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Me llaman Barrabás 2da parte

Pedro Rafael Serrano Toro alias Barrabás

Viene de la primera parte

“Llegó la noche fijada para la fuga y no podíamos fallar. Carlos, uno de mis compañeros dormía al otro extremo de la habitación. Como a las dos de la madrugada fui hasta su cama y lo desperté; le hice señas para que me siguiera sin hacer ruido. Al llegar a la puerta el vigilante roncaba como un aserradero. Pasé 5 minutos tratando de abrir la puerta y la frente se me mojó con el sudor. Salimos y cerramos la puerta, nos dirigimos a los baños y desde las ventanas saltamos unos 3 metros. Pronto nos internamos por una franja de gamelote hasta que llegamos a la línea del tren que iba para Caracas; seguimos por esta hasta el puente más cercano. Debíamos poner el máximo de tierra por medio durante la hora que nos quedaba antes de que notaran nuestra ausencia. Por la línea férrea hubiese sido más ligero pero habríamos corrido el riesgo de que nos interceptaran antes de llegar a nuestro destino, debíamos flanquear el cerro antes del alba para evitar ser vistos desde el internado. Cuando lo conseguimos nos pusimos en camino hacia la población de Carrizales.

Nos preocupaba la indumentaria que llevábamos, short, franelas y alpargatas. De ser más niños se hubiesen notado menos pero yo pasaba de los 15 años y mi amigo se acercaba a los 17 así que se me ocurrió la siguiente idea: Al pasar por la alcabala, para no despertar sospechas trotaríamos y haríamos movimientos coordinados para simular que ejercitábamos, no debíamos confiarnos.

Ahora teníamos que conseguir ropa ¿Cómo? Mientras lo pensaba oculto en el matorral divisábamos gran parte del pueblo. Creí hallar la solución en una casa que construían. Tendríamos que esperar hasta la hora de almuerzo y de descanso de los trabajadores y ver si conseguíamos algo allí que nos sirviera para camuflarnos. Al mediodía le dije a Carlos que estuviera “mosca” por si me descubrían. Como lo había previsto la casa estaba sola, al único que divisé dentro dormía la siesta. Me acerqué al espacio destinado a la ropa y tome un haz. Luego le hice señas a mi compañero para que me siguiera y ya lejos del sitio revisamos las ropas y nos pusimos las que nos quedaban menos grandes. Dentro de los bolsillos conseguimos un total de 52 bolívares. Ya con ropa nos detuvimos en la carretera que hacía el servicio entre San Antonio y San Diego. Desde allí abordaríamos un vehiculo que no llevaría hasta La Cortada de Guayabo para luego llegar a Caracas.”

Una vez en la ciudad lo primero que hicieron los muchachos fue comer; saciada el hambre Pedro sintió el deseo de ver a Nelly por lo que le propuso a Carlos encaminarse a la casa donde ella vivía con la abuela y su hermano Freddy alias El loco compañero de Pedro en la tercera fuga del reformatorio. Para evitar ser inoportuno le pidió a Carlos que lo esperara en una esquina cerca de la casa. Jamás pensó ser tan bien recibido, en la vivienda solo estaba la abuela, Nelly andaba con su hermana Margarita visitando a sus hermanos en la Seguridad Nacional porque días antes estos habían sido detenidos cuando intentaban robar un carro.

Pedro contó a la anciana lo que le había pasado y como logró evadirse de nuevo, le habló de Carlos y ella le dijo que saliera a buscarlo, les preparó comida y les dio ropa, mientras comían llegó Nelly. Al día siguiente hablaron del caso de Freddy y Ramón, Pedro quería saber como podían sacarlos de la cárcel, le dijeron que los policías pedían 800 bolívares por la libertad de ambos y esto dejo pensativo al muchacho.

