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Luis Alfredo Garavito

Luis Alfredo Garavito La Bestia

Villavicencio, El Meta. 21 de abril 1999

 En el bar la vida es más penosa 

Bonifacio Morera tenía la mirada vidriosa cuando pulsó el botón por enésima vez para hacer sonar la rockola. Había estado toda la tarde bebiendo y escuchando música carrilera y ahora quería despedirse con una de las canciones que más apreciaba: “Como has caído” del Trío Manabí. Desde la barra el viejo cantinero lo miraba de reojo; sabía que era un tipo pendenciero y de cuidado; pero ese día no había tenido problemas con él; hasta el momento se portaba bien, parecía que la música le apaciguaba el ánimo.

Bien vista, la estampa de aquel hombre daba lastima; el cuerpo enjuto calzaba a duras penas en la ropa holgada; la piel que alguna vez había sido blanca ahora lucía trigueña como consecuencia de una vida errante; en uno de sus brazos se apreciaba la marca dejada por una reciente quemadura de segundo grado; el rostro sudoroso delataba la tortura mental en la que vivía y de los ojos verde botella saltaban chispazos del odio que guardaba en su alma desde niño. Mientras sonaban los acordes del Trío Manabí, Bonifacio empujó otro cacho de aguardiente Cristal.

– Hijueputa – habló consigo mismo – ¿Cómo así que morirse con un poco de pendejos frente a las cámaras de televisión? Debe ser bien bacano. Secuestrarlos a todos en un sitio y luego esperar a que lleguen los periodistas para matarlos.

– Pero vos también vas a morir, so pendejo – se dijo – ¡Claro! ¿Y que carajos importa eso? De alguna vaina hay que morirse.

De alguna vaina hay que morirse, repitió Bonifacio en voz baja; sentía que el mundo tenía bien ganado el rencor que le profesaba. Desde niño solo había sufrido burlas, abusos y humillación y empleó buena parte de su vida en la venganza. Ahora que ya había hecho todo lo que había hecho tal vez valía la pena colocar punto final a su existencia. Eso sí por la puerta grande, que su verdadero nombre quedará bien grabado en las planchas de cobre de las rotativas para que ningún colombiano lo olvidase nunca: Luis Alfredo Garavito. – Si, – imaginó con sonrisa retorcida – ¡Ultimado Luis Alfredo Garavito luego de cometer asesinato múltiple! – Aja, ese sería sin duda un buen final.

Al terminar la canción, el hombre hurgó en sus bolsillos buscando más dinero; pero ya había gastado todos los pesos que tenía. Salió a la calle, tambaleante y malhumorado; afuera la brisa fría de la noche le acentuó el mareo, así que aceleró el paso hasta perderse en las calles oscuras.

Villavicencio, El Meta. 22 de abril 1999

Un ángel sin suerte sale a vender suerte

La mañana del 22 de abril amaneció el cielo encapotado en Villavicencio, ciudad ribereña del Meta y cercana a Bogotá. El púber John Iván Sabogal, se había levantado muy temprano. Como muchos niños de nuestra América, tuvo que apartar juegos, estudios y sueños para ganarse la vida; con apenas 12 años aportaba a los ingresos de su grupo familiar vendiendo loterías en calles y plazas. Ese día mientras tomaba café con su madre, John Iván rezó para que no lloviera. Antes de salir revisó los billetes que tenía para la venta, si no llovía y le iba bien podía vender 84.000 pesos. La mamá le acomodó la camisa y estampó un beso en sus mejillas regordetas, el chico de piel cobriza y rostro aindiado decidió llegarse hasta el centro de la ciudad donde tenía mejores posibilidades de ofrecer la suerte que él mismo no tenía.

Cerca de mediodía había vendido poco, sentado en una de las bancas de la céntrica plaza de Los Centauros sintió que el hambre comenzaba a azuzarle, así que decidió ir a comer a su casa. Tomó el billete de 10.000 pesos, producto de las ventas de la mañana, y escribió con un bolígrafo de tinta roja el número 740. Se levantó de la banca y se fue a comer.

Génova, Quindío. 1973

Manual breve para fabricar un asesino serial

Luis Alfredo Garavito, el mayor de los siete hijos de Manuel Antonio y Rosa Delia, salió de la casa dando un portazo. Acababa de tener una seria disputa con su padre y éste por enésima vez lo corrió de casa. El muchacho de 16 años no podía recordar un momento feliz en aquel sitio, desde muy pequeño el papá le daba fuertes golpizas mientras su madre observaba pasiva. Por algún oscuro motivo, Manuel Antonio Garavito parecía disfrutar de los abusos que cometía con su hijo, cuando lo tenía cerca lo llenaba de insultos y amenazas para luego tomarlo con fuerza de los brazos y golpearlo hasta el cansancio con lo que tuviera a mano. Así había sido desde los 5 ó 6 años – por lo menos según lo que podía recordar Luis Alfredo – Cuando el chico se acercó a la adolescencia el padre le prohibió tener novia, so pena de un severo castigo. En medio de maltratos y altercados domésticos Luis Alfredo logró a duras penas culminar el quinto de primaria, a los 12 años fue brutalmente violado por dos amigos de su padre, quienes a partir de aquel momento repitieron varias veces aquello sometiéndolo a espantosas torturas.

