h1

El nazi que estafó a los venezolanos

Nazis en Venezuela Charles Heinz Meyerowitz

Berlín 1945: Últimos días del Tercer Reich

En la oscura ciudad apenas alumbrada por el fúnebre crepitar de las llamas, aparecían de vez en cuando sombras espectrales; personas desesperadas buscando algo de comida para los famélicos niños que esperaban en los refugios antiaéreos construidos en 1940 por orden de Albert Speer. El implacable bombardeo aliado había dejado sin vivienda a miles de berlineses que debían apañárselas solos pues su gobierno los había abandonado. El 18 de marzo de 1945, el führer reveló con rencor y frialdad, ante sus más cercanos colaboradores, que en vista de que la guerra estaba perdida consideraba inútil mantener los elementos fundamentales para la supervivencia del pueblo.

Los que se aventuraban a salir debían hacerlo con mucho cuidado pues en toda la ciudad se combatía. Alemania estaba siendo ocupada velozmente, los británicos tenían el control en el norte y los estadounidenses avanzaban por el sur y el oeste; en un momento dado ambos ejércitos se detuvieron en una línea acordada previamente con los rusos, éstos últimos tenían el compromiso y el deseo de apoderarse del centro neurálgico del reich, la ciudad de Berlín.

El 20 de abril, Hitler recibió como regalo de cumpleaños la noticia del incontenible avance de las tropas soviéticas. Aunque sabía que todo estaba perdido insistía en impartir órdenes absurdas a su estado mayor, moviendo en el mapa a batallones que solo estaban en su imaginación. En el bunker reinaba la confusión y la histeria. Oficiales de la Wehrmacht, otrora disciplinados y austeros, ahora se abandonaban al alcohol y la francachela. A menudo se veía por los pasillos a una eufórica Eva Braun, contenta de poder demostrarle al amor de su vida que estaba realmente dispuesta a acompañarlo hasta el fin.

Los famosos lugartenientes entraban y salían del Führerbunker, la mayoría con la clara intención de despedirse y ponerse a salvo, solo dos de ellos decidieron quedarse; uno era el ministro de propaganda Goebbels que llevó incluso a la esposa y a los hijos y el otro Martin Bormann, el secretario personal de Hitler. Éste último se mostraba siempre sombrío, seguramente lamentando el giro de los acontecimientos. ¡De nada había servido toda la intriga que por años había tejido en torno a los más conspicuos colaboradores del régimen para escalar posiciones dentro del mismo! Ahora solo le quedaba el dudoso honor de morir al lado del intolerante hombre que llevó a su país a la destrucción y la ruina.

El 30 de abril, a 24 horas de estar legalmente casados, Adolf Hitler y Eva Braun se suicidan; sus cuerpos son sacados al exterior para incinerarlos, los hombres de las SS, cumplen con la última orden de su jefe entre el traqueteo de las ametralladoras y el estruendo de los obuses que disparaban las cada vez más cercanas tropas soviéticas.

El primero de mayo, las personas que quedaban en el Führerbunker acordaron enviar al general Krebs a hablar con el comandante soviético para ofrecer la rendición a cambio de que se permitiera la salida, sanos y salvos de los refugiados allí. El general Krebs quien había sido agregado militar en Moscú y hablaba ruso, estuvo negociando por espacio de nueve horas; pero los soviéticos no aceptaron la propuesta. Así que el 2 de mayo se decidió intentar la fuga hacia la zona controlada por los estadounidenses. Esa fuga previamente planificada por el general Mohnke debía hacerse en cuatro grupos; la idea era seguir por las vías del metro para en cierto punto salir a la superficie y tratar de cruzar el río Spree, límite de las tropas rusas.

En uno de los grupos iban Erich Kempka – chofer personal de Hitler -, el doctor Ludwig Stumpfegger – médico personal de Hitler – y Arthur Axmann – jefe de las juventudes hitlerianas. Esta fila iba escoltada por tanques Tiger. Cuando el grupo alcanzó el norte del río Spree, el tanque que lo acompañaba fue alcanzado por un obús. Arthur Axmann, jefe de las Juventudes Hitlerianas, quien también iba en la fila, vio salir a Kempka, Bormann y a Ludwig Stumpfegger golpeados por el impacto contra el tanque; después de otros dos intentos, Bormann, Stumpfegger, y Axmann lograron cruzar el río Spree. Cuando llegaron a la estación Lehrter, Axmann decidió seguir en la dirección contraria a la de sus dos compañeros. Sin embargo se encontró con el Ejército Rojo, lo que le hizo volver. Años después Axmann aseguró haber visto lo que parecían los cadáveres de Bormann y Stumpfegger, pero no los examinó. Esto lo dijo a sus captores que no le creyeron.

