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El misterio de la dama húngara

la misteriosa muerte de la húngara Margarita Sorkoji de Visnyei

La tarde del lunes 7 de julio de 1958, Pascual Ibarzi conserje del edificio Mar, de Chacao salió al pasillo intrigado por la pestilencia que hirió sus fosas nasales. Afuera el hedor estaba regado por todas partes y era difícil establecer su origen; Ibarzi recorrió la planta baja hasta que sintió que la fetidez se acentuaba frente al apartamento 1, ocupado por una dama de origen húngaro; primero tocó el timbre varias veces; luego golpeó la puerta con sus nudillos y al final, como la mujer no respondió decidió buscar a la policía.

En la calle consiguió a dos agentes de la municipal que lo acompañaron al edificio, los uniformados derribaron la puerta; en la sala había un silencio mortal, los objetos parecían estar en orden; revisaron las habitaciones más próximas y nada. Al entrar en la cocina descubrieron el origen del olor: El cadáver de una mujer medio metido en un gabinete metálico. Un cable de instalación eléctrica rodeaba su delgado cuello y una horrible mueca se dibujaba en su rostro. El conserje la identificó como la húngara Margarita Sorkoji de Visnyei, propietaria del apartamento.

Según explicó Pascual Ibarzi a los detectives de la Policía Judicial que llegaron media hora después a encargarse del caso, la dama tenía meses viviendo sola pues se había separado del esposo. Por el examen preliminar el médico forense determinó que la muerte había ocurrido 2 ó 3 días antes, en el edificio nadie recordaba que algo extraño ocurriera ese fin de semana; era muy posible que la mujer conociera a su atacante porque ni la puerta ni las ventanas fueron violentadas.

Por la calle corrió el rumor de que la mujer había sido asesinada por hampones pero en realidad nada estaba claro aún. Al momento de su muerte Margarita Sorkoji tenía 40 años y trabajaba como secretaria del Instituto médico-fisioterapéutico “Long Life”.

Dos horas después del hallazgo y justo cuando el cuerpo era retirado de la escena, apareció en la entrada principal del edificio un caballero alto, de porte distinguido que al ver la operación señaló sorprendido:

– Esa es Margarita, mi esposa ¿Qué le ha ocurrido?

Dos detectives de la PTJ lo rodearon de inmediato para pedirle identificación, el hombre resultó ser en efecto José Visnyei, esposo de la víctima.

– Su mujer fue asesinada amigo, haga el favor de acompañarnos – fue la seca respuesta de los funcionarios.

Desde el auto patrulla, Visnyei observó como el cuerpo de Margarita era metido a la furgoneta que lo llevaría a la morgue. Los curiosos rodeaban el edificio y una ligera llovizna caía sobre la ciudad. Unos metros más adelante un grupo de huelguistas con pancartas cortaba al paso a los vehículos por lo que el chofer activó la sirena para que los dejasen avanzar. A esa hora el tráfico por la avenida Francisco de Miranda era pesado así que tardarían un rato en llegar a la comisaría.

la misteriosa muerte de la húngara Margarita Sorkoji de Visnyei

Era ya de noche cuando José Visnyei fue llamado a declarar, durante la espera fumó varios cigarrillos y estuvo callado y pensativo. Desde el sillón que ocupaba veía el constante movimiento en la sede policial, esto le trajo recuerdos de su pasado en Hungría, país en el que llegó a ser uno de los más destacados abogados penalistas, allá visitó muchas veces las comisarías, las cárceles y los juzgados y en algún momento sintió que aquellos sitios eran parte importante de su vida. Lo fueron hasta un mal día en que se le ocurrió la idea de salir de Budapest para probar suerte en otro lado; le comentó la idea a su esposa y ésta aceptó encantada; ella también necesitaba respirar un aire diferente al de su patria. Así que decidieron viajar al país suramericano del que se hablaba tan bien en Europa y que prometía a los inmigrantes toda suerte de oportunidades.

Solo que al llegar se dieron cuenta de que las cosas no iban a ser tan fáciles como pensaron en Hungría, el doctor Visnyei no logró dominar el castellano con fluidez, lo que le dificultó el ejercicio del Derecho, al final optó por dedicarse al oficio de taxista que lo único que le exigía era memorizar calles y avenidas y en el que podía comunicarse con el universal lenguaje de las señas. Con el tiempo y ante la pésima situación económica en la que habían caído, Margarita Sorkoji de Visnyei decidió colocarse como secretaria. Su esposo vivía malhumorado y nervioso, se lamentaba de lo mal que les iba y se quejaba de su conversión de célebre penalista a inexperto conductor de vehículo de alquiler.

