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Objetivo: Matar a Pedro Estrada

pedro estrada

Paseo de Los Ilustres.

Madrugada del 4 de agosto de 1956

El frío metal del arma que rozó su mejilla le dio un susto de muerte. Allí, en la puerta que acababa de abrir estaban tres tipos malencarados que se identificaron como agentes de la Seguridad Nacional.

– ¡Mierda! ¿En qué lío me habrán metido? – pensó.

Los agentes de la Seguranal arrastraban a un pobre hombre que venía con todas las señas de haber sido torturado. Uno de ellos lo haló de los cabellos para enfrentar su rostro tumefacto con los aterrados ojos del que estaba parado en la puerta, que no era otro que el conserje.

– ¿Conoce usted a este hombre?

El asustado hombre trató de adivinar las facciones debajo de la masa informe; si, lo había visto antes. Era uno de los tipos que entraban y salían con cierta frecuencia del apartamento 4, pero no sabía que responder, temía verse involucrado en algo de lo que no tenía ni la menor idea. Ante el titubeo, uno de los policías repitió la pregunta.

– ¿Lo conoce o no?

– Si, al señor lo he visto antes por aquí visitando a los del 4.

– ¡Venga con nosotros! – le ordenaron.

Lo que vio a continuación lo llenó de incertidumbre y temor; en aquel apartamento había armas de distintos calibres, municiones, granadas de mano, y bombas molotov. Mientras los policías revisaban, el conserje miró de soslayo al detenido. Se veía muy mal, seguramente era algún conspirador que no aguantó las torturas y delató a sus compañeros. Los agentes tomaban nota de lo que encontraban; cuando pasaron con el delator a las otras habitaciones, alguien le ordenó salir, lo llevó hasta la calle y lo montó en una patrulla. Su aterrada mujer quiso saber a qué sitio llevaban a su marido.

– No se preocupe doñita – dijo un agente en tono divertido – el señor tiene que rendir algunas declaraciones. Se lo devolvemos sanito en la mañana.

Pero ni su esposo regresó por la mañana ni los periódicos reseñaron algo por lo menos en varios días.

La “visita” a la revista Élite

Luego de aquel primer allanamiento la labor de la policía continuó; una mañana llegaron a las oficinas de la revista “Élite” en busca de un hombre: el Dr. Ramón J. Velásquez, a quien acusaban de dirigir un equipo que tenía la misión de propalar rumores que dañaran el prestigio de las autoridades para crear el clima favorable a un atentado magnicida.

Ramón J. Velásquez quien 37 años después sería presidente interino de Venezuela, ya había sido “huésped” de la cárcel Modelo de Caracas, de la que salió en 1955 para asumir la jefatura de redacción de “Élite”. En la revista escribía la columna “Así anda América” en la que exponía los avances democráticos en el continente como una manera de sortear la censura y poner en evidencia, por comparación, los procedimientos dictatoriales del gobierno venezolano. Ya en 1951 había escrito para “Élite” usando los seudónimos de Francisco Sánchez Roa y Francisco Pérez Guerra. En el operativo de la Seguridad Nacional se logró la detención del propio Velásquez, de Benito Raúl Losada, José Gerbasi, Rafael Serfaty, Alberto Aranguren, Manuel Vicente Magallanes y Rafael Cabrices.

Aquel mismo día sería apresado el profesor Pedro Felipe Ledezma, secretario general en la clandestinidad del partido Acción Democrática (AD) y en una visita al número 79 de Telares a Palo Negro, se decomisó un equipo de radio transmisión y se arrestó a su operador, el señor Pedro Fonseca, quien ejercía el cargo de controlador aéreo en el aeropuerto internacional de Maiquetía.

Todos los detenidos fueron llevados a la sede de la Seguridad Nacional y luego remitidos a la cárcel de Ciudad Bolívar. El Dr. Ramón J. Velásquez no vería más la calle sino hasta el 23 de enero de 1958.

atentado a pedro estrada

Estrada: “Se pretendía asesinar al Presidente”

La mujer respiró tranquila cuando por fin liberaron a su esposo el conserje, aporreado de ánimo pero sano como le habían prometido. El 9 de agosto de 1956 se convocó una rueda de prensa. Pasadas las 6 de la tarde el señor Pedro Estrada, jefe de la Dirección de Seguridad Nacional dio la bienvenida en su oficina a los reporteros, para acto seguido soltarles una bomba informativa:

– Se ha descubierto un complot para asesinar al Presidente de la República.

Ante la mirada inquisitiva de los periodistas, Estrada adelantó algunos datos de la información que ya estaba cuidadosamente asentada en un comunicado oficial. Dicho boletín se entregaría a cada medio y debía ser publicado tal cual lo recibían. Según el jefe policial el magnicidio iba a ejecutarse durante los actos de la Semana de la Patria, concretamente el martes 3 de julio a las puertas del edificio Ávila ubicado en la esquina de “Las Ibarras”, desde donde el Primer Magistrado debía presenciar el desfile cívico de empleados y obreros, en compañía de los Ministros del Despacho y otros altos funcionarios e invitados extranjeros.

Según la versión oficial, el plan había sido ordenado por Rómulo Betancourt desde Puerto Rico y estaría coordinado por Carlos Andrés Pérez, con apoyo de dos altos funcionarios del gobierno de Costa Rica. Pérez debía reunir el personal y la logística para luego introducirse secretamente en Venezuela donde debía dirigir personalmente la operación. Entre las armas incautadas se contaban 3 ametralladoras, una sub ametralladora, dos pistolas, 11 granadas de mano y cinco bombas Molotov. En operativos subsiguientes se decomisaron multigrafos y equipos de radio comunicación y se detuvo a un grupo de personas a las que se acusó de estar preparando un ambiente de opinión favorable al atentado por medio de la propalación de rumores e imputaciones calumniosas en contra de las altas autoridades civiles y militares. Estas personas fueron las que se detuvieron en el allanamiento a la revista Élite y al 79 de Telares a Palo Negro.

17 personas estaban detenidas y acusadas de participar en el plan magnicida. Más adelante se afirmaba que Carlos Andrés Pérez no se atrevió a ingresar al país por lo que comisionó a Horacio Chacín Ducharne para que se encargara de la operación. A éste último se le entregó una cierta cantidad de dólares para que contratara a un grupo de mercenarios cuyas identidades le serían suministradas por el Secretario General de Acción Democrática, profesor Pedro Felipe Ledezma.