Pedro Rafael Serrano Toro alias Barrabás

Ese mismo día la abuela les dio 20 bolívares para que fueran al cine y el grupo de mozalbetes decidió ver el film “Callejón sin salida” que dejo a Pedro impactado pues la vida del protagonista se parecía mucho a la suya. En la noche Pedro les habló de una idea que tenía para conseguir el dinero que pagara la libertad de Freddy y Ramón: El asunto consistía en robar alguna quinta al día siguiente aprovechando que era domingo y tenían muchas posibilidades de conseguirla sin sus ocupantes. El problema era que no tenían un vehiculo que los llevara y los sacara de la zona, la abuela ofreció dinero para pagar taxis y Nelly se opuso pues pensó que era muy arriesgado y le pidió al muchacho que no lo hiciera. Este por supuesto hizo caso omiso y al amanecer le solicitó que le entregara los hierros necesarios para hacer el trabajo, la chica se negaba pero al final ante la insistencia de Pedro y la abuela la muchacha cedió; lo despidió con lágrimas cuando abordó el taxi que junto a Carlos lo llevaría a la zona seleccionada para el robo.

A solicitud de Pedro, el taxista enfiló hacia la urbanización La Florida en el este de la ciudad, los chicos se apearon en la calle Los Jabillos y se dieron a la tarea de seleccionar una casa adecuada para introducirse, ambos estaban nerviosos pues se sabían novatos en esas lides y no contaban con un vehículo que los pudiera sacar de allí en caso de apuros. Tardaron un buen rato para decidirse y estuvieron a punto de desistir de la idea por un mal presagio que sintieron. Sin embargo siguieron adelante hasta que encontraron una quinta vacía, ayudados por las herramientas violaron una de las ventanas y se introdujeron a robar. Cuando estaban en lo suyo oyeron el sonido de un motor, se asomaron con sigilo para ver de que se trataba y lo que vieron los heló. De una camioneta de la Seguridad Nacional descendieron varios agentes armados y los conminaron a entregarse, resultó que al momento de entrar a la casa un transeúnte los vio y aviso a la policía que no tardó en llegar.

Una vez apresados fueron llevados hasta la División de Menores en la sede que el siniestro cuerpo policial tenía en Puente Junín, luego del interrogatorio fueron llevados a la celda. De uno de los calabozos salió una voz conocida, la voz de su amigo Ramón quien estaba en una celda contigua. Ramón le informó que Nelly estaba al tanto de lo que había pasado y que iría al día siguiente a llevarle el desayuno. Ramón y Carlos se prepararon para pasar la noche lo mejor posible.

Nelly y Margarita llegaron a las nueve y por intermedio de los policías le hicieron llegar la comida y una carta en la que le decía que sería pasado al Reten de Menores de Los Dos caminos, Carlos iría de vuelta al reformatorio en Los Teques.

“El reten de Los Dos Caminos era diferente a los otros. Su aspecto exterior era el de una casa colonial. Al entrar me di cuenta que sería difícil fugarse de ese sitio […] Entre los que allí estábamos el mayor tenía 16 años y el menor 10, todos habían sido apresados por la Seguridad Nacional. Cuando quede solo me puse a pensar en las consecuencias de la vida que estaba llevando. Mi pensamiento era un maremagnum de contradicciones. Tal vez otros a esa edad, al margen de la ley, ya se sentían rendidos. Yo no, experimentaba una emoción peculiar al saberme perseguido y acosado, creo que me gustaba el juego. Me obsesionaba el deseo de escalar posición en el ambiente en el que me desenvolvía. No podía echar pie atrás.

Al día siguiente tuve una grata sorpresa, fueron a verme Nelly y Margarita. Nelly me dijo que a “El Loco” lo iban a soltar pero a Ramón lo tenían en una lista para enviarlo a las Colonias Móviles de El Dorado. A mi pensaban enviarme al Instituto de Readaptación de la Isla de Tacarigua.

