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La muerte de José Gregorio Hernández

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

La mañana del día en que iba a morir, el doctor José Gregorio Hernández estaba de plácemes; cumplía 31 años de haber aprobado su examen de grado en la Facultad de Medicina y la tarde anterior se había firmado en Versalles el tratado que oficialmente ponía fin a la Gran Guerra.

Como hacía siempre, se levantó poco antes de las cinco y rezó el Ángelus; luego dirigió sus pasos al vecino templo de la Divina Pastora donde oyó misa y comulgó. Cuando salió de allí el frío había amainado, miró en torno suyo, saludó cordialmente a los vecinos y fue a cumplir con la tarea que se impuso como ofrenda, muchos años antes en la tumba de su madre: atender y dar aliento diario a sus enfermos más pobres.

A las siete y treinta estaba de regreso en casa. Comió pan untado con mantequilla, unas lonjas de queso y tomó guarapo de papelón, frugal alimento servido por su hermana María Isolina del Carmen. De metódico espíritu franciscano se dispuso luego a hacer lo que habitualmente hacía; ordenar su modesto consultorio y verificar la lista de pacientes que solicitaban su atención aquel día. Al terminar con ellos pasó a ver a los niños del Asilo de Huérfanos de la Divina Providencia y a los enfermos del hospital Vargas.

Cuando volvió a casa poco antes de mediodía, María Isolina lo recibió con una grata sorpresa, Dolores su amantísima cuñada le había enviado como obsequio una jarra de carato de guanábana, uno de los pocos placeres que se permitía el médico asceta. Bebió dos vasos de aquel rico zumo y se fue a la iglesia de San Mauricio para la contemplación diaria del Santísimo Sacramento. A las doce en punto, al toque del Ángelus, rezó el Ave María y regresó para almorzar.

La última comida de su vida consistió en sopa, legumbres, arroz y carne. Mientras comía recordó a Isolina que aquella tarde les visitarían su hermano Cesar y su sobrino Ernesto, quienes conversarían con él los arreglos de un proyectado viaje a la isla de Curazao. Consumido el almuerzo, Hernández se sentó a reposar en una silla mecedora. A la una y media pasó a visitarlo un amigo que deseaba felicitarle por el aniversario de su graduación. Al encontrarle regocijado, el amigo le preguntó curioso:

- ¿A qué se debe que esté tan contento doctor?

- ¡Cómo no voy a estar contento!- Respondió Hernández con un brillo especial en la mirada – ¡Se ha firmado el Tratado de Paz! ¡El mundo en paz! ¿Tiene usted idea de lo que esto significa para mí?

El amigo complacido lo secundó en su entusiasmo y entonces el médico acercándose a él y bajando la voz, le dijo en tono íntimo.

- Voy a confesarle algo: Yo ofrecí mi vida en holocausto por la paz del mundo… Ésta ya se dio, así que ahora solo falta…

Un gesto radiante interrumpió su frase, el otro se alarmó un poco por lo que acababa de escuchar pero no imaginó lo cerca que estaba de cumplirse aquella ofrenda.

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

El hombre que mató a José Gregorio

 A los 28 años, Fernando Bustamante experimentaba la felicidad del hombre llano; poseía un taller mecánico; estaba casado; tenía dos hijos y su esposa estaba encinta. Sus seres más queridos disfrutaban de buena salud, especialmente su madre que recientemente había sido tratada y curada por el doctor José Gregorio Hernández, amigo y antiguo profesor de Bustamante en los tiempos en que éste estudiaba bachillerato. En 1918, año de la terrible gripe que asoló al mundo, el doctor Hernández arrebató de las garras de la muerte a la hermana del mecánico. Agradecido con el noble galeno, Fernando Bustamante le pidió ser el padrino del hijo que estaba por nacer, honor que José Gregorio aceptó conmovido.

El domingo 29 de junio de 1919, Bustamante cerró el taller a la 1:30 de la tarde. Tenía hambre y lo único que deseaba era llegar a comer. Trece días antes, la Gobernación le había otorgado el certificado que lo autorizaba a conducir automóviles, con lo que pasó a ser oficialmente el “chauffer”, número 444 de la ciudad. Abordó su Essex 1918, precioso ejemplar de la famosa serie “Super Six” fabricado en Detroit por la casa Hudson y comenzó a subir por las angostas y solitarias calles rumbo a La Pastora.

Cercana a la montaña que separa a Caracas del mar, La Pastora era por entonces el lugar predilecto para vivir, por su tranquilidad y clima siempre agradable. En las madrugadas, se oía el armónico paso de mulas que bajaban cargadas de mercancías por el viejo camino de los españoles y que los arrieros llevaban a la zona comercial de la ciudad. De cuando en cuando pasaba algún tranvía que por módico precio llevaba a los viajeros hasta el opulento barrio de El Paraíso haciendo escala en la Plaza Bolívar.

Justo allí y poco antes de que Bustamante emprendiera la marcha, Mariano Paredes, motorista de la unidad 27 de la compañía de tranvías eléctricos, esperaba pasajeros que llevar a La Pastora. El coronel Eduardo Baptista, quien vivía en el 211 de Santa Ana a Providencia, subió ágilmente por uno de los estribos y fue a sentarse atrás. En los asientos delanteros estaba el joven empresario Juan Antonio Ochoa y saltando de un puesto a otro para cobrar los pasajes, el colector Alfonso Timaury. A las dos en punto, la pesada maquina comenzó a moverse.

Quince minutos después entraban a La Pastora. Mariano Paredes paró el tranvía frente a la zapatería vecina a la botica de Amadores para que bajara uno de los pasajeros. En la casa de enfrente, el número 29 de la esquina de Guanábano, la señorita Angelina Páez veía pasar la vida sentada en el poyo de la ventana. No imaginaba que estaba a punto de presenciar uno de los hechos más terribles y tristes de la historia venezolana.

Camino a la muerte

José Gregorio Hernández seguía sentado al lado de la gran imagen de yeso de San José que tenía en la sala de su casa. Varios amigos habían pasado a congratularlo por su aniversario de grado. Como todos los domingos, esperaba compartir la tarde en familia hasta que llegara la hora de la misa vespertina. A las dos, tres aldabonazos estremecieron la vieja puerta de madera en la casa de los Hernández. Al abrirla, Isolina se halló frente a un vecino alarmado que preguntaba por su hermano. El médico salió al encuentro del recién llegado quien le urgió a que ocurriera a la cuadra de Cardones, donde una de sus pacientes, una anciana de escasos recursos, se encontraba gravemente enferma.

Con la presteza del caso, el doctor tomó su borsalino y salió al encuentro de la necesitada; en la siguiente esquina entró a la botica de Amadores para comprar unas medicinas, pues sabía que la pobre señora no tenía dinero para adquirirlas. El boticario Vitelio Utrera preparó rápidamente la fórmula indicada por el doctor Hernández y se la entregó.