Los confabulados – siempre según el comunicado oficial – estuvieron listos para operar a finales de junio, fecha en la que acordaron el día y la hora para asesinar al Presidente, solo que llegado el momento, decidieron abortar la operación, alegando que los anillos de seguridad en torno a Pérez Jiménez la hacían muy peligrosa. A la orden de Chacín Ducharne emprendieron la retirada y regresaron las armas al sitio donde las mantenían ocultas: el apartamento número 4 del edificio “Sofina”, ubicado en la avenida Orinoco del Paseo de los Ilustres.

El viernes 10 de agosto de 1956, la prensa nacional dedicó amplio espacio a la difusión del comunicado e ilustró la noticia con fotografías del señor Pedro Estrada mostrando las armas y los equipos de comunicación incautados.

Publicado el despacho oficial ningún medio hablaría más del asunto hasta el 28 de enero de 1958, cuando el propio Horacio Chacín Ducharne, quien nunca llegó a ser apresado por esta acción en particular, dio una primera, deformada y escueta versión de los hechos al diario La Esfera.

“Yo nunca estuve esperando a Pérez Jiménez en ninguna parte”

Derrocada la dictadura en enero del 58, comenzó el regreso de los exiliados y la liberación de los presos políticos. La prensa anunciaba la llegada de los principales dirigentes opositores e invitaba a la población a recibirlos en el aeropuerto de Maiquetía, pero mientras estos obtenían el mimo y la atención de los medios, los que arriesgaron el pellejo en la resistencia pasaban gradualmente al olvido. Uno de ellos, Horacio Chacín Ducharne se acercó hasta la redacción de La Esfera para desmentir lo dicho en agosto del 56.

– Yo nunca estuve esperando a Pérez Jiménez en ninguna parte como dijo el comunicado elaborado por Seguridad Nacional – afirmó – Yo tenía un arma para defenderme personalmente porque sabía que la persecución contra mí sería intensa. Entré al país para cumplir una misión netamente política. Acción Democrática -prosiguió – nunca ha alentado procedimientos terroristas como arma de llegar al poder, sino que siempre ha acudido a los medios cívicos que deben garantizarse en la vida ciudadana.

Dio a entender que la versión dada por Estrada fue producto de uno de los tantos trucos de los que se valía para fortalecer sus posición ante al general y justificar sus periódicas redadas contra los adversarios del régimen. Por último explicó al periodista que estando en Caracas en 1956, había entrado en contacto con los dirigentes clandestinos de Acción Democrática y que cuando uno de ellos fue detenido prefirió salir del país para resguardar su seguridad. Reveló que se fue a Costa Rica, país en el que permaneció hasta ese momento y que ahora regresaba para vivir como un “ciudadano más”.

La opinión pública tendría que esperar para saber que tanto la versión de agosto de 1956, como la de enero de 1958, eran falsas. Los hechos reales se revelarían ante el periodista José Luis González en diciembre de 1964, contados en casi todos sus detalles por un entonces decepcionado e indignado Chacín Ducharne.

El objetivo real era matar a Pedro Estrada

Enfrentado a un cúmulo de papeles que revisaba con atención para que lo ayudaran a reconstruir la historia, Horacio Chacín Ducharne que para 1964 tenía 36 años y estaba curado de todo afán conspirativo se disponía a revelar los detalles de la operación que ideó, planificó y dirigió 8 años atrás, no sin antes expresar sus más duras críticas contra la dirigencia del partido al cual sirvió en la resistencia y que ahora estaba en el poder.

“A fines del periodo del doctor Leoni, Acción Democrática será un ejército con muchísimos oficiales pero con muy poca tropa” lanzó Chacín Ducharne con resquemor. “Con el tiempo dejará de ser un partido de masas. El poder y los arribistas han ido destruyendo su mística, los dirigentes se ocupan más de los cargos burocráticos que de la militancia de su partido”.

“Conozco varios casos de adecos de los fogueados que hoy día sufren privaciones y discriminaciones por parte de los actuales dirigentes. Si el autentico héroe de la resistencia, Leonardo Ruiz Pineda, viviese no andarían tantos hombres que se restearon deambulando por las calles buscando trabajo y pan. Hay mucha gente decepcionada y son gentes que valen, yo los conocí en la cárcel y en la clandestinidad. Los que ahora están “montados” son los que estuvieron muchos años en el exilio cómodo mientras los otros se dedicaron a combatir la dictadura y siguen pasando hambre. Los líderes adecos se las dan hoy de valientes, pero muchos de ellos temblaban de miedo en la clandestinidad”.

Después de desahogar la rabia que sentía se dispuso a narrar los detalles del plan que él concibió y que dirigió con la anuencia de la jefatura adeca en el exilio. El plan que tenía como objetivo eliminar físicamente a Pedro Estrada, director de la Seguridad Nacional.

Lo que lo motivó a plantearse aquella salida extrema – explicó al periodista – fue el estado de terror y desarticulación en que encontró a la dirigencia y militancia del partido cuando reingresó al país – de modo furtivo – en 1955. El responsable del pánico que inmovilizaba a la oposición, no era otro – según Chacín Ducharne – que el jefe del principal aparato represor, quien con destreza y frialdad había logrado descoyuntarla; pero para entender la historia debemos retroceder a 1949, año en que un adeco que nunca se sintió como tal prometió a su padre en el lecho de muerte que empeñaría todos sus esfuerzos en luchar por los postulados de aquel partido.

horacio chacin ducharne

“Muero con gran sentimiento porque no estás en el partido”

El 22 de febrero de 1949, moría el padre de Horacio Chacín Ducharne, hombre que de joven participó en el proceso de formación de los partidos modernos en Venezuela. Su nombre estuvo entre los que fundaron a Acción Democrática, partido de orientación socialdemócrata y que tenía antecedentes en el movimiento Organización Venezolana (ORVE) y en el Partido Democrático Nacional (PDN).

Ahora, en su lecho de muerte mandó a llamar a su hijo para la última conversación. Al verlo llegar le estrechó las manos con las pocas fuerzas que quedaban en su cuerpo y con profunda tristeza le dijo:

– Muero con un gran sentimiento porque no estás en el partido.

Horacio, conmovido prometió a su padre que desde ese momento se integraría a las luchas que encaraba Acción Democrática, y así lo hizo aunque sin llegar realmente a sentirse nunca militante de aquella organización partidista.