Aquellas experiencias marcaron al chico, generándole, entre otras cosas, disfunción sexual y una total ausencia de empatía social. Se convirtió en un adolescente esquivo y belicoso al que nada parecía importarle. Sus primeros intentos de tener relaciones sexuales con chicas fueron frustrantes pues no lograba alcanzar la erección, en su pueblo era visto como un bicho raro por la gente y sentía que en casa nadie lo quería; así que ese día luego de la pelea con el papá decidió buscar su propio rumbo, ya no quería regresar a ese infierno. Antes del salir de Génova, le comentó a alguien que se iba dispuesto a vengarse del mundo. En el bus que lo llevaba a la vecina ciudad de Armenia, nadie notó al escuálido muchacho que con ojos tristes, iba mirando por las ventanillas las interminables hileras de platanales.

Buga, Valle del Cauca. Mayo 1998

Un forense para un rompecabezas

Enfundado en impecable bata blanca, Carlos Hernán Herrera, técnico forense y experto en morfología de la ciudad de Buga desplegó sobre su mesa de trabajo las evidencias que había logrado recabar en los últimos meses de una serie de asesinatos cometidos contra niños y adolescentes de la zona. Herrera estaba convencido de que estaba frente a un asesino serial, no había lugar a dudas. Todos los casos examinados por él presentaban puntos coincidentes. Todas las víctimas eran de sexo masculino con edades entre los 6 y los 16 años, todos habían desaparecidos de plazas y terminales y luego hallados en las afueras de la ciudad en medio de matorrales o plantíos, todos eran de clase humilde y estaban en situación de trabajo, además la mayoría compartía rasgos fenotípicos: piel blanca, delgados, cabello liso y negro y eran bien parecidos. También estaba la forma en que cada uno de ellos había encontrado la muerte, todos fueron sometidos a un sádico proceder que se repetía de manera ritual. Eran atados de manos y pies para ser ultrajados, luego eran apuñalados en el tórax o en la parte baja del dorso, el asesino los marcaba con cortes longitudinales en la piel, los castraba y colocaba el pene en la boca y finalmente los decapitaba para terminar dejando los cuerpos tendidos invariablemente boca abajo.

En los asesinatos que Herrera analizó cometidos en Buga, las víctimas siempre fueron localizadas en sembradíos de caña de azúcar por lo que el forense los llamó “Los niños de los cañadulzales”.

De todo el trabajo llevado a cabo por Carlos Hernán Herrera, quizás el más importante fue un retrato anatómico del asesino logrado por medio del análisis morfológico de prendas personales que éste había dejado abandonadas en una reciente escena del crimen. En febrero de ese mismo año el misterioso homicida secuestró a un niño trabajador de una de las plazas públicas de la ciudad, lo llevó como lo hacía siempre a un cañadulzal para robarle el dinero, ultrajarlo y asesinarlo; al parecer luego de cometer el crimen se quedó dormido al lado del cadáver mientras se fumaba un cigarrillo; el cañadulzal que estaba seco por estar a punto de corte se incendió rápidamente y el crepitar de las llamas junto al intenso calor despertaron al hombre quien presa de pánico echó a correr semidesnudo dejando en el lugar sus pantaloncillos, los zapatos, un par de anteojos, una peinilla y un destornillador. Con esos objetos en su poder Herrera calculó que el asesino que buscaban era un hombre delgado que debía estar por los 40 años, medir alrededor de 1 metro 65, de bajo extracto social y con una cojera de la pierna derecha. Analizando los puntos en los que los anteojos hacían contacto con la cara, Herrera logró además una aproximación del rostro.

Convencido como estaba de que todos aquellos homicidios de Buga y otros de los que había tenido noticia, llevados a cabo en otros puntos del país tenían puntos coincidentes decidió escribir un informe al Cuerpo Técnico de Investigaciones (órgano auxiliar de la Fiscalía de Colombia) solicitando que se llevara a cabo una investigación nacional que diera con el responsable. Lamentablemente solo Carlos Hernán Herrera creía que se trataba de un único victimario, los detectives de otras regiones seguían buscando en sus propias localidades a traficantes de órganos o miembros de sectas satánicas y su informe fue a parar a una gaveta del CTI.

Luis Alfredo Garavito La Bestia

Villavicencio, El Meta. 22 de abril 1999

La mala hora roza a John Iván

Luego de comer, John Iván Sabogal regresó a la plaza de Los Centauros en el centro de Villavicencio, la tarde estaba dura; al rato de estar allí no había vendido nada; seguía con el mismo billete de 10.000 pesos en los bolsillos; con angustia miraba los 74.000 pesos en lotería que le quedaban por vender. Caminaba de un lado a otro de la plaza voceando su mercadería de la suerte, sin suerte alguna.

– ¡Eeeel Chance, lleva el triple ganador! El Chance, lleva el triple ganador.

A las 3:30 de la tarde, Bonifacio Morera que venía de dormir la mona del día anterior llegó a la plaza. De inmediato se percató de la presencia del niño. Lo que vio no le agradó de entrada, el muchacho era obeso y su piel de cobre no le atraía. No era como los otros, – pensó – esto me tiene cansado, ya no resulta divertido como antes, es muy fácil.

La idea que había tenido la noche pasada en el bar regresó a su perturbada mente, tal vez fuera más excitante secuestrar a hombres adultos, primero para someterlos a su ritual y luego de un tiempo tomar a punta de pistola algún sitio público muy concurrido, secuestrar a un grupo grande de personas y esperar a que llegaran los medios para asesinarlos, así lo mataran a él, eso era lo de menos. Lo importante era quedar en la historia. Algún día lo haría, no le cabía la menor duda, mientras tanto no estaba de más divertirse un poco con aquel vendedor de loterías.