Una cuadra más abajo aparecía el Essex de Fernando Bustamante, quien tocó el claxon al tomar el desvío de Guanábano a Amadores; al ver el tranvía parado en la esquina embragó a tercera y giró el volante a la izquierda, el coronel Baptista le vio rebasar al coche eléctrico a unos 30 kilómetros por hora. Poco antes, el pasajero Juan Antonio Ochoa había visto al doctor Hernández salir de la botica y colocarse frente a la unidad conducida por Paredes; apurado como estaba por el estado de la paciente, el médico se dispuso a cruzar la pequeña avenida para bajar a Cardones.

- Ni él pudo ver el carro, ni yo lo pude ver a él- relataría 30 años después Fernando Bustamante al entonces joven reportero Oscar Yanes en una entrevista que concedió al periódico donde éste laboraba, con la expresa condición de que su nombre no fuera revelado.

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

En el expediente que comenzó a sustanciar, el mismo 29 de junio de 1919, el Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal y que se encuentra archivado en la Oficina Principal del Registro Público de Caracas; el involuntario homicida y las personas que se hallaban en el lugar al momento de ocurrir el desgraciado suceso, dan una detallada relación del mismo, exponemos en primer lugar la declaración de Bustamante:

“Al rebasar el tranvía marchando en tercera, vi que alguien inesperadamente se me puso al frente. Intentando no aporrearlo, giré el volante a la izquierda, pero ya era demasiado tarde; el guardafangos de mi auto golpeó la pierna de esta persona que por el impacto fue a dar varios metros adelante.

Yo entonces detuve el auto a ver si se había parado, pero lo vi en el suelo y reconocí al Dr. José Gregorio Hernández, y como éramos amigos y tenía empeñada mi gratitud para con él por servicios profesionales que gratuitamente me había prestado con toda su solicitud, me lancé del auto y lo recogí ayudado por una persona desconocida para mi.

Le conduje dentro del auto y entonces en interés de prestarle los auxilios necesarios le llevé tan ligeramente como pude al Hospital Vargas, hable con el policía de guardia y le expliqué lo que había sucedido. Rápidamente se acercó un interno y entre todos llevamos al doctor adentro; como en ese momento no había ningún médico en el hospital me fui a buscar al Dr. Luis Razetti, encontrándole en su casa. Al llegar al hospital un sacerdote que venía saliendo nos dijo que ya el Dr. José Gregorio Hernández había muerto”.

La persona que ayudó a Bustamante a recoger y trasladar al doctor Hernández al centro asistencial era el señor Vicente Romana Palacios que avisado por su hermana, salió corriendo de la casa a ver que había pasado y el cura que le dio la trágica nueva de su muerte fue Tomás García Pompa quien por muchos años ejerció como capellán del Hospital Vargas. García Pompa fue quien impuso al Dr. Hernández los santos óleos y le dio la absolución bajo condición.

Angelina Páez, la señorita que estaba en la ventana de su casa, contó luego que al momento de ser impactado, José Gregorio Hernández exclamó: “¡Virgen Santísima!”

Cuando ocurrió el fatídico accidente el reloj marcaba las 2:15 de la tarde.

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

Médico – Cartujo – Seminarista – Médico

Del matrimonio formado por Benigno Hernández y Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros, nació el 26 de octubre de 1864 en el pueblito andino de Isnotú un niño al que bautizaron como José Gregorio, su padre se dedicaba al comercio y su madre a labores del hogar.

Por línea materna este niño descendía del famoso cardenal Francisco Jiménez de Cisneros quien fuera confesor de Isabel la Católica, fundador de la universidad de Alcalá y gran impulsor de la cultura en su época. Por vía paterna José Gregorio se emparentaba con Francisco Luís Febres Cordero Muñoz, eminente educador y escritor, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, y correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española.

Su madre, una mujer muy devota falleció cuando él tan solo tenía ocho años pero dejo impregnada en la personalidad del infante una fuerte religiosidad. Al alcanzar la adolescencia se traslada a la ciudad de Trujillo para estudiar el bachillerato en el Colegio Federal de Varones. Su primer maestro, Pedro Celestino Sánchez quien regentaba una escuela privada en Isnotú, notaría muy pronto las habilidades e inteligencia del pequeño por lo que señaló a su padre que debía aprovechar las cualidades del niño recomendándole que lo enviara a la capital del país.

Con trece años cumplidos el joven estudiaba en el colegio Villegas de Caracas, allí obtuvo en 1884 el título de bachiller en Filosofía. Cuenta Guillermo Tell Villegas regente del famoso colegio que José Gregorio era poco dado a jugar con sus compañeros y prefería pasar el tiempo libre en compañía de libros. A corta edad ya conocía a los clásicos y se auto impuso con mucha disciplina la obtención de una vasta cultura enciclopédica.

A los 17 años ingresa a la Universidad Central de Venezuela para estudiar leyes pero el padre conociendo la natural inclinación de su hijo por ayudar a los demás lo anima a emprender la carrera de Medicina, éste lo hace ingresando por Biología. Al graduarse de médico el 29 de junio de 1888, José Gregorio Hernández era dueño ya de inconmensurables conocimientos. Hablaba inglés, francés, portugués, alemán e italiano y dominaba el latín; era filósofo, músico y tenía además profundos conocimientos de teología. Para cumplir la promesa hecha a su madre y con el deseo personal de ayudar a sus paisanos se traslada a ejercer la medicina en su pueblo natal.

El 30 de julio de 1889 regresa a la capital para dar comienzo a una brillante labor científica. Ese mismo año el Presidente de la República, Dr. Juan Pablo Rojas Paúl decide enviarlo a hacer el postgrado en las universidades de París y Berlín con el objetivo de que estudiara teoría y práctica en las especialidades de microscopia, histología normal y patológica, bacteriología y fisiología experimental; para tal fin le fue otorgada una beca de 600 bolívares mensuales.

Estando en Europa fallece su padre quien le deja en herencia algunos bienes que él de manera desprendida decide traspasar por completo a los hijos de su hermana María Sofía. Regresa en 1891 para dedicarse a enseñar todo lo que había aprendido y funda algunas importantes cátedras en la Universidad Central de Venezuela. Su clientela crece día a día a la par que crecía su prestigio como científico llegando a tener la más amplia lista de pacientes en Caracas.

En el campo filosófico Hernández se declara partidario del creacionismo, imbuido por un fuerte espíritu religioso que lo llevaría años más tarde a intentar consagrarse a la vida monástica. En 1907 con 43 años cumplidos y luego de haber prestado importantes servicios a su patria, el Dr. José Gregorio Hernández comunica a Monseñor Juan Bautista Castro, Arzobispo de Caracas, su decisión de entregarse en cuerpo y alma a la vocación religiosa, éste que por muchos años había sido consejero espiritual del médico, muestra ciertas reservas pues considera que aún eran muchos los servicios que podía prestar al país en su condición de científico.

Finalmente decide aprobar su vocación y lo envía al convento de la orden de San Bruno en La Cartuja de Farneta cercana al pueblito de Lucca en Italia. Allí luego de cumplir con los protocolos de admisión fue aceptado bajo el nombre de Hermano Marcelo el 29 de agosto de 1908, siéndole asignada una de las celdas donde debía observar rigurosas normas y someter al cuerpo a constantes mortificaciones, entre ellas privarse de comer o beber por días enteros, evitar por completo el contacto con otros seres humanos incluyendo a sus propios hermanos religiosos, soportar temperaturas de varios grados bajo cero pues no podía procurarse en modo alguno ninguna forma de calor mientras estuviese en la celda como novicio. Todo esto llevó a que Fray Marcelo, pese a estar espiritualmente motivado, tuviera que desistir pues su salud se vio gravemente comprometida.