Para 1949 Acción Democrática transitaba el camino de la oposición al ser desalojada del poder – en noviembre del 48 – por los mismos militares que 3 años antes la habían encumbrado, acusándola ahora en el comunicado oficial que leyeron ante el país de “incurrir en los mismos vicios políticos que caracterizaron a los gobiernos anteriores, aprovechando el poder para su propio beneficio, implantando el sectarismo y trayendo el desbarajuste total de la república”.

Consumado el golpe contra Rómulo Gallegos, los militares procedieron a designar a las nuevas autoridades, para luego dirigir un mensaje a la nación en el que prometían instalar un régimen verdaderamente democrático y preparar un proceso electoral en el que participaran todos en igualdad de condiciones. Diversos sectores de la vida nacional acudieron prontamente al palacio de Miraflores a expresar su respaldo y parabienes a la junta militar, entre ellos los líderes opositores Jóvito Villalba y Rafael Caldera. No faltaron a la cita los empresarios, la iglesia católica y representantes del mundo civil.

Acción Democrática fue ilegalizada y sus principales dirigentes llevados a la Cárcel Modelo de Caracas. Comenzaba para aquella organización una década en la que muchos de sus integrantes serían apresados, torturados, asesinados y expatriados; mientras que otros se dedicarían a la lucrativa actividad de la delación y la entrega para aparecer en 1958 como “mártires de la resistencia”.

Cumplir con la palabra empeñada

Ocho meses después de la promesa hecha a su padre, el joven Chacín Ducharne andaba comprometido en cumplirla. En octubre de 1949 se desempeñaba como radiotelegrafista en la Estación Central de Radio. Su actividad conspirativa consistía en servir de correaje entre los distintos miembros de la resistencia. Llevaba mensajes de un sitio a otro como una manera de mantener la comunicación en un partido acosado por la policía. El 17 de ese mes, al salir de la oficina, acudió a casa de Raúl Hernández, miembro del partido. Allí debía entrevistarse con Raúl y con Enio Arreaza para hacerles llegar unos mensajes secretos. Estando en aquella casa, irrumpió la Seguridad Nacional y apresó a todos lo que estaban en ella. Los detenidos, entre ellos Chacín Ducharne, fueron llevados a la Modelo. Allá entraría en contacto con la dirigencia adeca de la que no recibió mayor atención pues la mayoría sentía recelos de él.

Al mes de estar allí fue expulsado del país junto a un grupo de militantes accióndemocratistas, entre los que estaban: Jesús Paz Galárraga, Lucas Pérez, Antonio José Betancourt, Vicente Beaumont, Carlos Guerrero y el doctor Ricardo Pérez. Todo el grupo salió rumbo a Panamá. Al llegar allá los exiliados se entrevistaron con el jefe nacional del partido, Luis Augusto Dubuc.

Panamá en crisis y la idea de una radio en el exilio

La llegada del grupo a Panamá coincidió con la fase más aguda de un conflicto interno que tenía sus raíces en la fuerte recesión económica heredada de la posguerra, en la adopción de medidas antipopulares, y en el rechazo de la población y diversos grupos políticos a la corrupción imperante en la Policía Nacional cuya plana directiva se negaba a renunciar haciendo uso de su poder coercitivo. En el lapso de un año, cuatro hombres se turnarían en la Presidencia de la República en 5 cortos e inestables periodos: Domingo Díaz, Daniel Chanis, Roberto Chiari, de nuevo Daniel Chanis y Arnulfo Arias Madrid.

Domingo Díaz que asumió en octubre de 1948, estando ya muy anciano, renunció pocos días antes de su muerte en julio del 49 para ceder el cargo a su primer Vicepresidente, el doctor Daniel Chanis; éste heredó la impopularidad del régimen de Díaz y tuvo que enfrentar amenazas de golpe que se concretaron el 20 de noviembre de aquel año, cuando se vio obligado a exigir la renuncia a la plana mayor de la Policía Nacional acusada de corrupción. Los miembros directivos del cuerpo armado en lugar de poner sus cargos a la orden para facilitar la reorganización, optaron por desalojar del poder al presidente Chanis, quien por decisión de la Corte Suprema de Justicia fue sustituido por el segundo Vicepresidente, Roberto Chiari. El nuevo presidente solo ejercería por cuatro días, debido a que Chanis apoyado por la Asamblea Nacional decidió reasumir el mando, alegando que había sido obligado a renunciar. El 24 de noviembre de 1949, Daniel Chanis regresa para gobernar por un día pues al siguiente la Policía Nacional instaló en el poder a Arnulfo Arias Madrid.

En medio de aquel clima de profunda inestabilidad, Chacín Ducharne propuso a Luis Augusto Dubuc, instalar en territorio panameño una emisora radiotelegráfica que permitiera a los expatriados comunicarse con la resistencia en Venezuela. Dubuc le respondió que aquello era imposible pues el nuevo gobierno ya había obligado a cerrar la Radio Balboa dirigida por exiliados venezolanos.

El 22 de noviembre, Chacín Ducharne decide salir hacia Costa Rica buscando mejores condiciones que le permitieran cristalizar su idea. Ese mismo día, Luis Augusto Dubuc partió hacia Washington para reunirse con Rómulo Betancourt quien se encontraba instalado en aquella ciudad. Dubuc planteó al máximo jefe de Acción Democrática la idea de Ducharne y éste pareció aprobarla pues a los pocos días, Luis Augusto se presentó en Costa Rica para enlazar a Chacín Ducharne con una persona que poseía un moderno equipo de radioaficionados. Un mes después, vísperas de navidad se logró el primer enlace radiotelegráfico entre San José, Caracas y La Habana. Aquella red de comunicaciones continuaría operando sin interrupción hasta agosto de 1956.