Para los comandos aliados, Martin Bormann seguía con vida; como su cadáver no fue encontrado se pensó que pudo haberse fugado de Berlín y con ayuda externa alcanzar la seguridad de algún país extranjero. En los juicios de Nuremberg, el secretario personal de Hitler fue juzgado en ausencia y condenado a morir en la horca. Por mucho tiempo circuló el rumor de que Bormann estaba oculto en algún lugar de Suramérica, se decía que podía estar residenciado en Argentina, Paraguay, Brasil o Venezuela.

Nazis en Venezuela Charles Heinz Meyerowitz

Caracas 1965: Primeros años de la democracia representativa

En una reunión a puertas cerradas los detectives del distrito 7 de la Policía Técnica Judicial ultimaban los detalles del plan que debía conducir a la captura de un estafador furtivo. Se trataba de un extranjero que en los últimos años había logrado burlar la confianza de numerosos empresarios en el país. Lo poco que se sabía del hombre, por las denuncias consignadas ante diferentes distritos de la PTJ era que se trataba de un elegante alemán de modales atildados, poseedor de una vastísima cultura y con dominio de 7 idiomas.

Las señas dadas por los denunciantes lo describían como un hombre alto, de frente despejada, cejas difusas que enmarcaban unos grandes ojos azules y labios delgados. En unos casos usaba gruesas gafas de carey que lo hacían lucir mayor y en otras se presentaba peinando su escaso cabello hacia atrás.

En cada estafa que cometía usaba un nombre distinto; pero el modus operandi no variaba gran cosa, este detalle lo llevaría finalmente a la perdición. Con el objeto de convencer a los incautos el teutón se hacía pasar en algunos casos como ingeniero y en otros como ganadero, médico veterinario, perito agropecuario, comerciante o ejecutivo de renombradas empresas internacionales. Una vez que con el porte y la labia convencía a sus futuras víctimas les ofrecía la posibilidad de ganar fuertes sumas de dinero en operaciones sencillas y de poco riesgo. Les decía que dentro de poco debía hacer un viaje de negocios a Europa y que estaba dispuesto a mediar con sus buenos oficios ante alguna empresa transnacional para lograr algún buen negocio para sus “clientes”.

Para esto, por supuesto, pedía fuertes sumas de dinero. Una vez que lograba su cometido, desaparecía sin dejar rastro alguno; unas veces sencillamente cambiaba de ciudad y de nombre y otras se iba a disfrutar de lo robado en algún país vecino, en el que permanecía hasta que consideraba pasado el peligro.

De esta manera logró vivir en el boato y la comodidad por espacio de quince largos años hasta que a fuerza de repetir siempre el mismo número terminó ubicado por la policía.

El domingo 7 de noviembre de 1965, el jefe del distrito 7, el comisario Rivero Gooverg, impartía las últimas órdenes a los efectivos que lo acompañarían en el allanamiento. Para la fecha y con la ayuda de los archivos de 5 distritos a nivel nacional se sabía a ciencia cierta que el autor de todas aquellas estafas que estaban sin resolver debía ser un tal Rowitz Schidosti Heinz Moye, quien había sido denunciado recientemente por el ciudadano húngaro Janos Barabas, propietario de la joyería Petare. En este caso el alemán había cometido un gravísimo error porque a diferencia de los timos anteriores éste se le presentó mas difícil, el incauto elegido era un hueso duro de roer y no lograba convencerlo solo con labia y poses; así que decidió invitarlo a tomar unas copas en su casa. Estaba seguro que el húngaro terminaría cediendo al ver el lujo con el que se rodeaba el alemán y así fue efectivamente: el consumado estafador logró su cometido. Solo que no contó con que Janos Barabas lo denunciara tan rápido, así que cuando los detectives irrumpieron en su lujoso apartamento ubicado en el edificio Picoli de la primera avenida de Los Palos Grandes, el hombre aun se encontraba allí.

Sorprendido y confuso, el estafador fue llevado hasta la sede del Distrito 7 de la Policía Técnica Judicial en Petare para ser interrogado. Un grupo de detectives siguió en la vivienda buscando indicios y evidencias que ayudaran a corroborar la culpabilidad del detenido. El alemán se defendía como podía; negaba en todo momento ser un delincuente, a la pregunta de por qué usurpaba profesiones aseguró con terquedad que realmente era médico veterinario, solo que no había hecho la revalida en nuestro país.