El maestro de novicios Ettienne Arriat, consideró prudente y así lo recomendó al Padre General de la Orden, que Fray Marcelo volviera a ser el doctor José Gregorio Hernández y que regresara a Venezuela para recuperar totalmente la salud. Por esa razón, y contra su voluntad, José Gregorio se vio precisado a dejar los hábitos y a abandonar la Cartuja de Farneta ocho meses después de haber ingresado en ella.

El 21 de abril de 1909, el vapor “Cittá di Torino” dejaba en el puerto de La Guaira a un abatido José Gregorio quien temeroso de las burlas que lo podían esperar en Caracas, prefirió pasar la noche en una pensión de la calle Los Baños en Maiquetía. Desde allí escribió y envió una carta a su dilecto hermano César en la que explicaba a la familia el motivo de su regreso y sus planes inmediatos. En líneas escuetas contó que un mes antes, el Superior de los Cartujos le había comunicado que no podía admitirlo por no tener vocación para la vida contemplativa, que su lugar estaba en la vida activa por lo que le recomendaba ingresar en la orden de los Jesuitas o que se hiciera sacerdote secular. En la parte final de la carta le decía al hermano que le había escrito al Arzobispo de Caracas, pidiéndole que lo recibiera en el seminario y le pidió que fuera a ver al prelado para saber qué decisión había tomado.

Al enterarse de que la respuesta había sido positiva, José Gregorio subió de incógnito a la capital y se instaló en el seminario. El 24 de abril, el diario La Religión anunciaba con bombos y platillos el regreso al país del doctor Hernández e informaba a sus lectores que éste había sido recibido en el Seminario Mayor de Caracas. Esto provocó una verdadera avalancha de visitantes que alteró grandemente la cotidiana paz del recinto. Familiares, amigos, estudiantes de medicina, antiguos pacientes y colegas querían pasar a verle para testimoniarle su afecto y respeto.

Mas, la llegada del médico, ahora seminarista, revivió en la ciudad el debate que se dio meses antes, cuando éste partió a la Cartuja de Farneta, sobre cuál debía ser el lugar a ocupar por tan eminente personaje, si la universidad como profesor titular o la iglesia. El doctor Luis Razetti, quien siempre fue gran amigo de Hernández pese a no compartir sus ideas, lideró el debate por parte de la ciencia. Este otro sabio preguntó:

“¿Donde es más útil a la sociedad, en el laboratorio o en el seminario? Nadie tiene el derecho a censurar el acto en sí realizado por el doctor Hernández pero todos debemos lamentar su extrema decisión porque sustrae a nuestra actividad un elemento útil (…) apaga en la universidad una luz y resta una inteligencia en el concierto de las actividades científicas del país”.

Atendiendo aquellas razones, de la forma más inteligente, el Arzobispo, Monseñor Juan Bautista Castro aconsejó a Hernández:

- Usted debe volver a la universidad. La juventud lo necesita.

José Gregorio más por un acto de obediencia que por deseo, accedió a volver a la vida civil. A los pocos días estaba dando clases en la universidad y participando en investigaciones científicas, pero con el secreto propósito de reintentar su ingreso en alguna otra orden monástica. Es por ello que, sin que casi nadie lo supiera, buscó empleo como oficial de carpintería en un pequeño taller ubicado entre San Isidro y Monte Carmelo.

Todas las tardes, al salir de la universidad, el hombre se dirigía a orar en la Santa Capilla, luego con paso ligero cruzaba la avenida Este 1 (actual avenida Urdaneta) en dirección norte. Subía a pie hasta San José del Ávila y una vez en la carpintería, apartaba sombrero y saco, se arremangaba la camisa, cogía un serrucho y ponía manos a la obra. Sabía que su fracaso como Cartujo se debió fundamentalmente a la falta de fuerzas físicas y con esto esperaba acostumbrar a su débil cuerpo a las labores rudas.

En 1913 se registró su tercera tentativa, Corrió el rumor en Caracas de que el doctor Hernández se había embarcado para Roma con la intención de ingresar en el Colegio Pío Latino Americano, pero poco tiempo después sus paisanos se enteran con alarma de que el médico se encuentra sumamente grave. En efecto, una seria dolencia que lo puso al borde de la muerte, marcó su tercer fracaso. El consejo fue el mismo de las veces anteriores: Regresar a la vida laica y desde allí servir al señor. Así que decidió entonces llevar una existencia simple y en oración al lado de su hermana Isolina y ayudando como médico a sus pacientes más necesitados.

Así lo encontramos en junio de 1919 cuando el lamentable accidente le quitó la vida.

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

La mala noticia

 César Hernández y su hijo Ernesto conversaban con Isolina, en la misma salita donde minutos antes les esperaba José Gregorio, la mujer les comunicó que el doctor había tenido que salir precipitadamente a ver a una anciana que estaba grave.

De pronto repicó el teléfono, Isolina colocó la bocina en la oreja al tiempo que saludaba. César la vio palidecer.

- ¿Cómo? ¿Qué a José Gregorio lo estropeó un automóvil?

La familia entera salió en dirección del hospital Vargas para obtener noticias, cuando llegaron supieron que estaba muerto con solo ver la grave expresión en el rostro de las personas que lo habían llevado.

Como causa del deceso se señaló fractura en la base del cráneo. El velatorio que en un primer momento decidió la familia realizar en el número 57 de Tienda Honda a Puente Trinidad terminó llevándose a efecto en el paraninfo de la Universidad Central de Venezuela donde miles de caraqueños acudieron a rendir sus respetos al querido y admirado médico. El 30 de junio, día de las exequias la ciudad se paralizó. El cortejo fúnebre que partió a las 4 de la tarde no pudo llegar al cementerio sino a las nueve de la noche. Era tal el mar de gente que lo acompañaba. Su tumba quedó tapada por una montaña de flores como tributo de un pueblo que le admiraba y agradecía todo el bien que aquel sabio obsequió con humildad y desprendimiento.

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

El juicio de Fernando Bustamante

 

El jueves 3 de julio de 1919, el juez Alejandro Sanderson decretó la detención en la cárcel pública de Fernando Bustamante de acuerdo con lo previsto en el artículo 151 del Código de Enjuiciamiento Criminal. El día 4, el indiciado y varios de los testigos rindieron declaración. Desde el principio todos coincidieron en señalar que el suceso se debió a un infortunado accidente y que no había habido de parte del acusado intención alguna de causar daño.