Chacín Ducharne operaba la planta en Costa Rica, Octavio Rauseo Prada era el encargado en La Habana y Pedro Fonseca, a quien sus compañeros apodaban “El Mulato” era el responsable de las transmisiones en Venezuela. Dos meses después Ducharne fue llamado a Cuba para una nueva misión; por lo que entregó el testigo a Luis Peña Vásquez quien acababa de llegar a San José expulsado por la Junta Militar de Gobierno. Contaba Ducharne que en una ocasión, estando Rómulo Betancourt en Costa Rica, envió un mensaje a Pedro Fonseca en el que le decía textualmente: “Tú y Peña Vásquez son héroes anónimos de la resistencia, algún día se lo diré a Venezuela”. Sin embargo, según su versión, tanto Fonseca como Peña Vásquez fueron de los tantos militantes echados al olvido una vez que Betancourt asumió la presidencia.

marcos perez jimenez

De La Habana a Venezuela

A comienzos de 1950, un grupo de hombres se reúne en la capital de Cuba, allí deciden regresar clandestinamente a Venezuela, por distintas vías y con diferentes misiones. A Chacín Ducharne se le encomendó viajar hasta la isla de Trinidad, en donde debería abordar un bote que lo llevara a territorio continental venezolano. En el Aeropuerto Internacional de Piarco, lo esperaba Vicente Gamboa Marcano, con quien atravesaría los 25 kilómetros que separan aquella terminal área de la capital, Puerto España. Una vez allí abordaron la pequeña embarcación con motor fuera de borda, que los llevaría por las aguas del Golfo de Paria hasta Venezuela. La accidentada travesía comenzó en medio de un temporal a las seis de la tarde; a las cinco de la mañana avistaron Isla de Patos que bordearon hasta llegar unas horas después a la hacienda La Catalana en la península de Paria del estado Sucre.

Desde este punto y en un largo viaje por carretera, Chacín Ducharne se trasladó hasta Puerto la Cruz. En aquella ciudad hizo algunos cambios en su apariencia que incluían teñirse el cabello. En cuanto pudo se trasladó a Caracas para recibir instrucciones. En la capital estuvo a punto de ser detenido en dos ocasiones; en la primera logró escapar saliendo de su escondite por un techo; en la segunda tuvo que meterse por media hora dentro de un tanque de agua y esperar allí hasta que los agentes de la Seguridad Nacional se fueran. La misión para la que había sido llamado y que le transmitió Leonardo Ruiz Pineda consistía en instalar un conjunto de emisoras en lugares claves de la geografía nacional.

Transcurrieron 8 meses, la situación en el país era de tensa calma pero la represión selectiva no descansaba. En medio de la persecución, Chacín Ducharne encontró la manera de trasladar un equipo de radio hasta Caripito en el oriente del país y llevar otro hasta Maracaibo, en el estado Zulia. De regreso a Caracas no consiguió quien lo escondiera, sus compañeros lo evadían, ya era como el leproso del que todos huyen. Sin tener sitio a donde ir, tuvo que llegar a su casa en donde lo apresaron en noviembre de 1950. Fue regresado a la Cárcel Modelo y estuvo allí hasta marzo de 1951, fecha en la que lo liberaron con la condición de que abandonara Caracas. Era la época de Jorge Maldonado Parilli, como jefe de la Seguridad Nacional, cuya “mano suave” con los conspiradores estaba a punto de costarle el cargo.

La Seguridad Nacional de Maldonado Parilli

Derrocado el presidente Gallegos el 24 de noviembre de 1948, se procedió de inmediato a una purga; la cárcel Modelo de Caracas se llenó de ministros del extinto régimen; la Junta Militar, con la fría pericia de un cirujano, procedió a llenar los espacios de poder que permitieran al estado nacional la continuidad de su acción. 5 días después del golpe se designó al señor Jorge Maldonado Parilli como director del principal cuerpo policial, llamado entonces indistintamente y de manera informal, el Cuerpo de Investigación Nacional o Seguridad Nacional. Maldonado Parilli venía de ejercer un importante cargo en el Servicio de Identificación y antes (entre 1945 y mayo de 1948) fungió como Director de Investigaciones Criminológicas de la Comandancia General de Policía.

Por su formación técnica, su papel precursor en la creación de un cuerpo de investigación de carácter científico y su experiencia al frente de la Criminológica, Maldonado fue recomendado a la junta, que no dudó en convocarlo para ponerlo al frente del organismo que en lo adelante estaría llamado a ocupar un rol principalísimo en la lucha contra el delito común y la conspiración política. Como jefe de la Seguridad le tocó coordinar en campo los esfuerzos dirigidos desde el gobierno nacional a su centralización; oficialmente decretada el 24 de junio de 1949; igualmente desempeñó (a ojos de tirios y troyanos) una labor limpia y eficiente en las investigaciones sobre el asesinato del presidente de la Junta, Comandante Carlos Delgado Chalbaud, hecho acaecido el lunes 13 de noviembre de 1950.

Sin embargo, su actuación frente a la conspiración no tardó en ser cuestionada. Labor que sus propios subalternos en corrillos de cafetín y pasillo calificaban de indolente y nula. Los adecos y comunistas que en principio se limitaban a provocar algunos desordenes insignificantes o a distribuir propaganda contra la junta pasaron pronto a otro nivel de lucha; la armada, sin recibir por parte de Maldonado una respuesta eficaz. Ya en enero de 1949, con motivo de la circulación en Caracas de un manifiesto clandestino de Acción Democrática, Maldonado Parilli recibió una advertencia por parte del entonces Ministro de Defensa, Comandante Marcos Pérez Jiménez quien en tono seco le espetó:

– Óigame bien, Maldonado. Le doy seis meses de plazo para acabar con todo esto…

Pero el plazo se cumplió y la actividad subversiva en lugar de ser controlada fue creciendo. Los conspiradores entraban y salían del país. Los apresados eran liberados al poco tiempo con alguna condición (como en el caso anteriormente mencionado de Horacio Chacín Ducharne). La mano débil de Maldonado llamó la atención de la junta, que comenzó a pensar en la posibilidad de sustituirlo. La gota que derramó el vaso fue la espectacular fuga del puesto de socorro de la esquina de Salas del dirigente de la resistencia Alberto Carnevalli ocurrida el 26 de julio de 1951, antes de esta acción dirigida por un comando armado acciondemocratista, se produjo la fuga de Castor Nieves Ríos. En ambas ocasiones, se puso seriamente en duda la lealtad de Maldonado al gobierno al que servía; de tal manera que en agosto de 1951 es llamado al despacho de Interiores, en el que el ministro Luis Felipe Llovera Páez le pidió que pusiera el cargo a la orden.

El 31 de ese mes, el señor Pedro Estrada asumía las riendas del organismo policial.

Don Pedro Estrada

En marzo de 1949, un atildado caballero fue retenido en el puesto de control del aeropuerto internacional de Maiquetía. Los funcionarios le pidieron esperar, al poco rato lo llevaron ante la presencia del Comandante Castellano, jefe de la terminal aérea, quien no más tenerlo enfrente le preguntó:

– ¿A qué viene usted a este país? ¿Cuáles son sus intenciones?