A medida que avanzaba en el interrogatorio, el comisario Rivero Gooverg se convencía de que estaba frente al hombre que habían estado buscando. Éste tal Rowitz Schidosti era el famoso estafador que le había dado más de un dolor de cabeza a él y a sus colegas; pero al comisario le esperaba una sorpresa mayúscula.

En pleno interrogatorio, uno de sus hombre entró a la sala y solicitó hablarle, se trataba según le dijo de algo muy importante. Gooverg salió detrás del agente, extrañado al verlo tan excitado.

– ¿Qué es lo que pasa? – Preguntó Gooverg un tanto mosqueado pues no le gustaba que lo interrumpieran cuando interrogaba a un detenido.

– Es algo gordo, comisario, éste tipo no se llama Rowitz Schidosti, se trata nada más y nada menos que de un ex militar Nazi. Su nombre real es Charles Heinz Meyerowitz y sirvió como oficial en la Fuerza Aérea Alemana. En el apartamento ubicamos los documentos que lo acreditan como tal y como ayudante de Martin Bormann, el secretario personal de Hitler.

Antes de regresar a la sala de interrogatorios Rivero Gooverg permaneció pensativo. Este dato le daba una nueva perspectiva al caso, ya no estaba frente a un ingenioso pero vulgar estafador, ahora tenía en sus manos la posibilidad de ayudar a aclarar un misterio nacido 20 años antes: el 2 de mayo de 1945. Si lo que decían los documentos era cierto, la PTJ podía estar a un paso de atrapar a uno de los hombres más buscados del mundo. Recordemos que en 1965 Martin Bormann permanecía en la lista de prófugos del régimen nazi.

Al estar frente al alemán, Rivero Gooverg lo encaró directamente. Le dijo que ya sabían quien era: El ex oficial nazi Charles Heinz Meyerowitz. Éste no pudo disimular un gesto de contrariedad, sin embargo decidió seguir luchando con todo lo que tenía. De nuevo se ensalzó con los detectives en un obstinado ejercicio de negación.

– ¿Cómo voy a ser eso que ustedes dicen? – Alegó indignado- Yo fui enemigo de los nazis, toda mi familia fue apresada por la GESTAPO e internada en Auchwitz. Allí los perdí.

La vehemencia con la que hablaba el detenido, confundió por algunos momentos a los pesquisas, sin embargo en sus manos tenían la prueba documental. No había dudas acerca de la verdadera identidad del hombre. Luego de varias horas de inútil forcejeo verbal el preso confesó: Si, él era Charles Heinz Meyerowitz y efectivamente había estado bajo el comando de Martin Bormann. Al obtener la declaración firmada, la Policía Técnica Judicial envió un oficio a la INTERPOL que tenía como objetivo determinar si Heinz Meyerowitz se encontraba solicitado por crímenes de guerra.

Nazis en Venezuela Charles Heinz Meyerowitz

En este caso cabe preguntarse una cosa: ¿Cómo era posible que Meyerowitz conservara en su poder y por tanto tiempo unos documentos tan comprometedores como aquellos? Más aún si se toma en cuenta que la forma que eligió para ganarse la vida estaba al margen de la ley. Esto pudiera tener una explicación lógica para la que necesitamos regresar a los primeros años de la posguerra.

La clave que puede explicar éste aparente descuido está en la propia llegada al país del oficial nazi.

Meyerowitz entró a Venezuela en 1950 por la ciudad de Maracaibo y allí estuvo hasta que el ritmo de su ilegal oficio le impuso la mudanza. Recordemos que en la capital del estado Zulia funcionó desde los años 30 una seccional del Partido Nacionalsocialista Alemán, por encargo directo del mariscal Hermann Goering y bajo el mando de Hans Friederich Larsen. Las Ortsgruppenfuhrer o seccionales del partido nazi en Venezuela operaron con apoyo de la embajada alemana, de empresas privadas como la Bayer y una conocida cervecera local. Su trabajo era encubierto bajo la inocente forma de un club social teutón hasta que en 1942 fueron desarticuladas y sus miembros enviados a campos de concentración ubicados en Barquisimeto y Trujillo.(Véase en éste mismo Blog La invasión Nazi a Venezuela)

Estos militantes y simpatizantes del partido nazi fueron liberados al finalizar la guerra y muchos de ellos se quedaron en Venezuela con la idea de ayudar a sus hermanos que caídos en desgracia venían en estampida desde la derrotada Alemania. Se calcula que por lo menos 5.000 nazis vinieron a parar a Suramérica, de ellos, un número importante se estableció o pasó por nuestro país. Es fácil suponer que para ayudar a tanta gente, la red que se había levantado de las ruinas de las Ortsgruppenfuhrer, necesitaba datos precisos de cada inmigrante para evitar ser infiltrados por los cazadores de nazis. En esos casos qué más efectivo que un documento que acreditara ante los paisanos la verdadera afiliación al NSDAP. Tal vez eso sea lo que llevó a Heinz Meyerowitz a conservar aquellos papeles que ahora lo ponían en aprietos.