El proceso continuó todo aquel mes. El día 30, el señor Ramón Gómez Valero, Fiscal del Ministerio Público dirigió un oficio al juez Sanderson por el que la Fiscalía imputaba a Bustamante el delito de homicidio por imprudencia y solicitaba la pena corporal correspondiente. El primero de agosto, los miembros de la familia Hernández enviaron un escrito al juez en el que aclaraban que ellos no solicitaban castigo alguno para Fernando Bustamante pues estaban convencidos de que el suceso en el que pereció el doctor Hernández se debió a un accidente, sin intención delictuosa. Creían que lo sucedido aquella tarde del domingo 29 de junio, era la voluntad de Dios y se conformaban con acatar el designio divino.

El noble gesto de la familia del médico llevó al fiscal a rectificar su pedido. El 17 de noviembre envió un escrito al juez de la causa en el que exponía su convicción de que no existía culpabilidad alguna en Fernando Bustamante y por lo tanto pedía respetuosamente que el veredicto fuera absolutorio. El 2 de diciembre de 1919 el expediente que constaba de 55 folios fue remitido a la Corte Superior Penal. Finalmente el 11 de febrero de 1920, la Corte confirmó la absolución que se había dado días antes en primera instancia, y dispuso que se librara la respectiva libreta de excarcelación.

El acusado estaba libre, pero la terrible imagen del momento en que dio muerte a su amigo José Gregorio lo acompañaría como una pesadilla por el resto de su larga vida. Fernando Bustamante rindió su último aliento el 1° de noviembre de 1981, tenía 90 años. Su muerte ocurrió el día que la iglesia católica reserva a todos los santos.

El largo camino a la santidad

Si para Bustamante terminaba un proceso, para el doctor Hernández empezaba otro: el de su canonización. Su fama como filántropo y su conocida vocación religiosa quedó hondamente grabada en el sentir del pueblo, que lo hizo objeto de culto y veneración atribuyéndole numerosos milagros. Desde el día en que se le inhumó, su tumba no dejo de recibir visitas. La flama de la fe silvestre fue incendiando poco a poco la pradera; uno le decía a otro que el doctor le había curado a él o a un familiar de alguna dolencia, y éste otro comentaba a sus amigos el suceso. Al crecer la fama de santo y milagroso las visitas se multiplicaron. Miles iban a su sepulcro a pedir algún favor o a agradecer uno ya cumplido.

En 1939 sus restos fueron trasladados a una nueva tumba, que con el tiempo pasaría a ser la más visitada del camposanto. Diez años después el Vaticano abrió el largo proceso de la canonización. Monseñor Lucas Guillermo Castillo, Arzobispo de Caracas nombró por aquella época, mediante un decreto especial, al padre Antonio de Vegamián como postulador de la causa de beatificación y canonización del llamado Médico de los Pobres. El 27 de junio de 1949, se instaló y juramentó en el Palacio Arzobispal de Caracas, el tribunal designado para la causa. En ese mismo acto se autorizó a la feligresía a usar el calificativo de Siervo de Dios para José Gregorio Hernández y se aprobó el uso de la oración para pedir por su beatificación.

Veinte años después, el 29 de junio de 1969, con motivo del cincuentenario de su muerte, Roma ordenó la revisión de la tumba y los restos del postulado quien para entonces estaba en la fase final del examen para ser proclamado como Venerable. La revisión debía efectuarse en presencia de dos médicos, un juez, dos testigos y el Vice Postulador de la causa.

Vida y muerte del doctor José Gregorio Hernández

En aquella ocasión, su tumba recibió la visita del doctor Rafael Caldera, presidente de la república, quien llegó acompañado de su esposa y parte del gabinete ejecutivo. El presidente luego de conversar con el obispo auxiliar de Caracas, Monseñor José Rincón Bonilla, anunció al país la intención de erigir un mausoleo en otro sitio del cementerio que sirviera para alojar más dignamente a los restos del Siervo de Dios.

Aquel proyecto sería finalmente desechado; a medida que pasaban los años, más y más visitantes acudían a la tumba. La situación se fue haciendo incontrolable; pese a que en 1970 se colocó una reja techada para impedir el acceso directo de las personas, igualmente se iban acumulando flores, estampas, placas de agradecimiento, recipes, exámenes médicos, toda suerte de papeles y velas, muchas velas. Hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir en cualquier momento. Se desató un incendio en el lugar. La ocurrencia del siniestro llevó a que se tomara la decisión de trasladar los restos mortales a la iglesia de La Candelaria, el acto de exhumación sería aprovechado para cumplir con el requisito de la revisión ordenada por el Vaticano.

A las 7:15 de la mañana del jueves 23 de octubre de 1975, dio comienzo el acto que permitiría exhumar los restos, trasladarlos a su nuevo sitio de descanso y proceder a la revisión protocolar. La ceremonia se efectuó en forma privada y sin notificación previa para evitar la natural aglomeración de fieles. Alrededor de la tumba se encontraban, entre otros, Monseñor José Alí Lebrún, Monseñor José Rincón Bonilla, el señor René Carvallo quien era sobrino – nieto del doctor, el doctor Carlos Travieso que fue uno de los que lo atendió cuando lo llevaron al hospital Vargas, el doctor Fermín Vélez quien junto a Travieso participaría más tarde en la revisión de los restos y el reverendo Luis García, capellán del Cementerio General del Sur. Como testigos e invitados especiales acudieron los señores Crisólogo Ravelo y Vicente Jordán, los obreros del cementerio que en 1939 realizaron la primera exhumación.

Ravelo y Jordán comentaron a los presentes que la tumba era doble y que en la misma debían estar dos urnas, la primera, más grande y de madera correspondía a César Hernández y la segunda más pequeña y de concreto era la del Siervo de Dios. Luego de remover dos metros de tierra, las palas se toparon con la gruesa losa de cemento, la misma fue cuidadosamente removida y en el primer nicho se podía ver el primer féretro, el que pertenecía al hermano de José Gregorio. La antigua urna de madera se había desintegrado por completo, pero la parte interna de zinc se halló en perfecto estado, ese cajón de metal se colocó dentro de una nueva urna de madera que se había traído desde los depósitos del cementerio.

Posteriormente, los obreros se dispusieron a abrir la bóveda inferior; al retirar la tapa de concreto lo primero que hallaron fueron dos latas llenas de tierra, que pertenecieron a la primera tumba del doctor. Más abajo estaba la pequeña urna de cemento en la que se colocaron los restos exhumados en 1939. En ese momento, Monseñor Lebrún rezó el salmo 130 “De profundis clamavi ad te, Domine” en latín y castellano. Luego la urna fue subida a una carroza fúnebre que la trasladaría hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria.

En aquel templo se verificaría, horas más tarde, la inspección canónica y se levantaría un acta que sería enviada al Vaticano.

El 16 de enero de 1986, luego de serle aprobado a José Gregorio el ejercicio heroico de las virtudes cristianas se le otorgó el título de Venerable, penúltimo paso a cumplir en el largo camino de la santidad. En los últimos meses ha crecido la expectativa entre los fieles sobre la posible culminación del proceso abierto en 1949. El 25 de septiembre pasado el Papa Francisco manifestó interés por la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández y en la actualidad la Dirección de Patrimonio de la Cancillería ejecuta obras de refacción y acondicionamiento en la iglesia de la Candelaria con el fin de que el templo sea elevado al estatus de basílica, todo esto como elementos preparatorios para la posible beatificación de José Gregorio Hernández. Se espera que los trabajos concluyan en noviembre de 2013.