Al marcharse Nelly no podía coordinar mis pensamientos. La fuga. Imposible. Necesitaba desahogarme de alguna manera, pensar en que sería enviado a la Isla de Tacarigua me ponía furioso. Prefería ser enviado de vuelta al reformatorio.

Al cuarto día de estar en el reten comencé a llamarme “Barrabás”, que ha sido el apodo que me ha acompañado toda la vida. Un sargento de policía me designó Cabo de Presos, encargo que solo se daba a los muchachos respetados por el grupo. […] Este sargento al nombrarme cabo de presos le dijo a otro guardia: Este es un Barrabás y como le sonó bien me siguió llamando así. En el papel de cabo yo lo miraba todo, el detalle, el resquicio para darme a la fuga. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa menos ir a la Isla de Tacarigua.

Crónicas del Tánatos Crímenes en Venezuela

Al sexto día me anunciaron que tenía visitas. Eran Nelly y Ramón. El Loco era al que iban a mandar a El Dorado. Nelly me trajo noticias de mi madre, me anunció que tenía un quinto hermanito. Mi madre sabía que me había fugado del reformatorio pero no sabía donde me hallaba. Nelly no se lo dijo. Después hablamos de mi situación. Tenía dos caminos: o fugarme o confesar que era un evadido del Instituto de Pre-orientación de Los Teques. Tenía una semana para planear la fuga antes de que los trámites para mi traslado a la Isla de Tacarigua terminaran. Si todo fallaba mi madre sería notificada de mi situación para que me devolvieran al reformatorio. ¡Que irónica es la vida! Por primera vez quería ir al reformatorio.

El ser cabo de presos me permitió llegar hasta el despacho del encargado. La calle quedaba a escasos metros, solo que para salir tenía que pasar una barrera de 6 policías de guardia en la prevención. Mi fama de malo hacía que los policías se fijaran en mí. El apodo de Barrabás también me individualizaba.

Salir por la puerta era casi imposible. Solo había una solución si Ramón y Nelly la aprobaban, al día siguiente cuando fueron a visitarme se los dije: Necesitaba un carro cerca que me esperara a mediodía con el motor encendido. A esa hora la guardia de 6 era reducida a 4. Como el despacho del jefe de menores quedaba cerca de la puerta principal yo podía acercarme a la prevención pues ya lo había antes. Me acercaría a la puerta y le pediría a alguien de afuera que me hiciera el favor de comprarme un suplemento. En el momento menos esperado echaría a correr a lo que me dieran las piernas. Nelly se asombró del plan y me dijo que podía ser blanco fácil de las balas. Le respondí que correría el albur. Ser menor de edad me daba confianza: No tirarían al cuerpo sino al aire. Ramón aprobó el plan y me felicitó. Al día siguiente vendría en el carro de alquiler de un amigo. Nelly se encargaría de venir un poco antes para avisarme si el carro esta o no.

Ante esta perspectiva me puse de un humor excelente. Volví a pensar que estaba en un callejón sin salida pero estaba dispuesto a afrontar los peligros. ”

 Nelly no acudió al otro día como habían previsto sino que mandó a un niño de 10 años a llevar el almuerzo y la razón del carro. En una corta esquela Ramón le indicaba a Pedro el lugar y la hora en que estaría esperándolo. El niño se despidió con una sonrisa picara.

“Eran las 11 de la mañana. Me quedaba una hora; tenía que actuar a como diera lugar. Regresé al interior del reten y en los calabozos llamé a uno de los que se había ganado mi confianza en los días de estar allí. Comimos juntos y le explique los pormenores de lo que iba a hacer, su opinión me importaba un bledo. Se lo conté porque necesitaba exteriorizar las emociones que en esos momentos me asaltaban y él era de fiar.

Pregunté la hora y supe que faltaba un cuarto para las doce. Tomé serenamente el corredor que conducía a la prevención. El sargento que me había bautizado como Barrabás me preguntó:

– ¿Pa´donde vas, Barra?

