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El polaco que se robó la navidad

Nazis en Venezuela - Estafadores 1948

A mitad del siglo XX Venezuela al igual que otros países de América Latina era receptora de grandes movimientos migratorios procedentes de Europa, esto fue así por dos razones: por un lado el llamado viejo continente no estaba en condiciones de garantizar a sus naturales las mínimas condiciones de vida luego de salir de dos devastadoras guerras y por otro nuestros estados necesitaban del concurso de mano de obra especializada.

En el caso venezolano los gobiernos que surgen al término de la larga dictadura de Juan Vicente Gómez necesitaban modernizar el país y por ello propiciaron una política de fronteras abiertas, es así como al término de los años 40 se podían ver por nuestras ciudades y pueblos a ciudadanos portugueses, españoles, ingleses, franceses, turcos, checos, polacos, etc.

Procedente de esta última nacionalidad llegó a Caracas en calidad de refugiado el señor Henrique Frydlender en mayo de 1948; apenas tocar tierra procuró el contacto con sus paisanos en busca de apoyo, compungido les aseveró que estaba en muy mala situación económica y a su coterráneo Luis Biedni le dijo en tono confidencial que la guerra había sido muy dura para él pero que estaba dispuesto a rehacer su vida como un humilde vendedor de géneros.

Luché contra el nazismo en Polonia, fui oficial del ejército polonés, he sufrido mucho, estuve internado en un campo de concentración, he visto la muerte de cerca. Pero soy joven todavía y quiero vivir; quiero olvidar la tragedia de Europa y recomenzar mi vida como un honrado comerciante si encuentro ayuda…

Nazis en Venezuela - Estafadores 1948

Su conmovedor discurso movió los resortes de la solidaridad, no solo entre sus connacionales sino además entre otros europeos que se mostraron dispuestos a dar una mano a aquel simpático hombre. Le concedieron un pequeño crédito inicial que Frydlender honró de manera rápida y satisfactoria, poco a poco se fue ganando la confianza del círculo de comerciantes extranjeros de Caracas quienes al ver su habilidad como vendedor fueron aumentando las cuotas de la mercancía que le entregaban para que vendiera en el interior del país. Pronto hasta los desconfiados árabes y judíos cedieron ante la simpatía del polaco; y era porque aquel demostraba una gran pericia y responsabilidad al punto que en pocos meses alquiló un local en el bloque 8 de la urbanización El Silencio para montar su propio negocio al que bautizo como “Almacenes Universal”.

El comentario general en torno a Frydlender tenía siempre ribetes laudatorios; se convirtió en la vedette de los tenderos, le fiaban montones y montones de tela, joyas, juguetes y todo tipo de mercadería a buenos precios y él se las arreglaba para colocarlas en el mercado y honrar sus obligaciones.

–   Frydlender se compró una camioneta para llevar la mercancía – Comentaba un portugués.

–   Claro, es un muchacho muy inteligente le respondía el árabe del negocio vecino

Nazis en Venezuela - Estafadores 1948

En otros locales elogiaban las distinguidas maneras que caracterizaban al polaco.

– Es un hombre muy correcto y agradecido, siempre anda bien vestido y sabe tomar el tenedor con la mano izquierda a la europea, aparte de que maneja muy bien los cubiertos en la mesa, es sin duda todo un caballero.

– Si, -decía alguien más allá- su vida es también muy agradable, siempre se le ve en buenos restaurantes y en las mejores fiestas de Caracas.

No tardó mucho Frydlender en presentar ante sus proveedores a los miembros de un equipo de trabajo que había logrado ensamblar con algunos paisanos. Eran ellos la señora Dionisa de Matusow, el mismo Matusow, su esposo y un hombre de apellido Majenski, estos también inspiraban confianza, pero el cerebro reconocido del grupo seguía siendo el popular Frydlender.

Al llegar diciembre, el mes de mayor venta para el comercio, el polaco que pocos meses antes había llegado con una mano adelante y otra atrás gozaba de una cómoda posición en la comunidad mercantil caraqueña, su crédito era muy bueno por lo que se permitió pedir a sus proveedores un buen lote de mercadería.

–   Se que es mucha, pero te la pagaré en cuanto la venda.

–  No te preocupes, lo importante es poder trabajar – le replicaban los mayoristas que lo proveían. Te daremos plazos para que puedas hacer tus movimientos.