El interpelado que no era otro que Pedro de Alcántara Estrada Albornoz respondió sin inmutarse.

– Vengo porque este es mi país y tengo el derecho de regresar.

Informadas las autoridades de la llegada de este hombre y no teniendo nada que objetar sobre su presencia en el país, fue autorizado a ingresar. Lo que produjo la escena anterior fue el hecho de que Estrada estaba considerado como un tipo peligroso por ser conspirador de vieja data y haber estado vinculado a los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita.

Exiliado desde el 22 de diciembre de 1945, ahora regresaba de Brasil para intentar una vida normal en la patria. Al poco tiempo de estar acá contactó con la Junta Militar de Gobierno a través de sus amigos Laureano Vallenilla y Altuve Carrillo quienes le presentaron al Comandante Delgado Chalbaud, Presidente de la Junta, con quien logró empatía al enterarse aquel de su participación en la fallida conspiración del Falke (1929) liderada por su padre Román Delgado Chalbaud.

A partir de esa ocasión, Pedro Estrada integró una misión diplomática que tenía la tarea de establecer contacto con las autoridades de varios países. En realidad una mascarada que le permitía a Delgado Chalbaud deshacerse de un peligroso enemigo suyo: el Capitán Pulido, Jefe del Servicio de Inteligencia Militar, conocido por su habilidad para la intriga y la conjura. Cumplida esa fase, Estrada pasó a ser Agregado Especial en la embajada de Venezuela en Washington. Allí se le encomendó la tarea de recabar información sobre la labor de los líderes opositores exiliados, no solo en los Estados Unidos sino en México y el Caribe.

La eficiente labor de Estrada en preparar una especie de maquinaria continental que le permitía a la junta luchar contra la conspiración adeca con ayuda de gobiernos amigos, con los que el agregado especial tenía excelentes relaciones, llevaría finalmente a decidir su nombre entre todos los que se barajaron para sustituir a Maldonado Parilli en la jefatura de la Seguridad Nacional. Eso, aunado a su experiencia y conocimiento en inteligencia policial obtenidos a lo largo de su carrera. En 1936 Pedro Estrada era jefe de la policía de Maracay, posteriormente ocupó cargos directivos en la policía de Caracas y fue director de la cárcel Modelo durante el gobierno del General Medina hasta que por intrigas palaciegas, conducidas según sus palabras por Arturo Uslar Pietri fue marginado del poder.

Pedro Estrada, al margen de lo que puedan unos y otros pensar sobre él, era en aquel momento, agosto de 1951, el candidato ideal para ocupar el cargo: Inteligente, eficiente, leal a sus superiores y con un estricto sentido de la defensa del orden al que servía. Muy pronto los enemigos del régimen militar sufrirían el rigor de su accionar y muchos temblarían de miedo al solo oír pronunciar su nombre.

pedro estrada y jorge maldonado parilli seguridad nacional

Una nueva etapa

Pedro Estrada procedió a reorganizar el cuerpo apenas asumió el cargo; hizo cambios en la nómina directiva y de entre el personal de menor rango seleccionó a un grupo de hombres que le serían fieles hasta el final, algunos por convicción y otros porque no tenían otra salida. Desde su llegada dio a conocer su estilo de trabajo, metódico, riguroso, frío e implacable. Con lisonjas para los “buenos funcionarios” y castigos brutales para los que se descarriaran. Algo que le resultó muy útil fue el archivo incautado al partido Acción Democrática cuando fue ilegalizado. Entre los documentos estaba el registro de los militantes y amigos de la defenestrada organización. Con esto tenía perfectamente ubicados a los enemigos reales y potenciales del régimen; amen de que le servía para mantener el terror entre sus propios hombres, debido a que muchos de ellos tenían familiares que aparecían en la fulana lista.

Con la bien aceitada maquina que logró montar comenzó a desarticular el incipiente pero valeroso aparato de la resistencia. Uno a uno fueron cayendo sus principales dirigentes, muchos de ellos cobardemente delatados por sus propios compañeros. En rápida sucesión rindieron sus vidas Castor Nieves Ríos, Leonardo Ruiz Pineda, el capitán Wilfrido Omaña, Alberto Carnevalli y Antonio Pinto Salinas. Esto en el corto lapso que va de octubre de 1952 a junio de 1953. Muchos otros van a los calabozos. A los delatores se une una red de espías que actuaban por su cuenta: comerciantes, empresarios, taxistas, empleados públicos y privados movidos casi siempre por un sentimiento de revancha contra los adecos, a quienes consideraban una peste por el gobierno que habían hecho entre 1945 y 1948.

Las conjuras opositoras encaminadas a provocar daños materiales fracasan en el mismo vientre, sus artífices son detenidos y las armas y explosivos decomisados. Un ejemplo de ello es la intentona golpista de octubre de 1951, condenada al fracaso desde su inicio por la acción de un confidente.

El complot del 12 de octubre de 1951

Al salir de la cárcel en marzo de 1951, Chacín se traslada a Cumaná para cumplir con la condición impuesta por las autoridades. Aquella ciudad oriental le sirve de base para continuar la actividad subversiva. En octubre es llamado a Caracas donde sería notificado de una nueva misión, entra de manera clandestina a la capital y se pone en contacto con Pedro Fonseca quien le notifica que se avecina un golpe en el que debía participar. Toma debida nota de aquello y aprovechando su estadía en Caracas monta, junto a un compañero de nombre Carlos Giffono un nuevo transmisor. El trabajo lo hicieron en una casa de Boleita, que tiempo después sería allanada, pues los que la ocupaban y la mantenían en funcionamiento como centro conspirativo no sabían que el hombre que se las había alquilado era amigo personal de Pedro Estrada. El chofer del casero, quien vivía cerca de allí le dio el pitazo sobre reuniones en la casa a altas horas de la noche y aquel no dudó en pasar la información a la Seguridad Nacional.