Referencias:

Hernández Briceño, Ernesto. “Nuestro tío José Gregorio Hernández: contribución al estudio de su vida y de su obra”. Tipografía La Nación. Caracas, 1958.

Carvallo, Marcel. “Un hombre en busca de Dios” Editorial Trípode. Caracas 1995

Yaber, Miguel. “José Gregorio Hernández, académico-científico, apóstol de la justicia social, misionero de la esperanza”. Ediciones OPSU. Caracas 2004.

Pérez León, Tirso. “Pasado mañana cumple 41 años de muerto el médico de los Pobres” La Esfera Lunes 27 de junio de 1960. Página 4.

Yanes, Oscar. “El Pasteur venezolano había fracasado como cartujo”. Bohemia 28 de octubre de 1964 pp. 5-51.

Prensa consultada:

El Universal, El Tiempo, La Esfera, El Heraldo, Últimas Noticias, El Mundo y Ciudad Caracas entre junio de 1919 y septiembre de 2013.

Expendiente sustanciado por el Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal actualmente custodiado por el Archivo General de la Nación.

50 comentarios

  1. El niño de un año jugaba en el suelo, en un descuido de su madre se traga una matatena o yaqui que es una estrellita de metal de ocho puntas que se usa en un juego infantil del mismo nombre que consiste en arrojar las matatenas sobre el piso y recoger el mayor número posible al bote de una pelota. La madre angustiada lleva al niño de urgencia a una clínica y mientras espera para hacerle una radiografía y saber en cual parte del tracto digestivo se encuentra alojado el objeto metálico con ocho puntas agudas en un momento de abstracción religiosa le pide al Dr. José Gregorio que la ayude. La madre haciendo la petición y el niño que estaba acostado boca abajo en sus piernas vomita, expulsando el objeto que se había tragado. Puede ser casualidad pero para mi familia y para mí es un milagro. Estoy seguro que así como en mi familia, en cada familia venezolana seguramente existe un milagro del Dr. José Gregorio. Que la iglesia lo beatifique si quiere ya hace tiempo que ese señor está en el cielo. No solo fue un gran médico sino nuestro gran científico, junto al Dr. Razetti trajo el primer microscopio óptico a Venezuela.

    Salud y suerte.

    Gennaro.


    • Saludos Gennaro,
      Que bueno saber de ti nuevamente, que bonita tu anécdota, ciertamente son muchas familias las que tienen que contar una historia sobre su experiencia con este insigne venezolano quien en vida contribuyo con el desarrollo de la medicina y que por un infortunio tuvo una corta existencia física, pero permanecerá por siempre entre los venezolanos.
      Un abrazo y bienvenido de nuevo, Pedro y Mariana.


  2. Al leer estas lineas de mi querido hermano Pedro Revette y su querida novia y también amiga Mariana quiero felicitarlos por el nivel de profesionalismo. La investigación tan profunda que hacen para publicar un reportaje de este tipo… Con tan grande personaje como lo fue el doctor José Gregorio Hernández. Los admiro y respeto… y me acuerdo muy bien que un día caminando con mi amigo Pedro por allá por La Pastora en una de esas visitas de museos que tanto hicimos los días domingo, al salir del museo de Arturo Michelena… le estoy hablando más o menos del año 1998 cuando yo vivía en Caracas, él me relató esta misma historia: Joaco, en esa esquina murió el Dr José Gregorio, fue ahí Joaco y hoy recuerdo todo aquello, quien iba a pensar que años después todo ese relato lo iba a ver a distancia en lineas maestras por el Internet. Mi admiración amigo mío… un abrazo a los dos …..!!!!!


    • ¡Querido Joaco!
      Gracias por esas hermosas palabras, gratos recuerdos de aquellas tardes domingueras espero que se repitan más pronto que tarde. Un abrazo hermano, besos de parte de Mariana


  3. Para todos nosotros ya es un santo y para los ojos de Dios, solo falta un paso digamos que burocratico para que sea aclamado como santo, pero ya lo es asi la iglesia no lo haya beatificado


  4. Felicito al autor de esta crónica sobre el Dr. José Gregorio Hernández. Es el relato más completo que he leído sobre el venerable médico de los pobres. Que El Señor conceda pronto su beatificación muy merecida. Sabemos que el Santo padre el papa Francisco pronto os concederá. Amén.


    • Saludos Alfonso,
      Se bienvenido a Crónicas del Tánatos, la verdad muy pocas veces conocemos la parte humana, científica de este gran personaje venezolano. Para nosotros es una alegría el poder contribuir con su conocimiento a través de nuestro espacio. Gracias por tu comentario, un abrazo


  5. Que historia mas completa sobre el siervo de dios JOSE GREGORIO HERNANDEZ CISNERO gracias amigo dios los cuide y sigan los exitos


  6. Que gran trabajo de investigación y profesionalismo, una vez más me dejan impresionado. Paso horas sin cansarme de leer, es maravilloso. Quisiera acotar que tengo este blog en mis favoritos y me encargo de publicarlo en todas partes. Saludos desde Isnotú, Trujillo.


  7. lo unico malo del reportaje es que no aclaran detalles tales como si era cierto de que solo habia un solo auto en venezuela como reza el dicho popular o seis como afirman otros, ni tampoco dejan muy claro los nombres de donde han sido sus sepulcros.


    • Saludos señor Carlos, gracias por comentar. La especie que aún circula acerca de que el “Essex Super Six” con el que se atropelló al doctor José Gregorio Hernández era el único auto que circulaba en Caracas es uno de los tantos mitos que por años se tejieron en torno a ese infausto suceso. Para el año de 1919 había más de 700 vehículos automotores en esta ciudad. El primero de ellos, como se sabe, fue traído en 1904 por el ministro Plenipotenciario de Francia como regalo a doña Zoila de Castro, Primera Dama de la República. En los tres años siguientes fueron pocos los autos que se importaron debido a que no existían avenidas debidamente acondicionadas para que estos circularan. Es a partir de 1907 que comienzan a llegar vehículos de distintas marcas, casi todos procedentes de Europa. El primer “Ford” llega aquí manejado por el señor Edgar Anzola, empleado de la firma “Enrique Arvelo y Phelps” en el año de 1911.

      Para 1912 existía incluso una empresa que alquilaba vehículos para paseos familiares; la misma pertenecía al señor Domingo Ottati y estaba ubicada de Principal a Santa Capilla. Esa compañía contaba con una flotilla de automóviles de distinta procedencia y ofrecía excursiones por la avenida principal del Paraíso. Ese mismo año se inaugura la carretera del Este (hoy avenida Francisco de Miranda) y su construcción posibilita la creación de la primera línea de autobuses. Esta cubría la ruta Caracas-Petare y pertenecía al señor Segundo Jordán, cuyo oficio como mecánico y un natural ingenio lo llevaron a construir un autobús muy parecido a los tranvías de la época. Entre 1912 y 1919, año de la muerte del doctor Hernández ya existían varias empresas importadoras que surtían de automóviles las distintas ciudades y pueblos del país.