La relación de la pareja se fue agriando por las continuas peleas y lo que empezó como una romántica aventura terminó en la separación. Ahora Margarita estaba muerta y José esperaba en una fría sala policial que lo interrogaran por aquella muerte.

Cuando por fin lo llamaron a declarar, los detectives lo recibieron con caras de pocos amigos. Ya tenían la data exacta de la muerte: La mujer había sido asesinada el día viernes 4 de julio a la medianoche, es decir tres días antes de ser hallada por el conserje y los policías. Sabiendo que la puerta del apartamento no fue violada le hicieron al doctor Visnyei la misma pregunta que siempre hacen los detectives de televisión:

– ¿Dónde estuvo usted a la medianoche del viernes próximo pasado?

Al ver que los policías lo consideraban sospechoso, José Visnyei hizo un aspaviento de sorpresa y abundó en frases de autodefensa. Dijo que el viernes estuvo de servicio y dio nombres de personas que podían corroborarlo, pero señaló algo que incrementó las sospechas en su contra, dijo que a pesar de estar separado de su esposa conservaba una llave del apartamento pues acostumbraba a visitarla de vez en cuando. 

– Tenía días sin pasar por allí, no fui el viernes, tampoco el fin de semana, pero esta mañana fui a saludarla y al no encontrarla volví a salir de inmediato; regresé en la tarde para ver si había vuelto y fue cuando los encontré a ustedes sacando su cuerpo del apartamento.

Aquella versión no satisfizo a los investigadores, sabían que si alguien hubiese entrado esa mañana al apartamento tenía por fuerza, que darse cuenta de que algo andaba mal por la fetidez que habría dentro. El doctor José Visnyei quedaría detenido mientras se aclararan las cosas. En los dos días siguientes, los detectives se dedicaron a interrogar a vecinos, conocidos y amigos de la pareja y a corroborar la coartada de Visnyei. Para su sorpresa lo dicho por el húngaro resultó cierto: el viernes a la medianoche se encontraba trabajando y nadie lo vio entrar ni salir del edificio Mar sino hasta el lunes en la mañana tal y como había dicho. Eso lo sacaba de la escena del crimen, así que decidieron llevarlo de nuevo a la sala de interrogatorios donde intentaron arrancarle una confesión, no lograron nada pues el doctor se mostró todo el tiempo sereno y seguro de si mismo. Los funcionarios de la PTJ atribuían aquello al hecho de que estaban frente a un penalista que conocía bien las técnicas de interrogatorio usadas por la policía. Cuando estaban a punto de ponerlo en libertad por falta de indicios que lo inculparan llegó un dato aportado por un vecino.

Había otro hombre en escena

Al tercer día de estar detenido, José Visnyei se mostraba impertérrito y aseguraba que nada tenía que ver con la muerte de su esposa, los policías que no contaban con elementos que lo ligaran al crimen iban a liberarlo cuando un vecino comentó como quien no quiere la cosa que en la vida de aquella pareja había existido otro hombre. Según lo dicho por el testigo ese hombre se llamaba Pedro Belzuzarri Matos, un peruano que se desempeñaba como Jefe del Departamento de Caja en un lujoso hotel del este de la ciudad, los policías no sabían si aquello era cierto o solo se trataba de un chisme mal intencionado pero decidieron seguir la pista para ver que lograban.

Lo que encontraron enredó aún más el ovillo; al preguntar en la gerencia del hotel por el peruano, les dijeron que no lo veían desde el viernes en la mañana:

– El Jefe del Departamento de Caja solicitó permiso el viernes 4 a las diez de la mañana para ausentarse, alegando que visitaría a un médico por estar aquejado de una dolencia gástrica – les dijo el gerente – pero desde ese día no supimos más de él. No ha regresado a trabajar.

Interrogado sobre el peruano, José Visnyei sorprendió a los detectives: no solo lo conocía, afirmó que eran muy amigos, de hecho desde que se separó de su esposa compartía un apartamento con él en Bello Monte.

– Pedro siempre ha sido un gran amigo nuestro, es muy solidario y nos ha ayudado siempre que lo hemos necesitado – Afirmó el húngaro – Ambos vivimos actualmente en Bello Monte, en el número 12 del edificio Caujaro.

Cuando los policías le preguntaron que si sabía que su esposa le había sido infiel con Pedro Belzuzarri, el húngaro respondió sin inmutarse que la separación del matrimonio se debió a “incompatibilidad de caracteres” y la culpa fue solo de él por no haber sabido controlar sus nervios ante la crítica situación económica que vivían. – Nuestra separación – afirmó – no fue por infidelidad.