El 9 de octubre, Chacín Ducharne acude a una cita con Leonardo Ruiz Pineda, el máximo jefe de la resistencia por AD, El contacto se hace en un vehículo estacionado frente al “Sears” de Bello Monte. Ruiz Pineda le informa en detalle del golpe que se prepara en connivencia con militares de rango medio y le entrega un mensaje para Segundo Espinoza, jefe del comando en la región oriental. El mensaje era una contraorden del golpe programado para el viernes 12 de octubre, aquel día según el plan se debía atentar contra la Junta de Gobierno durante los actos de celebración por el “Día de la Raza”, mismos que tendrían lugar en el Paseo Colón de Los Caobos. Aquella acción estaría combinada con un levantamiento armado que debía tener lugar el mismo día y a la misma hora en la zona oriental del país. La contraorden indicaba que si no oían la señal de una emisora procedente de Caracas a las 10 de la mañana del día 12, se debía posponer la acción en el oriente para el 13 a las 5 de la mañana. La misma noche del 9, Horacio Chacín, salió con una emisora hacia Puerto la Cruz. El carro donde iba fue detenido en la alcabala de Mamera, pero por fortuna no fue requisado. Al día siguiente, entró en contacto con la Habana para informar que todo estaba listo para el golpe militar del 12.

Sin embargo, nuevamente la delación haría de las suyas, esta vez en la persona de un individuo de nombre Eusebio Chacín (a) El Chema, militante de Acción Democrática quien al enterarse del nuevo plan corrió a contárselo al bachiller Castro en la Seguridad Nacional. La información fue pasada a las más altas autoridades que tomaron las debidas previsiones. El confidente fue recompensado con una jugosa paga y el plan conspirativo se condenó al fracaso.

Para completar el cuadro, además del soplo, ocurrió un hecho fortuito que permitió conocer con exactitud el lugar de confección de las bombas; el día 11 dentro de una casa ubicada en el sector de Maripérez estalló, por imprudencia en el manejo, un niple con dinamita que estaba siendo embalado junto con otros en una caja de madera, por los militantes José Cherubini y Manuel Felipe Carías, resultando ambos con heridas de consideración que luego los llevarían a la muerte. Formado el zafarrancho voló al sitio una comisión de la Seguridad Nacional que incautó un fuerte arsenal y apresó al propietario de la vivienda y a otra gente vinculada a la improvisada fábrica de armas.

El 12 de octubre, naturalmente, no llegó la señal convenida al comando oriental ubicado en Puerto la Cruz, y como no llegó más información, los sublevados quedaron en actuar al día siguiente según el plan. Chacín y otros compañeros se levantaron el 13 a las cuatro de la madrugada y procedieron a repartir entre su gente un lote de machetes y otras armas con los que se dispusieron a tomar la planta eléctrica y la sede de la Seguridad Nacional. El saldo fue de varios muertos y heridos. Los conspiradores que ya estaban descubiertos fueron cercados por el enemigo; antes del amanecer la situación había sido controlada. Al ver fracasada la intentona, el grupo acordó retirarse a buscar resguardo; cada uno lo haría por sus propios medios. Chacín y otro compañero lograron burlar el cerco hasta llegar a Caracas, donde encontraron que las calles estaban siendo patrulladas por el ejército. Por supuesto, no consiguieron quien los “enconchara”. El terror cundía por doquier, todo era confusión y dispersión por la cantidad de allanamientos y detenciones. Al ver aquello, Chacín Ducharne se dirigió a su casa pero antes de llegar a ella, su hermana le hizo señas desde una ventana para que se alejara.

Aquella noche deambuló por varios sitios buscando un escondite, pero hasta un familiar muy cercano le tiró la puerta en la cara. Días después se introdujo en la embajada de Francia buscando asilo, sin saber que el país de la liberté, egalité et humanité tenía como política no reconocer ese derecho. Allí pasó treinta días con el embajador tratando de convencerlo de que se entregara. En algún momento, Leonardo Ruiz Pineda enunció la intención de rescatarlo, idea que llegó a oídos de la Seguridad. Ulises Ortega, el temible jefe de la Sección Política se apostó con sus hombres a la puerta de la sede diplomática. Finalmente convencido por el embajador, Chacín se entregó. Al recibirlo, Ortega le susurró que era mejor que lo hiciera pues de lo contrario le podía ir muy mal a su madre y a sus hermanos. A las 12:30 de la noche sale de la embajada con dirección a la Seguranal en donde de seguro le esperaba lo peor, pero el embajador de Francia intercede, a instancias de su familia, pidiendo que el detenido fuera expulsado del país. El gobierno accede. Antes de salir, Pedro Estrada lo hace llevar a su despacho para advertirle:

– Si te portas bien en el exterior te daré visa dentro de 6 meses, pero si vuelves a entrar te mato.

anastasio somoza

Matar a Somoza

En 1953, Horacio Chacín Ducharne está de nuevo en Costa Rica, llegó allí desde Trinidad lugar al que fue deportado inicialmente. En San José se hospeda en una pensión en la que convivían conspiradores de todas partes; al lado de su habitación estaba la de Juan Bosch, escritor y fundador del Partido Revolucionario Dominicano. Chacín notó que en aquella estancia había un tráfico constante de personas y armas. Interesado en lo que pudiera estar pasando conversó con Juan Bosch y éste le comentó que se preparaba un golpe contra Anastasio Somoza, el dictador de Nicaragua; le dijo que precisamente necesitaban a un hombre que no fuera nicaragüense que estuviera dispuesto a viajar a Managua para realizar una entrevista con uno de sus edecanes, comprometido en la conjura. Sin pensarlo mucho, Chacín se ofreció para la tarea, entró clandestinamente al país vecino y con ayuda de un guía nica estableció el contacto. El edecán informó de la fecha exacta del golpe y le pidió al conspirador venezolano que regresara a San José a llevar la información.

De regreso a Costa Rica, Chacín le comentó a Betancourt lo que se preparaba; el jefe adeco, al saber que la dirección del golpe estaba en manos de Pablo Leal observó lapidariamente:

– Pablo Leal es un improvisado y los jefes no se improvisan.