– A comprar unos suplementos, mi sarge.

Él sabía que siempre me acercaba a la prevención para mandarlos a buscar desde allí. Mi llegada a la prevención coincidió con la ida a almorzar de dos de los policías. El corazón se me agitaba tan frenéticamente que sentía que se iba a salir de su sitio. Estaba nervioso como todo ser humano que sabe que va a realizar algo peligroso. Exteriormente, sin embargo, estaba súper sereno. Como de costumbre llamé a uno de los chicos que se encontraban en la parte de afuera. Luego de darle el dinero me puse a conversar con uno de los policías. Le pregunté la hora: faltaban dos minutos para las 12. Tenía que actuar rápidamente, el mejor momento sería cuando el muchacho me entregara el suplemento. Entonces me inclinaría hacia el pretil que separaba la puerta del interior al exterior. Esa era mi decisión y ya no podía echarme atrás. La llegada del niño coincidió con la llegada de dos visitantes. En el preciso momento que atravesaban la puerta me confundí con ellos haciendo el gesto del que va a coger algo y arranqué a correr.

Dos policías y otras personas comenzaron a correr detrás de mí. La gente a los gritos de la policía se sumaba a la persecución. Alcancé a ver el carro y a Ramón que me hacía señas. Sentí que uno de los transeúntes estaba a punto de darme alcance. Lamentablemente el auto no estaba en la misma dirección que yo llevaba y acercarme al mismo sería delatar a Ramón. Seguí de largo con los perseguidores pisándome los talones. Los policías habían disparado más de una vez pero no al cuerpo. Deje de correr, vi que el auto se fue, Ramón había comprendido. Me sentí derrotado, todo había sido un peligro inútil”.

El 12 de agosto de 1952 Barrabás estaba de vuelta en el reformatorio de Los Teques, recibió la visita de su madre quien ahogada en llanto le pidió rectificar, verla en ese trance lo conmovió al punto de que decidió no intentar una nueva fuga. Cumplió de buen modo el tiempo que le quedaba en la institución, al salir llevaba un título de bachiller y una beca para estudiar dibujo en una escuela técnica pero también un diploma no impreso como alumno aventajado del delito.

La madre solicitó su libertad para que la ayudara a sostener el hogar de 5 hijos, él era el mayor de los varones y por lo tanto el llamado a trabajar. Una vez en la calle Barrabás se asoció con un amigo de la familia quien le propuso la idea de vender naranjas en el mercado de Quinta Crespo. El muchacho que sinceramente quería enmendarse aceptó y se fajó día y noche a trabajar. Un mal día un policía al que apodaban Veneno se acercó hasta el puesto y de manera tosca les exigió el permiso para vender, como no lo tenían les decomisó la mercancía y los detuvo. Fueron enviados por tres días a la cárcel de El Obispo, al verse de nuevo en una celda, Barrabás rompió a llorar. No entendía que hacía allí si lo único que para ese momento quería era ganarse la vida de forma honrada. Al cumplirse la pena, los dos chicos salieron a la calle desanimados, solo pudieron rescatar los aperos de trabajo pues la mercancía se la habían comido los policías. Pese a ello decidieron comenzar de nuevo. Al siguiente día bien temprano estaban de nuevo voceando su mercancía, durante tres días trabajaron tranquilos hasta que Veneno se apareció nuevamente para apresarlos esta vez por 6 días por reincidentes. Al salir no contaban ni con las herramientas pues los policías se las habían robado, intentaron una tercera vez con un permiso que les tramitó un amable funcionario pero igual no les sirvió de nada pues con permiso y todo fueron llevado otra vez a la cárcel.

Cansado ya de la injusticia, Barrabás decidió volver al mundo del crimen, pero ya no como el mozalbete inseguro e inexperto sino con toda la fuerza que el odio anidado en su corazón fuera capaz de darle. Fue así como desarrolló la carrera delictiva que lo llevó a las primeras planas de los periódicos en los años 50. A comienzo de la década de los 60 era ya el enemigo público número 1.