      En cuanto a sus tres sepulcros, los dos primeros como establecemos en el artículo estuvieron en el Cementerio General del Sur (1919-1939 y 1939-1975) y el actual se ubica en la Iglesia de la Candelaria, en la parroquia caraqueña del mismo nombre.

      Llegue hasta usted un respetuoso abrazo.


  8. Gracias Dios bendito por dejar nacer a José Gregorio en Venezuela. Él es el santo de pobres y necesitados bendito y alabado sea por siempre.


  9. GRACIAS A DIOS POR PONER AL DOCTOR JOSE GREGORIO HERNÁNDEZ EN MI VIDA


  10. Indudablemente e independientemente de creencias, culturas o religiones, éste hombre era un grande ser, y es un santo, aunque no crean en santos. Su vida ejemplar, su caridad, su entrega por los más pobres, su vocación, su preparación académica y su grande corazón, no tienen manchas, por lo tanto es un hombre de Dios. Para los católicos ya es un santo,aunque en el vaticano se empeñen en ignorarlo. Deberíamos ver cuantos santos de origen italiano hay en el canón de la iglesia para notar que sí ha habido discriminación de los demás. Es que José G Hernández hace milagros cada día. ¿Que santo de la lista general hace lo mismo? He ahí la diferencia. Crecí bajo la fe de este doctor.Y sí, es verdad que hay personas que dicen hablar con su alma, y sí es verdad, que le dice a la gente que los va a operar. Incluso en Caracas hay una persona que afirma ser poseído por su alma y hace intervenciones quirúrgicas, en forma disimulada. Pero bueno,sin embargo fue y es un santo. Deberían los médicos y nosotros mismos practicar la caridad como él…Honor a quien honor merece, y primeramente a ustedes amigos: Pedro y Mariana. Que reportaje tan explícito y completo, y honor para ese ser que aún vive en nuestras creencias y en nuestra fe.


  11. Felicitaciones por este relato histórico en honor a este nuestro santo favorito de venezuela


  12. nunca había leído un reportaje tan completo como este sobre la vida y muerte de nuestro venerable JOSÉ GREGORIO HERNANDEZ , FELICITACIONES!


  13. Tal como lo señala el amigo Gabriel Eloy, independientemente de que se crea en los santos o no, no hay lugar a dudas de que José Gregorio Hernández fue un ser extraordinario al consagrar su vida y su preparación al servicio de los más pobres, y más aún que la fe en su capacidad curativa después de haber dejado la vida terrenal sea suficiente para lograr que tantos seres humanos hayan logrado curaciones tanto parciales como totales de las enfermedades que los han agobiado. Y también estoy totalmente de acuerdo en que no hay quien logre dichos milagros con tanta frecuencia. Felicitaciones por su trabajo a Pedro y Mariana.


  14. Es un relato muy minucioso y agradable de la vida y muerte de nuestro hermano Dr. José Gregorio nunca habáa tenido el placer de leerlo pero siempre he tenido fe y le he pedido favores por salud y bienestar y sé, que desde el cielo nos ayuda en nuestras necesidades, gracias a quienes hicieron posible este trabajo, que Dios los bendiga. Gracias


  15. Amigo nos gustaría contactarlo, para una entrevista.


  16. Saludos, ante todo yo les puedo decir y corroborar que a mi el Dr. José Gregorio Hernández me ha hecho el milagro de mi vida; me dio un hijo y me sacó de lo más bajo que estaba sumergido, en una crisis económica que tenía en mi vida y ojalá me dieran la oportunidad de probarlo, por todo eso y más es mi medico de cabecera.


  17. …un día de Julio de 1974, una humilde mujer de pueblo, con la fe puesta en Dios pide la intercepción del Dr. José Gregorio Hernández, ya que afrontaba una dura prueba física donde se pondría en peligro su vida y la de su hijo por nacer! Estaba por parir, un parto de altisimo riesgo, donde no se garantizaba la vida del niño e incluso de la humilde parturienta! Pero en un gesto de amor y devoción ésta mujer, de nombre Nina Mercedes exclama: Pongo mi vida y la de mi hijo en manos del Dr. José Gregorio Hernández… hoy, casi 40 años mas tarde, escribo estas lineas con la bendición de Dios! Eres y serás Santo Dr.! ya Dios lo dispuso asi en sus altares celestiales! En Honor, llevo su nombre: José Gregorio. Gracias a los autores de tan maravilloso Blog! Felicitaciones, magnífico!!!!


  18. Gracias Dios por regalarnos seres tan especiales q siempre están pensando en el bienestar de los demás sacrificando todo por sus semejantes


  19. Hola, les escribe José Gregorio Hernández desde Santa Teresa del Tuy. Escriban y lleven los milagros que conozcan del Dr. José Gregorio Hernández a la iglesia de la candelaria para así de una vez por todas enviarlas al vaticano. Ya para nosotros es santo. Por mi parte, por su milagro estoy aquí vivo y tratando de hacer su lema, ayudar a los mas necesitados.

    Mi número de contacto 0424 2665505. Trabajo en el hospital de Santa Teresa del Tuy, edo Miranda venezuela. @ritmosaludables. facebook jose gregorio hernandez. Dios los bendiga.


  20. Felicitaciones
    Por la historia del siervo de dios JOSE GREGORIO HERNANDEZ , buen trabajo del investigación y completo
    Gracias por ese regalo


    • Saludos Ruth, gracias a todos ustedes por la amabilidad de consultar nuestra página y como el resto de los venezolanos abogamos por la pronta beatificación de tan eminente médico y mejor ser humano, que consagró su vida a la fe y a auxiliar con su sabiduría a muchísimos pacientes. Un abrazo.


  21. Yo lo único que puedo decir o expresar es que el doctor José Gregorio se me apareció hace 11 años exactamente vestido de blanco y me habló porque yo le pedí q me ayudara con mi embarazo; mi beba nació sana pero luego se me enfermó feo y luego lo vi de nuevo y me hizo el milago una vez más. Para mi es y será el mejor médico que he tenido. Esperando por la Beatificacion en nombre de Dios todopoderoso amén que asi sea…
    Betzabeth González


  22. No tengo ningún milagro que contarles pero quiero decir al doctor José Gregorio que se encuentra en el altísimo santuario al lado de nuestro señor Jesucristo que yo si creo en él y que le tengo mucha fe… Te pido venerable y santísimo doctor de los cielos que cuides de mi familia y en especial de mi hijita linda y de mi madrecita que es lo que más quiero en este mundo….que dios te tenga en su santísima gloria doctor y venerable José Gregorio Hernández. Ten piedad de nosotros tus siervos. AMEN


  23. Buenos días debo felicitarlo por este artículo está bastante completo y bien detallado. Tengo algunas preguntas para usted:
    1. Usted habla de la primera exhumación realizada en 1939 ¿pero no dice el motivo de ella y sus resultas?
    2. Según el expediente N° 32 que se le realizó al señor Bustamante sobre el accidente y declaraciones que allí reposan tales como la del señor Juan Antonio Ochoa Fernández persona que recogió al Dr. Hernández y la llevo junto al señor Bustamante al Hospital Vargas no había medico en ese momento en el Hospital en y ellos salieron a buscar al Dr. Razetti para que atendiera al Dr. Hernández ¿en qué momento vio el Dr. Carlos Travieso al Dr. Hernández?
    3. Sé que usted colocó las fuentes que utilizó para este artículo me podría decir ¿de dónde de ellas, tomó la foto de la exhumación que aquí aparece?
    4. También tengo una curiosidad el señor Rene Carvallo tenía un hijo con su mismo nombre, si no es así, el Rene Carvallo que usted nombra sería sobrino y no sobrino nieto.
    Muchas gracias por su atención.