Haciendo caso omiso de la opinión de Rómulo, Chacín se comprometió con el movimiento integrado por nicaragüenses, colombianos, cubanos, hondureños costarricenses y dominicanos. 23 hombres partieron a Managua con la misión de asesinar a Somoza pero solo cuatro regresaron con vida. El movimiento había sido delatado. La Guardia Nacional los masacró. Chacín logró salir a Costa Rica. Nicaragua exigió al gobierno de San José que se expulsara de allí a Juan Bosch y a Rómulo Betancourt, de no hacerlo invadirían. Ni cortos ni perezosos los costarricenses pidieron a sus huéspedes que se fueran. Betancourt viajó a Puerto Rico, Bosch a Chile y Chacín terminó su aventura contra Somoza en México.

romulo betancourt pedro estrada

La operación Binoni

Después de estar dos años en México, Chacín Ducharne decide regresar al país. No aguanta más la inactividad y siente que algo debe hacerse en el terreno contra la dictadura. Viaja a Colombia vía Panamá. En Barranquilla consigue a Luis Augusto Dubuc quien acababa de llegar de Trinidad, expulsado de Caracas después de pasar varios años en la cárcel. Chacín le manifiesta su intención de regresar y con los ojos como dos platos Dubuc le advierte que de casualidad llegaría a la frontera. “Si entras allá, te matan hijo”.

Chacín siguió en sus trece, había decidido volver y de allí nadie lo sacaría. Lo que no sabía el joven, era cuan profundamente habían cambiado las cosas en el país en los casi 4 años de su ausencia. La resistencia estaba casi aniquilada, apenas sostenida por un arrojado grupo de hombres y mujeres. Los de mayor mística habían sido asesinados, las cárceles estaban repletas, los líderes nacionales no se atrevían a regresar de su dorado exilio… En las calles nadie hablaba de política.

En Cúcuta enlazó con una pareja amiga que lo ayudaría a entrar, lo pusieron en contacto con un señor llamado Luis Martínez, residente en San Antonio del Táchira, quien le consiguió una cédula falsa y lo llevó hasta Caracas. En la capital se reunió con el profesor Pedro Felipe Ledezma, Secretario General clandestino de Acción Democrática, quien le hizo un rápido resumen de la situación:

– Acción Democrática está desmoralizada, casi nadie quiere reunirse ni colaborar con nosotros, las “conchas” no llegan ni a diez. Somos muy pocos los que seguimos en la lucha.

Al indagar sobre aquel miedo paralizante, Chacín entendió que la razón era Pedro Estrada.

– Su sola mención – diría años más tarde – asustaba a la gente. En esa ocasión vi a muchos que hoy alardean de valientes, temblándoles las piernas. No había miedo. ¡Había pánico! A los pocos días de estar en Caracas, dije a Pedro Felipe que no se podía intentar nada sin antes liquidar a Estrada y que esa acción era imprescindible para levantar la moral del partido. Ledezma me respondió que lo único que tenía era una Colt 45 y que ese era todo el arsenal con el que contaba el Comité Ejecutivo Nacional.

Vista la situación, Chacín decidió salir de nuevo al exterior a conseguir las armas necesarias. Viajó a Costa Rica donde planteó el plan que tenía. La Dirección en el exilio estuvo de acuerdo, pero con una condición: El nombre del partido no debía verse vinculado a aquello. Se trataba de una operación terrorista y AD se oponía a ellas doctrinariamente; pero sin duda era necesaria. Había que dar una demostración de fuerza y decisión frente a la dictadura.

La operación contra la vida de Pedro Estrada se bautizó “Binoni”, porque este era el nombre con el que los conjurados se referían al jefe policial en clave. Betancourt era “Álvarez”, Chacín era “Mauro”, Carlos Andrés Pérez era “Sierra” y Pedro Felipe Ledezma era “Oscar”.

11 intentonas

El plan tenía el apoyo de las autoridades costarricenses, Carlos Andrés Pérez a quien se encargó de coordinar la logística envió las armas a Bogotá por medio del Embajador de Costa Rica en Colombia, quien las trasladó en valija diplomática. De allí fueron llevadas a Cúcuta por Faustino Pulgar y J.J. Álvarez. Horacio Chacín las recibió y las metió por lotes a Venezuela en agosto del 55.

Sobre los pormenores de la Operación Binoni hay otra versión que rueda actualmente por allí y que difiere en varios aspectos de lo contado por el propio Chacín al periodista José Luis González en una entrevista que apareció publicada en la revista Elite número 2.046 correspondiente al 12 de diciembre de 1964. Dejemos que sea el mismo protagonista quien nos cuente, acotando antes que por espacio de un año y en 11 ocasiones se intentó secuestrar a Pedro Estrada sin éxito:

“Encontramos muchos tropiezos para seguir los movimientos de Estrada. Encargamos a algunas personas para ese trabajo, pero fueron una sola vez; luego desaparecieron. Los volví a ver después del 23 de enero de 1958, cuando aparecieron como víctimas de la “feroz Seguridad Nacional”. Por esa falta de información no podíamos actuar. Además, Pedro Estrada, con una gran experiencia en asuntos de policía y con una gran malicia se desplazaba sin dejar rastros. Parecía consciente de que en cualquier momento podía ser víctima. Ataba todos los cabos de su seguridad personal”.

“No obstante intentamos el secuestro en 11 ocasiones. En principio pensé en el secuestro, pero si éste fallaba estaba dispuesto a liquidarlo. Era la única forma de que los temerosos dirigentes salieran de sus escondites. En esto no puede desmentirme nadie. Lo saben los hombres que he nombrado y muchos que podría nombrar. Ledezma sabe que muchos “grandes dirigentes de hoy” se nos rajaron en aquella ocasión con argumentos baladíes, como los de “yo tengo mujer” o “tengo hijos” o “estoy muy fichado”. Con estas cosas ocultaban el miedo. En una ocasión le asomé a uno la posibilidad del secuestro de Estrada y me respondió que ni siquiera se me ocurriera nombrar a ese señor en su presencia. En julio de 1956 convoqué a la gente en el apartamento de “Ñañita” que era el lugar donde me escondía y les dije que el tiempo conspiraba contra nosotros; que una acción como la que estábamos llevando a cabo tenía un tiempo límite; que en mi concepto ese tiempo se había cumplido y que en adelante nuestras vidas corrían mayor peligro”.

Chacín les comunicó además que saldría al exterior, muchos no estuvieron de acuerdo, querían continuar con la operación; pero fue sabia la decisión de aquel hombre. A los pocos días de salir, uno de los complicados cayó detenido, no resistió las torturas y contó todo lo que sabía; dio nombres y direcciones. En la madrugada del 4 de agosto de 1956 cayeron las armas y los conjurados.

Pedro Estrada creyendo que Chacín seguía en el país desató una feroz persecución en su contra. En 1951 le había formulado una amenaza y ahora estaba más que dispuesto a cumplirla. Ordenó a sus agentes que dispararan contra Chacín donde lo vieran. Retardó la noticia del descubrimiento del complot tratando de dar con el conspirador.