Su amplio prontuario llevó al juez a imponerlo de 28 años, pero en la vida que hasta ese entonces había llevado; entre delincuentes y policías, entre el odio y la violencia, logró subsistir de manera tímida su deseo de ser una buena persona. Ya estando preso en 1961 cuando intentó atracar un banco, Pedro se ganó en una rifa una maquina de escribir con la que se dedicó a redactar impresiones sobre su propia vida. En la cárcel el tiempo se le iba en leer a los clásicos: El Quijote de Cervantes fue uno de sus muchos compañeros en las horas muertas de la prisión, cuando fue condenado ya tenía listas un buen número de cuartillas. Decidió entregarlas al periodista Víctor Manuel Reinoso quien las publicó en la revista Elite.

Pedro Rafael Serrano Toro alias Barrabás

Gracias a esto conoció a la que sería su futura esposa, Hilda Ascanio, esta noble mujer al leer el artículo comenzó un intercambio epistolar con Pedro aconsejándolo. Sobre este episodio Barrabás recuerda: “Al principio yo le escribía una hoja o dos, pero luego le escribía un block entero. Ella me conocía por la prensa y, una vez, le pedí que me mandara una foto. Cuando me llegó la saqué poco a poco como cuando se liga jugando cartas. Vi su frente tersa y sus ojos verdes y dije: el negro se sacó la lotería. Ahí me entregué todo a los libros. Comencé a portarme bien y hasta cancelé un plan de fuga que había planeado”.

Pedro e Hilda se casaron a mediado de los 60 en la cárcel Modelo de Caracas teniendo como padrino al periodista Víctor Manuel Reinoso. Por esos mismos años comenzó a visitarlo el escritor Miguel Otero Silva quien andaba en búsqueda de un modelo real para su personaje de Victorino Pérez de su libro “Cuando quiero llorar no lloro” El estar tan cerca de un hombre tan admirado por él sirvió a Pedro para seguir adelante él mismo como escritor. “la culpa de todo esto la tiene Miguel Otero Silva. Me metió en este paquete involuntariamente. A mí me gustaba mucho leer y ya me había leído varios de sus libros Cada vez que él me visitaba yo me sentía chiquitico porque tenía delante de mí a tremendo escritor.”.

Sobre estas visitas de Otero Silva a Barrabás hay una simpática anécdota relatada en un foro por el penitenciarista Elio Gómez Grillo:

“Doctor, ¿puedo hacerle una pregunta? ¿Por qué cada vez que escribe un libro nuevo le pone una palabra más? ‘Fiebre’, una palabra; ‘Casas muertas’, dos palabras; ‘Oficina número uno’, tres palabras; ‘La muerte de Onorio’, cuatro palabras y; ‘Cuando quiero llorar no lloro’, cinco palabras”, le pregunta Serrano a Miguel Otero Silva.

El escritor sorprendido ante tal comentario se quedó sin palabras, sólo volteó y dijo: “¡Qué vaina, este negrito me supo joder!”.

De su sentencia original de 28 años cumplió 16; en 1977 salió en libertad por observar buena conducta y exteriorizar verdaderos deseos de enmienda, desde entonces se radicó con Hilda en la población de San Juan de los Morros en la que es bien reconocida su labor como cultor popular.

Pedro Rafael Serrano Toro quien siendo solo un niño conoció los rigores de la cárcel, tal vez jamás pensó en aquellos lejanos años que terminaría escribiendo varios libros. Sobre su vida se filmó un documental dirigido por Giuliano Salvatore y en una de las muchas entrevistas que le han hecho afirmó: “Cuando salí libre me hinqué de rodillas, miré al cielo y le dije a Dios: le voy a pagar a mi país todo el daño que le hice. Con todo lo que estoy haciendo, siento que le estoy pagando; pero todavía le debo. Y es que vale la pena deberle a Venezuela”

Publicado el 27 de mayo de 2011

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6 comentarios

  1. Una historia de quién le toco llevar una vida miserable, pero terminó positivamente.

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  2. La sociedad aveces, sin darse cuenta, es causante de muchos males que terminan afectando a cada ciudadano. Este hombre no fue un santo, pero cambió. Dios le dio otra oportunidad. El daño que hizo dejó sus secuelas y sus heridas, pero se arrepintió y recibió la libertad para vivirla como hombre de bien.Lamentablemente el egoismo y el menosprecio de la gente, que siente apatía y repudio por los niños pobres y que deambulan por las calles sucios y mal vestidos, hace que ellos crezcan con rabia y odio por una sociedad, que solo los desprecia y juzga. Este hombre Dios le iluminó y les colocó gente buena en el camino para que lo ayudarán. El desdén hacia personas como él se nota hasta en este relato,ya que carece de comentarios, a lo mejor pasaron de largo. Fue un malhechor, pero modificó o mejoró su conducta. Todos merecen otra oportunidad,mas aun cuando la vida ha sido dura e injusta con ellos. Por acción de Dios, hubo un final feliz. Solo hace falta saber que ha pasado con él y sus descendientes!

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  3. Excelente pagina, de verdad que lo venezolanos no tenemos memoria gracias a que en el pasar de los tiempos nadie se encargo de mantener vivo tantas anécdotas e historias de personajes que de algun modo cambiaron el destino de nuestra Venezuela, hicieron historia o simplemente rompieron paradigmas, el gran abuelo del pais como el se proclamo Don Oscar Yanez, con sus libros, hizo del conocimiento publico muchas historias que al igual que Udes recopilaron – aunque muy buena parte de las historias de Oscar Yanez fueron vividas por el – y asi darlas a conocer con su clasico humor y peculiar estilo. Es por ello que les pido por favor que escriban algo de un maleante que fue noticia hace ya mas de 80 años y que era tan vivo que hasta el propio presidente Isaias Medina Angarita fue el padrino de su boda, me refiero al famoso Cruz Crescenio Mejía, alias “Petróleo Crudo”, que si no tuvo un final como el descrito en este segmento (Barrabas), logro colarse en la historia por su picardia y estilo. Mil felicidades por su arduo trabajo, le auguro muchos exitos.

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  4. tremenda lectura me eche hermano ,que historia tan particular,y la enseñanza de su frase al salir de la carcel,”pagar al pais todo el daño q le hizo”y a la larga el no hizo daño,lo daño la sociedad pa q lo hiciera,en el tiempo no cambia nada ,la misma sociedad corrompe,,atte.nico

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  5. Hoy mi esposo en ese juego de cambiar canales un domingo en la tarde se topo con el canal avila tv y alli estaba usted, narrando su vida, me llamó porque le impresionaba su historia y tambien alli me quede yo. escuchamos con interes todo su relato, particularmente me impresionó el de su esposa todo lo que vivio mientras estuvo recluido. posterior a esto buscamos mas reseñas en internet y leimos esta crónica. solo puedo decirle que no lo juzgo convencida de la frase que me detuvo a escuchar su historia “Nadie nace malo” es la sociedad, la familia y tantas circunstancias que llevan a cualquier ser humano a pasar por cosas que quizas nunca pensó poder hacer. A leer estas lineas pude ratificar lo que siempre he sabido. me conmovió su historia sr. Pedro porque eso es para mi. Barrabas no fue mas que una creación de la cual a usted no le quedó mas que apropiarse. me quedo con ese que es ahora. un amante de la cultura y aunque quizas nunca olvide su pasado. Lo mas valioso para mi en esta historia es que el poder del amor puede cambiar a cualquier Barrabas que este dispuesto a hacerlo. Bendiciones y salud para usted.

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