    • Buenos días señor Alfredo. Antes que nada le pedimos disculpas debido a que su comentario (por alguna razón que no sabemos) había entrado por el buzón de spam por lo que no lo habíamos visto. Agradecemos su gentil comentario por el artículo. En cuanto a lo que pregunta le podemos decir lo siguiente:

      La exhumación de 1939 se llevo a cabo con el simple proposito de efectuar un traslado de la tumba original a la que el Dr. Hernández estuvo con su hermano César Benigno hasta 1975.

      En cuanto a la presencia del doctor Carlos Travieso es fácil inferir que fue posterior a la conmoción que produjo la llegada en estado moribundo del doctor Hernández. Tanto el expediente como las crónicas de la época revelan que luego de conocerse la infausta nueva se reunieron allí entre otros médicos: Temístocles Carvallo, Requena, Inocente Carvallo y el mismo Travieso. Quien ayudó a recoger al Dr. Hernández del piso fue el señor Vicente Romana Palacios no Juan Antonio Ochoa Fernández.

      La foto de la exhumación de 1975 corresponde al vespertino El Mundo del 24 de octubre de aquel año.

      En cuanto al señor Rene Carvallo Aristiguieta, es identificado en la nota de donde se extrajo la información como sobrino nieto.

      Gracias por su comentario, y le felicitamos por su artículo sobre el señor Fernando Bustamante. Abrazos


  24. Gracias mi señor… José Gregorio Hernández. Me has ayudado mucho en todo lo que te pido.Eres mi heroe, eres mi médico favorito gracias mil gracias y bendiciones para ti…. mi doctor


  25. Espectacular todo este extraordinario documento… felicitaciones… ¡Que Dios y el doctor José Gregorio Hernández los protejan!


  26. Muy buenos días, para este momento son la una a.m. del domingo seis de julio del año 2014, he esperado este momento desde el mismo día 18 de febrero de 1978, día en que comenzó un éxodo que oscureció mi vida y la de familiares y amigos.

    Todo comenzó la noche del 17 de febrero día en que disfrutaba de una gran pelea de box con Mano de Piedra Durán en compañía de de mi hermano Williams (+) y mi compadre Gustavo (+).

    De pronto una pequeña molestia y las ganas de orinar dieron inicio a los que pudieron ser los últimos días de mi vida, al momento de orinar sentí como si mi estomago explotara y caí de repente al piso del baño, pedí ayuda y mi hermano y el compadre acudieron al llamado a la cual se incorporó el resto de la familia. En vista de la imposibilidad de caminar por el adormecimiento de las piernas y el fuerte dolor que no puedo describir llamaron para que acudiera una ambulancia que me trasladó al Hospital Militar de Caracas, allí las horas pasaban entre exámenes, agujas van agujas vienen, mortificación del personal galeno por no saber cual era el motivo de mis dolencias ya que ni ecos, ni RX emitían información alguna que pudiera dar con el diagnostico de mi quebranto o dolencia que era desde fiebre de 40, dolores insoportables, devoluciones fecales y vómitos que ni yo misma soportaba.

    Aproximadamente a las siete de la mañana del día 18 entró un medico, que regresaba de vacaciones, el olor que despedía yo le produjo una reacción curiosa y una exclamación ¡Uy esto parece una peritonitis! a lo cual seguidamente comenzaron mas exámenes, llamados a médicos especialistas, cirujanos gastroenterólogos y otros, y la orden de una intervención quirúrgica inmediata, al momento de la preparación para el quirófano, los médicos en junta hacen el comentario de que mis posibilidades de vida eran de una en mil y discutieron quién daría la información a mis familiares; yo sabiendo esto hice un esfuerzo sobrenatural para demostrar a mis familiares que todo estaba bien, mientras que ellos no demostraban lastima para que no me diera cuenta, ignorando ellos que ya yo lo sabía.

    Recuerdo que al llegar a la entrada del quirófano, todos arrancaron en llanto y me bendijeron, también que cuando me pusieron la mascarilla de la anestesia eran las ocho cuarenta minutos, la operación terminó a las cinco treinta y para cuando desperté ya pasaban las seis treinta para esa hora lo único que yo sentía eran las voces que decían que las próximas veinticuatro eran las mas difíciles.

    Ya en la habitación, prácticamente en mis últimos momentos pude ver uno por uno de mis familiares compañeros y amistades pasar al frente de la cama llorando como si se tratara del último adiós. Bueno, al amanecer del siguiente día los médicos no daban ninguna esperanza de mi recuperación; al contrario el pesimismo los rodeaba y el sentimiento de dolor inundaba a los presentes sobre todo a mi madre.

    De pronto un primo llegó al hospital y sin saber nada de lo que estaba ocurriendo dijo “Anoche me dijo José Gregorio que él vendrá al hospital hoy a las nueve de la noche y dio unas especificaciones, las cuales se cumplieron al pie de la letra. De hecho, horas antes de esto entre mis amistades se encontraban las fuerzas vivas y activas de la parroquia, y un gran amigo, el párroco de Lídice, se presentó al hospital con el secretario de la jefatura civil y mi gran grupo de hermanos scout. El reverendo Libio Moreno habló con los médicos y mi madre y realizo una oración. Vi cuando se colocó una estola alrededor del cuello, sacó unos frasquitos, me roció con agua bendita y untó mi frente con aceites, es decir recibí la extremaunción, el último sacramento.

    Pasaron las horas y mi dolor aumentaba al saber que la angustia y el sufrimiento golpeaban más duro a mis familiares; se acercaron las nueve de la noche y en un ritual sencillo un vaso con agua y una vela fueron puestos en la mesita al lado derecho de mi cama, junto con una pequeña estampa de José Gregorio. Mamá apagó la luz y salió de la habitación pidiendo a las enfermeras el favor de no entrar; de pronto sentí un gran escalofrío como el que siento ahora al escribir esto, la vela en la mesa comenzó a titilar de forma extraña ya que no había circulación de aire. No quería dormir a pesar de que algo mas poderoso que mi voluntad quería que me durmiera, de pronto vi que alguien se acercaba a mi cuerpo inmóvil y con su mano, la cual sentí de verdad en mi frente, me llamó por mi nombre… – No tengas miedo, duerme tranquilo yo estoy aquí, soy José Gregorio, y lo juro por esta vida que Dios me dio que pude verlo y pongo mi cabeza en una guillotina y lo sigo asegurando, yo lo vi le escuché y lo sentí.