Finalmente el 9 de agosto decidió dar aquella versión sobre el intento de magnicidio. Chacín creía que lo hizo para quedar bien con Pérez Jiménez apareciendo como su salvador. Sobre Estrada diría en 1964.

– En mi concepto Pedro Estrada no fue un bandido. Sencillamente defendió un gobierno en el cual creía, mientras yo defendía mis principios. Estábamos ubicados en posiciones distintas. No esperaba clemencia de él porque yo también estaba dispuesto a echarle plomo; pero si hoy lo encontrara no tuviera ningún inconveniente en saludarlo. Esto no lo concibe mucha gente sobre todo los cobardes.

A su salida del país en julio de 1956 Chacín regresó a México donde supo de la expedición que Fidel Castro preparaba para invadir Cuba, se unió al movimiento y colaboró con el grupo hasta la caída de Pérez Jiménez. El 26 de enero de 1958 regresó al país. Más tarde se incorporaría a la campaña electoral que llevó a la presidencia a su jefe Rómulo Betancourt. Seis años después estaba decepcionado. Sentía que las cosas por las que había luchado no se estaban cumpliendo. Vio con amargura como los dirigentes que jamás arriesgaron el pellejo en la resistencia capitalizaban, a su entender, un movimiento al que muy pocos se mantuvieron leales en las horas más difíciles.

Horacio Chacín Ducharne falleció en la ciudad de Caracas el 2 de septiembre de 2012, tenía 84 años. Sus restos fueron cremados en el Cementerio del Este en una ceremonia privada. Aquel día, Henry Ramos Allup, Secretario General del partido Acción Democrática escribió en su cuenta de la red social Twitter:

– Falleció Horacio Chacín Ducharne, un gran adeco templado en la clandestinidad, la resistencia y el exilio.

henry ramos allup twitter

Publicado el 23 de marzo de 2013

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17 comentarios

  1. sobran las letras para expresar mis gratitud con esta espectacular cronica pues leí un libro llamado pedro estrada y sus crimenes y de ahi he leido mucho sobre este polemico personaje de la dictadura del general marcos evangelista perez jimenez hay un libro del profesor agustin blanco muñoz que se llama pedro estrada hablo espectacular gracias amigo pedro y sñora mariana por esta espectacular cronica.

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    • Gracias a ti, Domingo por estar siempre pendiente del trabajo que humildemente realizamos y tomarte la molestia de comentarlo. En las próximas semanas esperamos publicar uno de los temas que solicitaste (vinculado a Pedro Estrada) y esperamos llegue a ser de tu agrado. Un abrazo querido amigo.

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  2. que bien narrada esta historia no me canso de felicitarlos por su gran trabajo investigativo .dios los bendiga

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  3. Pedro, Mariana, hace tiempo que conoci esas fuentes de esta historia, pero la composición que Uds., han hecho es soberbia!!! considero que Cronicas del Tanato debe un día convertirse en una serie de libros! que buen trabajo como investigadores y compositores hacen Uds.,! saludos…

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  4. Interesante ¿Cual es la fuente de los relatos? buen artículo.

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  5. Cuantos buenos recuerdos…

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  6. Así pasó y así pasará. Los valientes lucharán, entregarán toda su juventud, sacrificará sus sueños, proyectos, amores y familia. Darán su vida, y finalmente, será ignorados. Volverán los cobardes, los arribistas, los que viven cómodamente en muchas partes del mundo. Ellos, regresarán como héroes, como grandes personajes de la historia y obtendrán beneficios, elogios y recibirán, en bandeja de oro, las llaves de los poderes. Nadie recordará a los caídos, a los que han batallados por un mejor futuro, por la justicia y la libertad. Nidie valorará el esfuerzo y sacrificio, de los que honradamente batallan por el bienestar común…honro y siento admiración de este venezolano, de este “Miranda” del siglo XX, que nunca se rindió, en pro de la democracia, pero que fue desechado por las cúspulas, liderada por corruptos y buitres…bravo por Horacio Chacín Ducharde.

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  7. Actualmente enero de 2015 existen innumerables Pedro Estrada, escondidos en las filas de un gobierno que no se le ve orilla por ninguna parte, será la historia contemporánea de nuestra querida y triste Venezuela quienes se encargaran de hacer que paguen la muerte de tanta personas, en manos de la delincuencia, de enfermedades acabadas y recuperadas en este falsa democracia, una sociedad a social donde no existen principios, ni valores, sobrevive el mas apto para aguantar colas de mas de ocho horas para comprar los artículos de primera necesidad y luego venderlos a los que por trabajar honradamente no tienen tiempo para ir a hacer las kilométricas colas, (estos son los mal llamados bachaqueros). Es muy deplorable que después de 57 años de derrocar una dictadura, estemos llevando internamente las mas cruel, la del miedo, la del esperar que el gobierno me de algo, la de un CNE amañado a merced de los personeros del gobierno; donde lo que se no cría es y no es lo que se esperaba y se creía de un gobierno inicialmente disfrazado de democrático. Como decía alguien por allí, que ya no anda por estas calles, aunque hasta eso aun, esta en dudas… “el que tenga ojo que vea”.

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    • Considero según lo que he leído de este personaje, que ningún hombre es comparable a Pedro Estrada, aquí en Venezuela lo que abunda es la corrupción, el amiguismo y cosas que jamás se vivieron en el régimen de Perez Jimenez.

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  8. Soy el hijo menor de Horacio Chacin Ducharne, y gracias a este excelente articulo he conocido despues de 40 años, la verdadera historia de mi papá.Muchisimas gracias por tan distinguida narrativa ha sido un placer concer esta información.
    Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia.

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  9. Ahora tienes que escribir sobre los asesinatos de los adecos,incluyendo lo de Posada Carriles, el Caracazo, los Teatros de Operaciones, los tirados de helicópteros, son bastantes crímenes.

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  10. Excelente tal cual narrado por mi padre infinitas veces al enseñarme sobre la historia que el y a cada uno les toco vivir. Excelente traerlo a la palestra de estos momentos tan dificiles y crueles que vive nuestra Venezuela. Hombres valientes que se jugaron la vida. Soy Niria Chacin hija de HORACIO CHACIN DUCHARNE. Gracias por compartir y haber hecho este excelente trabajo, le felicito.

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