– Oiga niño, yo le quiero comprar una lotería, déjeme ver que numeras tiene.

John Iván se acercó y le entregó a aquel hombre el manojo de billetes de lotería que cargaba, Morera fingió revisarlos y poco a poco se acerco al niño, cuando estuvo suficientemente cerca sacó un filoso cuchillo que le puso en un costado.

– ¡Quédese quietecito! – Ordenó – ¡no vaya a gritar porque lo mato, haga todo lo que le diga!

Con ojos aterrados, Jhon Iván asintió en silencio.

– Se tiene que subir conmigo a un taxi – continuó Morera – Quietecito como le dije, sin gritar y sin decir una sola palabra, quietico pues. Mire de frente.

Con John Iván bajo amenaza Bonifacio Morera salió rápidamente de la plaza hasta alcanzar la calle 38, allí fingiendo que abrazaba amorosamente al niño abordó un taxi y le pidió al chofer que lo llevara hasta el anillo vial ubicado frente los silos de una compañía agrícola llamada Almaviva; en el trayecto mantenía a John Iván amenazado para que no dijera nada, igual el muchacho no podía articular palabra pues sentía que el pánico había paralizado sus cuerdas vocales. 25 minutos después el taxi los dejaba en aquel solitario lugar. Unos meses antes en ese mismo punto las autoridades habían localizado 12 cadáveres de niños, todos con el mismo patrón de ataque descrito por Carlos Hernán Herrera. Apenas el taxi despareció en la distancia Bonifacio Morera empujó a Jhon Iván mientras le ordenaba.

– ¡Suba rápido pendejo! ¡Métase pa´alla arriba!

Luego de subir varios metros se toparon con una cerca de alambres de púas, al franquearla llegaron a un pequeño bosque que los ocultaba de la vista de cualquiera que pasara por la autopista. Allí el hombre hizo que Jhon Iván se quitara la ropa, registró los bolsillos de sus pantalones para robarle el dinero, encontró el billete de 10.000 pesos y se lo guardó, luego le ató los pies y las manos y lo lanzó al matorral mientras se le iba encima con mirada lasciva. El niño aterrado quería gritar pero solo sentía ese feo nudo en la garganta.

Bogotá, D.C. octubre 1998

Las investigaciones cruzadas del CTI

En la sede central del Cuerpo Técnico de Investigaciones un grupo de detectives comenzaba a hacer el mismo trabajo que meses antes había hecho en Buga Carlos Hernán Herrera. Días atrás, el 27 de septiembre de 1998, tres cuerpos fueron encontrados en la sureña ciudad de Florencia, cada uno presentaba las mismas señales de tortura que había en otros cadáveres encontrados a lo largo de varios años en toda la franja centro sur de Colombia. El hallazgo de centenares de cuerpos entre 1992 y 1998 hacía presagiar una especie de lóbrega ruta propiciada por una misma persona. Esa estela de muerte cubría distintas ciudades de los departamentos del Cauca, del Valle del Cauca. Risaralda, El Quindío, Tolima, Cundinamarca, Nariño, Caquetá, Huila y la propia Bogotá.

Los tres cuerpos hallados en Florencia estaban dispuestos de tal forma que los pies de un cadáver quedaban a la altura del cuello del otro, formando un triángulo macabro dentro del cual estaban colocadas las cabezas cercenadas de los chicos mirando al cielo. Si aquellos cuerpos hubiesen sido los primeros en hallarse, cualquiera podía concluir que era el trabajo de alocados miembros de alguna secta satánica; pero solo en 1998 se localizó un rosario de cadáveres en los pueblos atravesados por la cordillera andina. A mediados de año se encontraron 12 osamentas en Villavicencio, el 20 de julio un cuerpo decapitado y en septiembre otros tres cuerpos. En la ciudad de Pereira, capital del departamento de Risaralda 9 fosas y 42 esqueletos, todos de niños varones, y en Génova, departamento del Quindío aparecieron 3 cadáveres el 23 de junio de ese año 98, absolutamente todos estos cuerpos eran de niños.

La brigada departamental del Cuerpo Técnico de Investigaciones en Armenia, envió a un grupo de detectives a investigar estos crímenes de Génova con la intención de recabar la mayor cantidad de información; lamentablemente al llegar a la escena, se encontraron con que una multitud de lugareños se había metido a curiosear alterándola radicalmente. No había nada que hacer allí, salvo recuperar las osamentas. De regreso a Armenia, los detectives iban comentando las incidencias del caso, cuando la casualidad les dio un golpe de suerte: una mujer que laboraba como secretaria de un tribunal en la ciudad de Tunja (Boyacá) oyó lo que hablaban y recordó que hacía cosa de un año ella había redactado y enviado desde aquella ciudad una orden de captura contra un sujeto llamado Luis Alfredo Garavito Cubillos por la violación y muerte de un niño a quien le habían cortado la cabeza y cercenado el pene, que luego le introdujeron en la boca.