Así recorrió Henrique Frydlender una buena parte del comercio caraqueño solicitando crédito para trabajar en diciembre, los dueños lo recibían gustosos pues ya conocían la capacidad que tenía el polaco para vender  y si él ganaba ellos ganaban. Nadie se negó a suministrarle mercancía.

Lo que no sabían era que Frydlender y los otros polacos eran miembros de una banda de estafadores, que con el mismo modus operandi había logrado timar a un buen número de comerciantes en Europa y América. En la navidad de 1948 tocaba el turno a los confiados tenderos de Caracas.

Crónicas del Tánatos La revista Web de los Sucesos

El 24 de diciembre Frydlender y Dionisa Matusow fueron vistos cenando en el restaurant del Hotel Ávila, libaron abundante champaña y cuentan los meseros que los atendían que constantemente alzaban las copas en brindis.

– Por el pasado – decía Dionisa

– Por el futuro – respondía Frydlender

Esa misma noche, el matrimonio Matusow y Henrique Frydlender abordaban un avión en el aeropuerto internacional de Maiquetía con destino a Brasil, atrás quedarían los dueños de 51 comercios lamentando las perdidas que debían afrontar por la estafa.

En la mañana del 25 de diciembre de 1948 se reunieron irritados y nerviosos; allí estaban los propietarios de Manufacturas Vatican, La Casa del Ciclista y Joyería La Corona entre otros comercios estafados; los Levi, los Blue, los Koon y los Bendayan lideraban la reunión en la que revisaban que acciones se podían tomar para intentar recuperar algo, la suma que la banda polaca les había robado ascendía a medio millón de bolívares, decidieron acudir al local donde funcionara “Almacenes Universal” y lo único que consiguieron fue a un nuevo dependiente que les aseguró que Henrique Frydlender le había cedido el local dos semanas antes, al parecer no había nada que hacer, solo resignarse y aguantar tener que ser el hazmerreír de los bromistas caraqueños.

Nazis en Venezuela - Estafadores 1948

Se rumoreaba que la banda de estafadores tenía como destino final la república de Argentina, también se decía que podía ir rumbo a Paris. – De seguro – se decían amargamente – esos miserables ladrones han de darse la buena vida en la ciudad luz-.

El único saldo de esta estafa navideña fue un “pacto de caballeros” propuesto por el comerciante holandés Eduardo Catz según el cual, en lo adelante, ninguno de ellos  daría crédito a nadie que no tuviera suficiente y comprobada solvencia económica.

Por su parte, Maldonado Parrili, comisario jefe de la Seguridad Nacional aseguraba que si le ponían el guante al polaco le tocarían por lo menos 5 años a la sombra, cosa que jamás sucedió. Henrique Frydlender y su gente aquella noche de navidad se convirtieron en polvo de estrellas sumándose a la larga lista de estafadores que han pasado por la ciudad de Caracas haciendo fortuna.

Publicado el 1 de enero de 2011

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6 comentarios

  1. Hablando de estafadores en Caracas, recuerdo de niño que en los diarios se reseñaba a un temible estafador de apellido Rojas, conocido policialmente como ´Rojitas´ . Eso debió ser a comienzos de los 80. Era un autentico profesional en su arte, y así como entraba, salía de los calabozos. Una vez que volvía a la calle,y las nuevas víctimas comenzaban a aparecer, los diarios advertían : ´cuidado, que anda suelto el terrible estafador Rojitas´. Y a mediados de los 70 era temido por las féminas,por los lados de Chacaíto, el famoso ´sádico de la navaja´ .

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  2. No sé que se hizo de ´Rojitas´ ni del sádico de la navaja.

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  3. Hola, buenisima historia que no conocia, como casi todas las del blog, llevo 2 dias leyendo y casi me lo he leido completo.

    Seria bueno trates el caso del famosos jeque arabe que en los 80 estafo a gran parte de la High Society Caraqueña, fue muy sonado

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    • Hola Carlos, bienvenido al Blog, nos honra tu amable comentario. El caso del Jeque Gozón como lo llamaron en la época lo estamos trabajando y será de próxima aparición; cuando ocurrió hasta un merengue le sacaron y un unitario en una canal de televisión. Recibe un abrazo y los mejores deseos.

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      • ´No se aceptan cheques ni jeques´ , decía un famoso cartel en los abastos y bodegas, tras el suceso. La creatividad del venezolano no tiene límites.

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  4. Ya veo, que también en Venezuela han llegado muchos estafadores…Amigos, les recomiendo el caso del Banco Latino..

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