En este punto los policías no sabían que hacer, siguió la búsqueda del peruano, se distribuyeron fotografías de su rostro en todo el país, se mostró en los noticiarios, se publicó en la prensa. Se verificó en puertos y aeropuertos si había salido y no se consiguió nada; en los puntos fronterizos ningún guardia recordaba que alguien así hubiese salido. Se ofició un alerta en Interpol que tampoco dio frutos.

De pronto comenzó a aparecer gente que afirmaba haber visto al peruano, unos aseguraban que se lo toparon la noche del viernes 4 en un cabaret del este de Caracas, la comunidad de peruanos en Paris aseguraban haberlo visto caminando por las orillas del Sena, desde Bogotá, Río de Janeiro, Curazao y Trinidad llegaron noticias falsas de su paradero.  

la misteriosa muerte de la húngara Margarita Sorkoji de Visnyei

La tierra se había tragado a Pedro Belzuzarri Matos, no aparecía ni vivo ni muerto. Los detectives de la PTJ aventuraron la hipótesis de que el húngaro lo hubiera asesinado y desaparecido el cadáver para luego de alguna manera y evitando ser visto acudir al edificio Mar en la noche para matar a su esposa, pero no había manera de probar eso. Sin embargo el doctor José Visnyei continuó detenido. Lo otro que se pensó fue en la posibilidad de que el peruano por alguna razón hubiese asesinado a la dama húngara para luego huir del país; pero de ser eso cierto, ¿Cuál era el móvil? ¿Y dónde podía estar escondido un hombre cuya fotografía había dado la vuelta al planeta en miles de copias? Mayor sorpresa tuvo la policía cuando Visnyei indignado les preguntó qué de dónde sacaban que Pedro fuera un asesino.

-Pedro siempre ha sido un buen hombre – dijo con rostro impenetrable – Es ridículo afirmar que matara a mi esposa.

El crimen de la dama húngara se volvió un misterio, lo que años más tarde los detectives de PTJ llamarían un “cangrejo”; es decir un caso de difícil solución.

Un mes después no tenían nada, solo un montón de conjeturas, sin embargo, José Visnyei fue trasladado a la Cárcel Modelo acusado de matar a su esposa, el hombre insistía tenazmente en su inocencia. A los presos que lo acompañaban en la celda les aseguró que era inocente. Una mañana de agosto el doctor José Visnyei tomó la tapa de hojalata de un envase de leche y puso término a su vida seccionando la yugular. La prensa aseguró que lo hizo desesperado al estar acusado de un crimen que no cometió, la policía aventuró que pudo haberlo hecho en un rapto de remordimiento.

El suicidio del penalista no paró las investigaciones; en 1966 ocho años después de la muerte de Margarita Sorkoji, la Interpol seguía buscando a Pedro Belzuzarri Matos, pero el hombre jamás apareció. El caso de la dama húngara se entronizó como un misterio en el que flotaban las preguntas.

¿Qué pasó realmente la noche del 4 de julio de 1958? ¿Quién mato a Margarita Sorkoji? ¿A dónde fue Pedro Belzuzarri al salir del hotel donde trabajaba? ¿Era realmente inocente el doctor José Visnyei?

Publicado el 5 de mayo de 2012

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7 comentarios

  1. Excelente amigo!!! Un caso bastante particular y extraño

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  2. No soy policía ni criminólogo, pero, este caso tiene toda la pinta de ser un crimen pasional. No me queda ninguna duda.

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  3. me aventuro a decir…otra injusticia mas? porque metieron preso al dr.jose visnyei? y si era culpable, porque siguieron buscando al “peruano”? resumiendo…me da la impresion de que este juicio quedó en “el limbo” y mas aún tomando en consideracion que para la época no existía tanta tecnología de la policia judicial y lo que si imperaba era la dictadura perejimenista o estaba finalizando, si estoy confundido….mis disculpas

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    • Saludos amigo David: Para la epoca (julio de 1958) gobernaba la Junta de Gobierno presidida por Wolfang Larrazabal, La PTJ tenia pocos meses de estar funcionando. Un abrazo y gracias por su comentario.

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      • excelente trabajo,felicidades muy interesante el caso

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      • Saludos Heberto,
        Muchas gracias por tus amables comentarios. Es para nosotros un placer y un reto cada caso. Un abrazo.

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  4. Las causas de suicidio puede ser por remordimientos o como no fue él y lo acusaban, quien lo defendería? No tenia mas familia en el país por quien luchar, sintiéndose solo, decidió matarse.

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