Luis Alfredo Garavito La Bestia

Pereira, Risaralda. 1973

La estela de muerte de Luis Alfredo

Luego de salir de su Génova natal, Luis Alfredo Garavito hizo una breve escala en la ciudad de Armenia para luego instalarse en la capital de Risaralda, la ciudad de Pereira, ubicada en un estrecho valle al que flanquea la majestuosa cordillera central y relativamente cercana a la costa del Pacifico colombiano, lo que la hace tener un clima agradable la mayor parte del año. Allí llegó a convivir con dos mujeres mayores que él, quienes tenían hijos de parejas anteriores. Con ninguna de ellas llegó a tener relaciones íntimas. Ambas lo recuerdan como un hombre en extremo cariñoso y atento, mientras estuviera sobrio; con sus hijos, así como con los niños en general Luis Alfredo se mostraba muy amable. – “Lo único malo era cuando bebía” – comentó en una ocasión Luz Mary Ocampo, una de sus dos mujeres – “Cuando se embriagaba, se ponía muy violento, conmigo y hasta me golpeaba, en medio de aquello me hablaba acerca del odio que le tenía a su familia” -.

En aquella ciudad Garavito se aficionó a la bebida y a los juegos de azar y una de las cosas que más le gustaba hacer era escuchar música carrilera. Pensando en ganarse el pan, realizó algunos estudios sobre mercadeo que le ayudaron a obtener una plaza como ayudante en la caja de compensación local, lastimosamente sus constantes explosiones de ira y el problema con la bebida lanzaron sus aspiraciones por un tobogán. No lograba conservar los empleos por mucho tiempo; de la caja de compensación pasó a trabajar como vendedor en varias cadenas de almacenes, luego fue panadero, montó una heladería, laboró como administrador en bares y restaurantes, hasta que al final terminó como vendedor ambulante de estampitas religiosas.

Cinco años después, alcoholizado y con un severo cuadro depresivo buscó ayuda en Alcohólicos Anónimos, a los 21 años acudió al Seguro Social de donde fue remitido a una clínica psiquiátrica en Manizales, en la que recibió tratamiento ambulatorio por 5 años. En esta etapa comenzó su errar por diversas ciudades y pueblos de Colombia, vivió un tiempo en Soacha, donde no lo recuerdan precisamente con afecto.

Su carrera criminal comenzó en 1980. En un lapso de 12 años violó y torturó a un total de 200 niños (En este aparte es bueno acotar que las cifras de las que se disponen fueron tomadas de meticulosas anotaciones hechas por el propio Luis Alfredo Garavito a lo largo de su carrera criminal). Entre 1980 y 1992 solo cometió acceso carnal violento, pero a partir de octubre de 1992 comenzó a asesinar y a perfeccionar el método por el que se haría celebre; para enero de 1997 según sus anotaciones llevaba 100 asesinatos, fue en esa fecha cuando un tribunal de Tunja, en el departamento de Boyacá le libró orden de captura.

Permaneció detenido poco tiempo porque la Fiscalía no contaba con suficientes pruebas para inculparlo, Garavito quien tenía un fuerte poder de persuasión y que a lo largo de su carrera criminal se convirtió en un rey del disfraz y del disimulo (con frecuencia se hacía pasar por monje, indigente, discapacitado y representante de fundaciones ficticias a favor de niños y ancianos) logró convencer a funcionarios de la Defensoría del Pueblo para que tramitaran su libertad; estos funcionarios convencidos de que se cometía una injusticia contra un hombre pobre, abandonado y con discapacidad instaron al tribunal para que se le pusiera en libertad por falta de pruebas.

Una vez en la calle Garavito siguió haciendo lo que sabía hacer: violar y asesinar niños. En el periodo comprendido entre enero de 1997 al 21 de abril de 1998 acabó con la vida de otros 92 chicos.

Bogotá, D.C. noviembre 1998

Más muertos y la caza del criminal

La directiva del Cuerpo Técnico de Investigaciones continuaba recabando y cotejando el caudal de datos que llegaban desde varias regiones del país. El 17 de septiembre un joven que cabalgaba por las inmediaciones del aeropuerto Matecaña en Pereira se topó con una gran cantidad de pequeños huesos que resultaron ser los restos de 13 niños. Una semana después en esa misma ciudad se descubrió una fosa en la que había 12 esqueletos y nueve cráneos de niños. Por los alrededores estaban esparcidos retazos de ropa y zapatos con las suelas desgastadas y algunos de los cuerpos tenían una soga atada al cuello. Para noviembre la presión de la opinión pública era delirante; el CTI recibió órdenes estrictas en el sentido de dar con el asesino, así que a principios de ese mes se envió a las seccionales de todo el país la instrucción de informar sobre los casos que presentaran las mismas características y se convocó a una reunión nacional del CTI en la ciudad de Pereira que debía llevarse a cabo a finales de enero de 1999.

En diciembre, los detectives que habían recibido el dato providencial sobre Luis Alfredo Garavito de parte de la secretaria de Tunja empezaron a interrogar a los familiares y personas cercanas a éste. Con la información recabada reconstruyeron la historia personal del sujeto desde su infancia con lo que armaron un perfil psicológico. Decomisaron fotos cuyas copias se hicieron llegar a todas las secciónales; en los lugares en los que el sujeto había estado se colocaron detectives de paisano en plazas, parques y terminales con la misión de atraparlo, aunque sin éxito alguno.

La reunión nacional de CTI convocada para enero de 1999 tuvo que ser suspendida a causa del terremoto que asoló la región el día 25. Esa importante reunión no se llevaría a cabo sino hasta el mes de julio.