Con su captura se reavivó la esperanza entre las víctimas del régimen hitleriano de lograr por fin información fidedigna sobre el paradero del tan odiado Bormann. Durante varios días se habló de la posibilidad de que el otrora secretario personal del führer se encontrara oculto en Venezuela. La PTJ seguía esperando información de la INTERPOL sobre la situación legal de Meyerowitz. En un momento dado tuvieron que reforzar la vigilancia pues comenzaron a recibir llamadas telefónicas hechas por grupos de hebreos que amenazaban con secuestrar al alemán.

La tan esperada respuesta de la INTERPOL nunca llegó, el órgano policial internacional luego de corroborar la imposibilidad de que Bormann estuviese en Venezuela dejo de interesarse por este oficial de rango menor. En 1965 el enemigo de las potencias occidentales no estaba en las desvencijadas huestes nazis sino en las poderosas fuerzas del comunismo internacional. Así que Charles Heinz Meyerowitz solo debía enfrentar los cargos que se derivaran de los delitos cometidos en Venezuela.

Berlín 1972: Se aclara un misterio

El 7 de diciembre de éste año, un grupo de obreros de la construcción que se encontraba realizando unas excavaciones en la Invalidenstrasse se topó con los restos de dos esqueletos que mostraban un curiosa coloración rojiza. Desde el primer momento se sospechó que pudieran ser los restos de Martin Bormann y Ludwig Stumpfegger, los tamaños de los esqueletos coincidían con los de aquellos hombres que fueron vistos por última vez justo en aquel lugar por Arthur Axmann, el jefe de las juventudes hitlerianas.

Como parte de las investigaciones, la policía interrogó en Berlín a quien fuera dentista de Bormann, el doctor Fritz Echtmann, quien reconoció las coronas que alguna vez había colocado al lugarteniente de Hitler.

En 1999 los familiares de Martin Bormann solicitaron ante las autoridades que se realizara la prueba de ADN a los restos encontrados en 1972. La prueba confirmó que efectivamente se trataba del esqueleto de Martin Bormann, destacado líder de la Alemania nazi, Jefe de la Cancillería, director del Partido Nacionalsocialista y secretario personal de Adolfo Hitler.

Véase además:

La invasión nazi a Venezuela

El nazi que murió en Barquisimeto

El perrocalentero que fue juez en Nuremberg

Publicado el 11 de noviembre de 2011

Volver a la Portada del Blog

Síguenos en Twitter

Anuncios

5 comentarios

  1. Muy buen articulo, como siempre interesante de principio a fin.

    Me gusta


  2. Demasiado Bueno, gracias por compartir tan buenos temas.

    Me gusta


  3. ¡Impresionante! Tan grandes delincuentes y asesinos se encontraban en nuestro país. ¡Insólito! Eligieron nuestro hemisferio sur para venirse a esconder. En estos países encontraron a muchos gobernantes militares que los encubrieron. Es importante recordar que la segunda guerra mundial fue un auténtico apocalipsis, un desastre universal,que dejó nada más que 50 millones de muertos y poco más. Solo esa pequeña cantidad. Imaginen, fin de mundo. Y todo por un hombre que se creyó lo mejor del universo, el omnipotente. ¿Que tal?

    Me gusta


  4. Meyerowitz intentó hacer una estafa más grande aún y quedo oculta sus intenciones por muchos años es una historia muy interesante sobre la cual estoy escribiendo y recopilando información de testigos que lo vieron planear un golpe grande en 1963 los cuales se lograron realizar pero no por el, charles heinz meyerowitz intentó involucrar en esta trama a a personas que ahora posiblemente todos conocemos pero en esa época totales desconocidos directamente a Papillon Henri Charriere, a Pietro Aversa Blacaman, Olivia olivo “comandante Olga”, e indirectamente una trama que involucraba a organizaciones peronistas, la cruzada cívica nacionalista, Pérez Jiménez, el O.A.S y los nazis que quedaban para la fecha en el cono sur

    Me gusta



¿Y tú que opinas de este tema?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: