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La clave delatora

Atracos a bancos en Venezuela

A las 4 de la tarde del lunes 11 de marzo de 1980 dos hombres portando el uniforme de una conocida empresa de transporte y custodia de valores descendieron del vehículo sedan que habían estacionado en una de las calles adyacentes a la plaza Bolívar de Caracas y con pasos seguros se encaminaron a la agencia del banco La Guaira Internacional ubicada entre las esquinas de Torre a Madrices.

Unas horas antes el señor Francisco Zapata, cajero principal de la agencia, había recibido una llamada telefónica; en la misma un sujeto que decía llamarse Raúl Azcárate, gerente de la compañía Venezolana de Cementos -VENCEMOS- le notificó que esa tarde irían al banco dos funcionarios del Servicio Panamericano de Protección a retirar 4.980.123 bolívares de la cuenta de la empresa cementera.

Azcárate pidió a Zapata que el dinero fuera entregado en fajos de billetes de cien,  cincuenta y veinte y le indicó que el cheque contra el que se emitiría tal cantidad debía estar ya en manos del subgerente del banco José Luis Sandoval. Francisco Zapata ocurrió ante el subgerente para verificar la información recibida y este constató que efectivamente el cheque estaba entre sus papeles en el escritorio, solo que no sabía quien lo había puesto allí.

Pese a no estar seguro de ese dato, ordenó al cajero principal que procediera a preparar la remesa solicitada por VENCEMOS, este puso a dos subalternos a cumplir  esa tarea en la bóveda del banco. Como la cantidad solicitada era tan alta el tiempo empleado en embolsar el dinero fue de varias horas.

A las 4 y quince minutos ingresaron al banco los dos hombres del sedan, preguntaron por el gerente Amador Hernández, indicándole que iban con instrucciones de retirar una remesa destinada al pago de nómina de la empresa VENCEMOS; el gerente los remitió al cajero principal y este a su vez los acompañó hasta la bóveda. Ya el dinero estaba listo y las bolsas fueron entregadas a los sujetos quienes tranquilamente salieron a la calle. Los vecinos que a esa hora se dirigían a misa de cinco en la catedral miraron, no sin asombro, que aquellos “panamericanos” atravesaban la plaza Bolívar con las bolsas de dinero y en lugar de abordar un camión blindado se fueron en un pequeño vehiculo civil como si tal cosa.

Atracos a bancos en Venezuela

A estas alturas nuestros avezados lectores habrán notado que en todo esto hay gato encerrado y se preguntaran como fue posible la entrega de tal cantidad de dinero sin atender a las más elementales normas de resguardo; pues esa misma pregunta se la hacía el martes 12 de marzo el comisario Carlos Añez, Jefe de la división de Seguridad Bancaria de la Policía Técnica Judicial. Los pretendidos funcionarios del Servicio Panamericano de Protección que en la tarde anterior habían retirado el dinero no eran tales, solo eran los actores fínales de un bien urdido plan que ahora ocupaba las primeras planas de los medios y por el que birlaron casi 5 millones de bolívares.

Lo que Añez no podía explicarse era como los empleados del banco, del gerente para abajo, habían pasado por alto todos los protocolos de seguridad, sobre todo cuando se trataba de una suma considerable como aquella. A nadie se le ocurrió verificar con la empresa cementera que la llamada que ordenaba el pago procedía de una fuente confiable, nadie llamó, como debían hacerlo, a la compañía de transporte de valores para tratar de identificar a las personas que iban a retirar el dinero, a nadie se le ocurrió preguntar como era que aquel cheque había “aparecido” en el escritorio del subgerente y finalmente a nadie se le ocurrió hacer la obligatoria conformación del mismo. Toda esta hilera de omisiones había hecho posible la estafa.

Desde el mismo martes los pesquisas de la Policía Técnica Judicial tomaron la agencia bancaria para interrogar a todo el personal; los hechos fueron reconstruidos una y otra vez, las preguntas iban y venían. Todo el mundo era sospechoso.