Los detectives de Armenia proseguían sus pesquisas y el 14 de abril de 1999, llegaron hasta Luz María Ocampo, una de las dos mujeres que convivieron con el sospechoso y ésta aportó más datos sobre Garavito, aunque en principio no dijo nada que no hubieran escuchado los policías antes, en medio de la conversación reveló un dato crucial; en algún momento Luis Alfredo Garavito le había confiado un costal para que se lo guardara, – son papeles personales – le había dicho. Ella lo guardó por un tiempo, pero luego se lo llevó a una hermana de Luis Alfredo, de nombre Stella. Los detectives se pusieron en marcha y cuando tuvieron el costal con ellos se encontraron con un detallado archivo personal de Garavito que incluía libretas con anotaciones de todos los movimientos que había hecho desde su ya lejana salida de la casa paterna en Génova en 1973. Los registros eran tan meticulosos que incluían hasta las boletas de pasaje del transporte intermunicipal y recibos de los sitios donde se había hospedado, estos datos les daban un mapa de ruta, con el que lograron determinar que las fechas en las que Garavito estuvo en determinados lugares coincidían con la ocurrencia de los crímenes que estaban investigando. Ya no tenían dudas, ese tenía que ser su hombre, pero parecía que la tierra se lo hubiera tragado.

Algún lugar de Colombia. Enero 1997

La metamorfosis

Luego de su salida de la cárcel de Tunja, Luis Alfredo Garavito decidió que era hora de cambiar de identidad, sabía que tarde o temprano y de un modo u otro las autoridades lograrían recabar suficientes pruebas contra él, así que necesitaba mudar de piel; forjó documentos y pasó a llamarse Bonifacio Morera, se mudó a Villavicencio y allí estableció su nueva base de operaciones. Sin embargo ya con 40 años, comenzaba a sentirse cansado, desde la adolescencia no había tenido un momento de paz, saltaba de un sitio a otro cometiendo asesinatos con toda la frialdad de un psicópata, para luego sumirse en intensos períodos de remordimiento y depresión. En 1998 comenzó a acariciar la idea de dejar lo que hacía y pasar a una nueva fase, una que sabía que sería la última: quería pasar del asesinato en serie al asesinato en masa. Garavito, que había disfrutado al máximo las reseñas que los diarios hacían de sus crímenes, ahora se aburría con aquello. Le parecía algo superado, demasiado fácil. Su mente torturada y retorcida le pedía nuevas y más intensa sensaciones; en eso pensaba Luis Alfredo Garavito la tarde en que secuestró a John Iván de la plaza de Los Centauros.

Luis Alfredo Garavito La Bestia

Villavicencio, El Meta. 22 de abril 1999

Un ángel en forma de gamin

Después de haber estado recogiendo cacharros por distintas zonas, el muchacho de 16 años se fue hasta la chatarrera donde siempre se los compraban, ese día llevaba una buena cosecha de aluminio y hierro viejo. Esperaba que le pagaran bien, el cuerpo le dolía y algo lo quemaba por dentro, necesitaba calmarse con un poco de buena hierba. Vació el contenido del sucio saco y esperó con impaciencia a que el dependiente clasificara cada metal y lo pesara. Cuando le pagaron, lo primero que hizo fue acudir a comprar la ansiada marihuana, no veía la hora de sentarse tranquilo a fumar; sin embargo aún tenía que caminar un buen trecho, no quería que ni la policía ni otros gamines lo molestaran; conocía un sitio solitario en el que podía sentarse tranquilo a disfrutar de su vicio.

Al llegar al anillo vial, el gamin comenzó a subir la senda que conducía al pequeño bosque de coníferos donde había estado antes y que le resultaba ideal por lo tranquilo y solitario. Una vez arriba se sentó a preparar un buen tabaco; con placer infantil llenaba el papel con la hierba cuando de pronto escuchó un grito que le provocó un vuelco en el corazón.

– ¡Auxilio! ¡Me quieren violar! ¡Auxilioooo!

El gamin que se creía solo en aquel bosque se asustó y en un primer momento no lograba precisar qué ocurría, pero en segundos saltó de donde estaba y como una fiera fue al sitio de donde provenían los gritos. Lo que vio lo asqueó, un hombre maduro estaba encima de un niño desnudó dispuesto a ultrajarlo.

– ¡Oiga hijueputa! ¿Qué le está haciendo a ese niño?

Garavito al ver que estaba descubierto cortó rápidamente la soga que ataba los pies de John Iván y le ordenó que se adentrara más en la espesura, el niño que a última hora logró desatar el nudo de terror que le atenazaba la garganta para gritar pidiendo ayuda, no le hizo caso, vio que esa era su oportunidad y con desespero corrió hasta donde estaba el chatarrero, éste al ver que Garavito estaba armado de aquel filoso cuchillo tomó unas piedras y se las arrojó, pero cuando vio que el hombre venía hacia él, también arrancó a correr cuesta abajo. Como un suspiro atravesaron el bosque y 600 metros más abajo llegaron a un puente que colgaba por encima de una quebrada. El chatarrero que iba delante preguntó al muchacho que aún venía con las manos atadas:

– ¿Qué le pasó?

– Ese tipo me quería violar y matar – dijo jadeante John.

En ese momento pasaron frente a una pequeña vivienda en cuya puerta estaba una niña que los miraba absorta. John le gritó al chatarrero.

– Venga, vamos a meternos aquí para escondernos.

– ¿Esta loco? Siga corriendo, carajo, que ese tipo nos va a matar a todos.

John siguió corriendo detrás del gamin, tan asustado que no se dio cuenta de que el hombre al llegar donde estaba la niña dejo de perseguirlos.

– Oiga niña – preguntó Garavito – ¿Cómo se sale de esta mierda?

La pobre muchachita aterrada señaló hacia donde pudo y Garavito se internó por la espesura hacia el punto que le habían indicado.

Cae La Bestia

Pronto hubo de darse cuenta Luis Alfredo Garavito que el sitio que le habían señalado no llevaba a ninguna parte, estaba atrapado. No podía salir de allí sino por donde había venido pero para ese momento una poblada ya tenía tomado el lugar. Desde donde estaba podía escuchar las voces de las personas que indignadas pedían su cabeza. Además la policía fue avisada y una comisión llegó al sitio a investigar qué había pasado. Al caer la noche el cabo Pedro Babativa se internó en la espesura, acompañado de los agentes Cesar Augusto Rojas y José Tinjaca pero no pudieron dar con el hombre. El cabo Babativa sabía que en la oscuridad y metido en esa maleza sería muy difícil atraparlo. Era necesario hacerlo salir, la presencia de la gente era un estorbo, así el criminal nunca saldría. El policía decidió emplear una treta: fingiría que se daba por vencido e instaría a la gente a marcharse del lugar.

– Señores, se les agradece que despejen el sitio, ya a ésta hora no se puede hacer nada, lo más seguro es que el hombre haya huido hace rato. Despejen el área por favor.

Las personas que se habían reunido allí, llegadas de los barrios vecinos comenzaron a insultar a los agentes

– ¡Que ineficacia, por eso es que nunca atrapan a nadie! ¡Vamos a acusarlos con sus superiores!

No resultó nada fácil lograr que se retiraran, pero cuando lo hicieron, Babativa ordenó que la patrulla donde estaba John Iván con su madre retrocediera a una curva desde la que no pudiera verse y él junto con uno de los agentes se subió a otro auto. La idea era fingir que se marchaban.

Desde su escondite Garavito picó el anzuelo, al ver que todos se retiraban decidió salir, el primero en verlo emerger del monte fue el niño.

– Mire Mama ese es el hijueputa que me quería violar

– Tranquilo hijo – le calmó el policía quien de inmediato se comunicó con Babativa, éste enseguida le cortó el paso al sorprendido Garavito para pedirle identificación. El asesino que de inmediato recuperó la compostura le dijo al policía que su nombre era Bonifacio Morera y que venía desde la vecina población de Acacias, que era vendedor ambulante, que por favor lo disculpara pues en ese momento no tenía el carné de identificación pero le mostró una factura de compra venta a su nombre.

– Oiga agente, me debe estar confundiendo con otra persona. Yo me llamo Bonifacio y mi número de cédula es 12.120. 692. Yo vivo por acá cerca.

Al mirar la serenidad de aquel hombre y la mirada límpida y tranquila, Pedro Babativa estuvo a punto de creerle, pero con un vistazo a la ropa comprendió que estaba mintiendo.

– ¿Cómo así? Dígame entonces como es que viene con el mismo tipo de ropa que usaba el hombre que andamos buscando; además si viene de otro pueblo por qué anda con esos zapatos todos embarrados y la ropa llena de grama y mojada de rocío. Hágame el favor de mostrarme lo que trae en la mochila.

En el pequeño morral había un tarro de vaselina, unos metros de soga, un cuchillo y varios papeles; al revisar sus pantalones consiguieron doscientos mil pesos y en el bolsillo de la camisa estaba el billete de 10.000 pesos en el que John Iván había escrito el número 740 con tinta roja. Babativa sonrío, habían cogido al violador.

Pereira, Risaralda. 14 de julio 1999

Cumbre nacional del CTI

La reunión nacional de investigadores pospuesta desde enero por fin tenía lugar, detectives de todo el país unían esfuerzos para dar con el temible asesino en serie que había sembrado de cadáveres una extensa región. Cuando tocó su turno, el técnico forense y experto en morfología, Carlos Hernán Herrera subió al podio. Con mucha sobriedad presentó las conclusiones del trabajo de investigación que había llevado a cabo en Buga. Mostró a sus colegas el retrato anatómico que logró por medio de los objetos abandonados por el asesino y mostró la aproximación del rostro. Abajo, los delegados de las seccionales de Villavicencio y Armenia no cabían de gozo, ellos estaban seguros de saber a quien se refería Herrera. Los de Armenia tenían en su poder un conjunto de pruebas que lo identificaban y los de Villavicencio lo tenían desde abril entre rejas con el nombre supuesto de Bonifacio Morera.

Al terminar la exposición de Carlos Hernán Herrera, todos los detectives intercambiaron información de los datos sueltos con los que contaban, al unir las piezas ya no tenían el menor atisbo de duda: El asesino que buscaban se llamaba Luis Alfredo Garavito Cubillos y ya lo tenían a buen resguardo con el cargo de secuestro e intento frustrado de violación. Antes de salir de la sala llegaron a un acuerdo: Garavito no debe saber nada de esto, hay que seguir llamándolo por el nombre de Bonifacio Morera hasta el día que se rinda la indagatoria, allí lo desenmascararemos ante el tribunal.

Luis Alfredo Garavito La Bestia

La indagatoria

El viernes 28 de octubre de 1999, “Bonifacio Morera” fue trasladado al tribunal para lo que él consideraba sería la rendición de indagatoria por los delitos de secuestro y acceso carnal violento en grado de frustración. Una vez en el sitio el hombre miraba con frialdad a los que lo rodeaban. La sala, más parecida al aula de clases de alguna academia comercial que a la augusta sede de un juzgado, estaba lleno de un montón de sillas en hileras que nadie ocupaba. El acusado miraba con cierto fastidio el piso de granito mientras esperaba que comenzara la sesión. A un costado la Fiscal Octava de Armenia acariciaba el dossier que había llevado consigo.

– ¡Ciudadano Luis Alfredo Garavito Cubillos, póngase de pie!

El aludido se sorprendió al oír su verdadero nombre y más se sorprendía ante las implacables preguntas que comenzó a hacer la fiscal sobre su participación en 118 casos de niños asesinados cuyas fechas y sitios de muerte coincidían plenamente con la información extraída del costal y clasificada por los detectives de Armenia. Durante seis fatigosas horas Garavito negó cada uno de los cargos; insistía con terquedad que su nombre era Bonifacio Morera con cédula de identidad 12.120. 692 y no ese tal Luis Alfredo Garavito con cédula 6.511.635.

Consciente como estaba de que lo habían atrapado en una red de la que era muy difícil salir, Garavito comenzó a perder la templanza, a las seis de la tarde ingresó a la sala en calidad de testigo uno de los cinco investigadores que habían tenido a su cargo centralizar la información; en una impecable exposición de media hora, el funcionario relató a los presentes una detallada relación de la vida del acusado, desde su nacimiento en 1957 hasta el momento de la aprehensión en Villavicencio. En que sitios había estado, los apodos con que lo habían llamado a lo largo de su vida, los nombres de los niños a los que había matado, la entrada a la cárcel en Tunja; toda esa información la habían logrado del propio acusado a través de las meticulosas anotaciones que éste había hecho de cada uno de sus crímenes. En un momento el hombre no soportó más y se lanzó de rodillas al suelo.

– ¡Quiero pedir perdón por todo lo que hice, voy a confesar! ¡Yo los maté y no solo a esos, maté a muchos otros! Gritó Garavito en medio de un acceso de llanto del que se recuperó rápidamente.

Con la misma frialdad de siempre volvió a sentarse, de las pruebas presentadas ante el tribunal tomó una vieja libreta en cuyas páginas había números y rayas. Se trataba de una de las libretas en las que llevaba sus estadísticas, las rayitas representaban la cantidad de niños asesinados y los números las fechas de los homicidios.

– No son 118, maté a 142 niños.

A continuación facilitó información sobre la ubicación exacta de otros cadáveres y la forma en que cometía sus crímenes. Los presentes en la sala tuvieron que aguantar siete horas adicionales que fue el tiempo que tomó el acusado para confesar. Entre otras perlas reveló que durante el rito de muerte se emborrachaba y que luego de la violación los mataba, en los primeros asesinatos le daba una puñalada directa al corazón pero luego decidió prolongar el sufrimiento con cortes en otras zonas del cuerpo, dijo que jamás le tapaba ni la boca ni los ojos, y que siempre los mataba de día pues le tenía mucho miedo a la oscuridad. Dijo que gustaba de matar niños bonitos pues representaban lo que él nunca había sido y que la edad promedio de los asesinados respondía a la edad en la que él fue violado por los amigos de su padre.

En una evaluación psiquiátrica posterior, a Luis Alfredo Garavito Cubillos le fue diagnosticado Trastorno de La Personalidad Antisocial (TAS), según el informe el sujeto demostraba: ausencia de empatía en las relaciones interpersonales, ausencia de miedo, ausencia de remordimiento, autoestima distorsionada, búsqueda de sensaciones, cognición de deshumanización de la víctima, desconsideración o distorsión de las consecuencias, egocentrismo, impulsividad, manipulación ajena, motivación de auto justificación, pedofilia, sadismo y megalomanía.

La cárcel

El 13 de diciembre de 1999 Luis Alfredo Garavito (a) La bestia, fue condenado a 52 años de cárcel por el delito de homicidio agravado contra el niño Ronald Delgado y acceso carnal violento en el grado de tentativa por el Juez quinto penal del circuito de Tunja. Contrario a lo que pudiera creerse, en lugar de ser recluido en algún instituto de máxima seguridad para enfermos mentales criminales, ha pasado todo este tiempo en una pequeña celda de la Cárcel Distrital de Villavicencio, aislado del resto de prisioneros. Su calabozo esta ubicado muy cerca del acceso a la calle y a la delgada puerta solo la asegura un pequeño candado. Hace unos años cuando fue visitado allí por un periodista, el director del retén aseguró que Garavito recibía ese trato pues se trataba de un “preso de conducta intachable”, que además había abrazado la fe cristiana. Desde su sitio de reclusión Garavito solicitó al Juez Quinto Penal del Circuito de Tunja que se le otorgara una rebaja de la condena tomando en cuenta su buena conducta y algunos otros elementos.

En noviembre del año pasado (2011) cuando ya llevaba 12 años cumplidos de la pena impuesta, una noticia prendió las alarmas en Colombia: Luis Alfredo Garavito podía estar a punto de salir en libertad condicional por haber cumplido una de las condenas, esa especie fue rápidamente desmentida por el doctor Ovidio Claros, vicepresidente de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura.

Garavito, enfrenta igualmente un pedido de extradición hecho por las autoridades de la república del Ecuador por presunto crímenes cometidos contra niños de ese país, esta solicitud fue avalada ya por la Fiscalía General de la Nación, por lo que muy difícilmente Garavito logre por la vía legal pisar nuevamente la calle.

Luis Alfredo Garavito (a) La bestia es considerado el segundo mayor asesino serial de la era contemporánea por detrás del indio Thug Behram que asesinó a 931 personas entre 1790 y 1830, un record para nada envidiable.

