratamiento serio de este articulo), o para un guion de cine o serie. Es increíble y fascinante la vida de este sujeto, aunque no es un héroe y mucho menos una imagen a seguir, es indudable que su vida fue interesante. Aclaro, creo nunca debe ser visto con admiración, ya que fue un ser de maldad y causo mucho daño y sufrimiento. Felicito al autor por su forma de escribir.

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  32. Interesante este caso felicitaciones x este trabajo…quisiera saber si tienen detalles de un robo q se cometió en la entidad bancaria banco caribe millonario robo el año 81..según estaba el kojac y el mil cara ojeda…

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  33. excelente como siempre con lujo de detalles me acuerdo estaba joven y no le paraba a ese tipo de hechos pero todos los sucesos narrados aqui en este blog te obligan a llegar hasta el final de la narración felicidades

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  34. Angel “Chuti” Martínez, uno de los pilotos de la avioneta, era uno de los mejores amigos de mi papá. Chuti fue un gran paracaidista, volador de ícaros, escalador y explorador venezolano. Junto con mi papá escaló la Previsora en Caracas. Participó en importantes expediciones a cavernas del país con la Sociedad Venezolana de Espeleología. Recordado y querido amigo. Qué tragedia. Te recordamos, Chuti. Gracias por este reportaje.

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