Atracos a bancos en Venezuela

El plan llevado a cabo por la pareja de estafadores parecía perfecto, los policías no lograban encontrar una grieta, un mínimo error que los guiara hasta los delincuentes, los días pasaban y solo había conjeturas; se presumía que en la comisión del delito debían estar implicadas por lo menos ocho personas contadas así: Los dos “panamericanos”, el chofer del sedan, el que hizo la llamada y por lo menos cuatro personas del banco. Los dactiloscopistas no consiguieron ninguna huella, solo se logró un retrato hablado no muy confiable pues los empleados aseguraban que no se habían fijado bien en los tipos.

El miércoles 20 de marzo de 1980, uno de los muchachos que preparó la remesa reveló un detalle que solo hasta ese día logró notar. Al momento de solicitar a uno de los supuestos funcionarios del Servicio Panamericano de Protección la clave de identificación, este sin inmutarse la proporcionó; el empleado de la bóveda anotó la clave en su bitácora y entregó el dinero pero no fue sino hasta ese miércoles cuando cayó en cuenta que entre la clave dada verbalmente y la que estaba asentada en el formulario había una discrepancia.

-Ese dato tal vez pueda significar algo- pensó el comisario Carlos Añez.

No se equivocó, cuando solicitó al Servicio Panamericano de Protección información sobre ese número de clave, esta compañía le envió un completo dossier con los datos de un ex empleado cuya fotografía fue reconocida por los cajeros y el gerente del banco como la del hombre que había retirado el dinero.

Se trataba de Mario Rivas, quien en un lapsus mental suministró al empleado de la bóveda su antigua clave, la verdadera, la que lo identificaba cuando era funcionario del Servicio Panamericano de Protección en lugar de darle la que habían asentado en el formulario preparado para la estafa. Tal vez lo hizo llevado por la costumbre o traicionado por los nervios pero ese pequeño detalle terminó por delatarlo junto a sus cómplices, entre quienes se contaban el subgerente de la agencia y dos empleados del departamento de compensación del banco quienes eran los que habían suministrado el cheque y falsificado las firmas.

En un rápido operativo todos los implicados fueron capturados y puestos a la orden de los tribunales, por su parte la directiva del banco La Guaira Internacional procedió al despido del gerente, el cajero principal y los empleados de la bóveda por no haber cumplido con los protocolos para el pago de dinero. Mario Rivas tendría en lo adelante bastante tiempo para lamentar haber dado aquella clave delatora.

Atracos a bancos en Venezuela

Publicado el 2 de abril de 2011

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4 comentarios

  1. Já, muy buen relato. Vaya error cometió el delincuente, estropeó un crimen perfecto, o casi.

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  2. Hola amigos. Excelente cronica. Eso me trajo a la mente un intento de asalto a un banco en Los Ilustres, frente a la UCV, por alla por 1979 o 1980. Los 6 delincuentes , al salir del banco, se toparon con la policia, se armó tremenda plomamentazón, los 6 fueron abatidos y creo que ningun policia murio. Al dia siguiente,los encapuchados de la UCV (en realidad no sé si eran o no estudiantes) hicieron tremenda protesta y caos en esa avenida,pareciera que en solidaridad con los antisociales. Ahora yo me pregunto : si hubiera sido a la inversa (si los malandros se salen con la suya, matan a los polcias y se llevan el botin)… los encapuchados hubieran también protestado ? -creo que no- . Vean si pueden hacer una cronica de ese caso. Gracias.

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    • Saludos amigo César, muy valida la interrogante que hace, de verdad que habría que preguntarse cual hubiera sido la reacción de los encapuchados si la cosa hubiera sido al revés. Tomamos nota del caso sugerido y nos ponemos a investigarlo. Un abrazo.

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  3. Tal cual como dices, la fuerza de la costumbre termino delantandolos, .-

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