Publicado el 1 de abril de 2012

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6 comentarios

  1. Que historia tan impresionante. Por un lado se puede deducir que éste asesino es un producto, me refiero a su infancia y adolescencia, etapa en la que fue torturado y violado por los amigos de su padre (vaya clase de amigos). Sin embargo, una vez hecho el daño dificilmente sea una persona recuperable. Es mejor que lo dejen encerrado, la vida de cualquier niño vale más que la libertad de este mostruo social. Excelente articulo, te felicito, Pedro.

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    • Gracias Angelo, ciertamente sería sumamente peligroso que esta persona salga a la calle, como tan peligroso es que lo mantengan en esa prisión sin las más elementales medidas de seguridad, luego de culminar la indagatoria, Garavito confesó informalmente que lo próximo que deseaba hacer era cometer un asesinato en masa en algún sitio muy concurrido pues ya los crímenes contra niños le resultaban muy aburridos. Un abrazo, amigo

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  2. Hola querido Pedro, escalofriante caso. Existen dos perfiles para estos asesinos seriales:
    Asesinos en serie Organizados: Muestran cierta lógica en lo que hacen, no sufren trastornos mentales que puedan explicar en parte lo que hace, planifican sus asesinatos, son premeditados y nada espontáneos, suelen tener inteligencia normal o superior, eligen a sus victimas y las personaliza para que exista una relación entre él y su presa.
    Asesinos en serie no Organizados: Sus actos no usan la lógica, suelen presentar trastornos mentales que se relacionan con sus aberrantes actos, tales como la esquizofrenia paranoide. No selecciona ni elige a sus victimas, ya que sus impulsos de matar le dominan tanto que improvisa, actúa espontáneamente y con una mayor carga de violencia y saña sin ningún mensaje. Su deterioro mental hace también que no se ocupe de la escena del crimen ni haga nada especial para no ser detenido. No quiere relacionarse con su víctima, solo destruirla.
    Como cualquier depredador, éste ataca a sus víctimas en el territorio en el que se sienta seguro, su presa tenga menos posibilidades y pueda huir si es necesario. Como cualquier persona, las conductas que requieren intimidad o que pueden provocar cierto estrés, son más fáciles de realizar en terreno conocido que en aquel desconocido que nos provoca inseguridad. Para el asesino en serie matar es su objetivo, pero no olvida su sentido de supervivencia que le hace tratar de evitar que le capturen. Por eso va a matar en aquellas zonas en las que se sienta cómoda. Este hecho puede desaparecer en determinado tipo de asesino en serie, en concreto en los desorganizados, en lo que su sed de muerte se produce por impulsos y no tiene tanto control sobre ese aspecto. Generalmente, su deterioro mental también hace que no planifique tanto sus crímenes. Por otro lado, ese deterioro mental hace que no sea capaz de desplazarse a grandes distancias para buscar a su víctimas ni para acabar con sus vidas, por lo que también actúa en su zona geográfica.
    La víctima tiene una importancia crucial puesto que es la protagonista del hecho criminal, presencia el crimen en primera persona, sobre ella recae el acto criminal y se representan el modus operandi y la firma del asesino.
    Si la víctima sobrevive puede aportar mucha información de primera mano acerca de su agresor y de sus circunstancias, si ésta fallece es necesario realizar una autopsia psicológica. En esta autopsia se tratan de recoger varios aspectos personales y sociales de la víctima. Es necesario reunir una serie de información respecto a su domicilio, educación, estado civil, aficiones, situación económica, temores, hábitos, enfermedades, amistades, trabajo…
    De toda esta información se desprende primariamente una clasificación de la víctima en cuanto al riesgo que suponen para ser agredidas. En este caso hablamos de víctimas de bajo y del alto riesgo . Como es lógico, las víctimas de alto riesgo tienen una mayor probabilidad de ser atacadas y además de no suponer muchos problemas para sus atacantes.
    Por otra parte, el estudio y análisis de la víctima nos da información de cómo su asesino se relaciona con sus víctimas, lo que nos proporciona una huella psicológica importante para realizar el perfil. En un crimen hay dos protagonistas, el asesino y su víctima, entre ellos hay una relación, el asesino usa a la víctima para narrar su historia, para satisfacer sus fantasías personales pero también para dejar constancia de su relación con el mundo. Y es en esta relación donde se refleja más su personalidad.
    El deseo, la necesidad irresistible de matar, la sensación de poder ilimitado sobre otro, sentirse omnipotente, invencible, gozar el cuadro de muerte aún fresco. Más allá del bien y del mal, el asesino serial, en el momento de su acto es, se siente, Dios.
    Mucho más para aportar pero, no quiero cansarte amigo. Mil gracias, por la etiqueta. te mando un beso grande. Feliz Semana!!.

    Adriana Flores
    Psicologa

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  3. A mi me parece que los viejos que violaron en su infancia y adolescencia a garavito no son coincidencias. Estoy seguro que el padre de este vendía a su hijo…de seguro era un alcoholico y esta gente siempre arrebata la felicidad de su nucleo familiar. Es una historia horrorosa. Pobre diablo

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  4. muy buena la redaccion y la secuencia de los hechos’, los felicito, les reitero mi admiracion por cada uno de los casos; ademas de recordarles que hace unos meses les sugeri un caso que conmovio a la opinion publica y que fue llevado a la television, la protagonista interpretada por la actriz Flor Nunez, se trata de la viuda negra, ocurrido en la ciudad de Maracay, saludos; Irma Vd Einden

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