    Al día siguiente desperté en medio de una discusión entre médicos, enfermeras y mi madre. Los médicos aseguraban que alguien sin autorización había removido las curas, gasas, campos y drenaje porque no estaban como ellos las dejaron, recuerdo que mi madre le vio la cara al Dr. más joven del grupo que estaba pasando revista, que en su totalidad eran ocho mas dos enfermeras y mi madre. Se cruzaron esas miradas y ambas hacia la mesita, el Dr. Isaac tomó la estampita y el resto de la vela y lo guardó en su bolsillo y sonrío haciéndole a mi madre una señal de aceptación y regocijo, disculpen el comentario pero al levantar la cobija, toda la cama estaba llena de sangre y residuos fétidos salidos del drenaje, cosa esta que tenia a los médicos de cabeza porque la cura estaba totalmente limpia y diferente a como ellos la habían dejado.

    Doy fe de esto y trataré de hacer lo humanamente imposible para ver si en el hospital todavía existe la historia medica, trataré de localizar algún medico, ya que han pasado treinta y cuatro años de este milagro, tanto es así que en los dos meses que duré en el hospital un medico de apellido Villareal me decía “milagrito” y para esa época fue tanto mi caso que hasta el mismo director del hospital fue a mi habitación para felicitarme ya que ellos decían que el equipo médico había tenido un gran éxito… pero ellos no saben que el médico residente y responsable del éxito y total sanación de mi cuerpo es nada más y nada menos que el Venerable y prontamente Santo, el Dr. José Gregorio Hernández Cisneros.

    No hay un día de mi vida que no esté agradecido por este favor… como quisiera que mi testimonio sirva como muchos otros para darle el lugar que se merece en los altares de toda Venezuela y el mundo donde lo veneran… quedo a sus ordenes

    Iván José Scorza Bercegui, C.I. 4856302 Telf. 0424 1816946 La Pastora Caracas


    • Puede mandar este testimonio a la Causa para su Beatificación su correo es causajosegregorio@gmail.com


      • Bendito sea Jose Gregorio Hernandez.. Necesito pedirle una operacion para mi hija Carla de 23 anos, con hernia lumbar ..quisiera saber como lo invoco..gracias


  27. Igualmente desde Colombia tengo que decir que mi familia y yo personalmente, hemos sido sanados por el SIERVO DE DIOS, hemos sido operados de columna, de fracturas de tibia y peroné, de intoxicaciones por accidente (ingerí una papeleta de Negubon accidentalmente y sufrí dos paros respiratorios y dos paros cardiacos, pero siempre estuve invocando al Espíritu Santo y su intercesor, mi amado San Gregorio y tengo que decir que al lugar donde fui no faltan centenas de enfermos diariamente de todo el país (Colombia)


  28. Creo en el doctorJosé Gregorio Hernández Cisneros soy German David Ángel Ángel


  29. Es una lastima que tan noble causa y tan noble imagen de este cristiano devoto sea tergiversada por los charlatanes de oficio, brujos y hechiceros; el dr José Gregorio no se merece tal afrenta a su memoria.


  30. Soy su fiel devota y mi nieta Verónica por la cual le rezo todos los dias para que me la conserve y me la cuide, ella tiene un tumor en su cerebro desde que tenía un añito y ya ha cumplido sus 13 años y está ya para empezar su bachillerato. Dicho tumor no es operable por circunstancias especiales. Rezo devotamente a mi Dr. José Gregorio día a día con fé porque se que el me la cuida. Gracias Dr. José Gregorio por todo lo que haces por mi querida nieta. NAYA LOPEZ-PENHA


  31. Nunca habia leido un relato del dr Jose Gregorio Hernandez tan completo igualmente dejo mi testimonio para que esto sirva de referencia a los 15 anos me dio meningitis y fui hospitalizado con un diagnostico de que tenia un tumor en el cerebro y debia ser operado debido a las gestiones de mi madre no dejo que me operaran y decidio que preferia que muriera en mi casa al no dejar hacerlo el director del hospital dijo en tres dias el muere si lo trae de nuevo no lo recibo pasaron los tres dias y luego fui llevado a un especialista donde el determino que tenia meningitis y no un tumor y dijo yo le doy cuatro horas de vida si se salva es un milagro y sucedio por que continue vivo fui sometido a tratamiento inmediato ya de regreso en mi casa una noche a las dos de la manana algo me desperto y senti que alguien queria tocar mi cabeza no senti temor pero cuando sucedio de nuevo mire y hay estaba el frente a mi sonriendo me miro dio la vuelta y camino hacia la puerta y luego lo envolvio una luz dorada y desaparecio de esa manera me hacia saber que la intervencion del dr Jose Gregorio fue desicisiva y con la ayuda de dios para que me recuperara


  32. Mi mamá: La Abuela Evelia, fué llevada a la Clinica La Arboleda, el médico le dijo a su nieta y al director de la Academia Danza Xiomara Vasconcello, nombre de la academia donde ella trabajaba, que estaba muerta, porque no tenía signos vitales y la nieta gritaba para que la estabilizaran mientras le daban acceso a la clinica. Entonces el médico que la recibio, se fue. Vino otro y éste la comenzó a llamar por su nombre, pero atendio por ABUELA, logrando su recuperación. Ella dice que ese médico tenia las característica del Dr. José Gregorio Hernandez. Luego de eso queria saber el nombre de ese segundo médico y no se pudo conseguir. Por eso ella le da gracias al Dr. José Gregorio Hernandez, porque ya son 86 años de vida.


  33. Jose Gregorio Hernandez Cisnero Siervo de Dios. Mi Santo..Mi amigo…


  34. Muchas gracias por este reportaje tan amplio y detallado de nuestro amado José Gregorio Hernández. Como venezolana me siento muy orgullosa de él, y como hija de trujillano doble orgullo, por mi tremendo paisano.


  35. Mi querido y adorado Dr. Jose Gregorio Hernandez, del cual debo mi nombre, te quiero dar gracias publicamente por el favor concebido. No quiero morir sin verte en los altares de las iglesias en Venezuela junto a jesuscristo nuestro señor y nuestra madre Maria, aunque vives en el corazon de todos los venezolanos, tu bondad trasciende a otros lugares. Le doy muchas gracias a los autores de este articulo por ilustrar de manera muy detallada la grandiosa vida de este Venezolano unico hasta la fecha.


  36. Hola mi caso es bien reciente, EL 21 de junio 2014 mi hijo tiene un accidente de moto con un primo del cual sale golpeado pero ileso en cambio su primo que se llama Leiber Mendoza. queda inconsciente y con la cara desfigurada de lo inflamada que la tenia y deciden operarlo pero sin garantías de que viva…. El medico especialista nos explica que la parte medica hizo su parte.. que fue abrirle el cráneo y dejar salir la gran pelota de sangre que había alli y que estaba presionando el cerebro por eso hasta los ojos se le estaban brotando de lo inflamados, pero que el cerebro queda lleno de sangre y por consiguiente la cabeza hay que dejarla abierta y que le van a dejar un drenaje para que esa sangre vaya fluyendo el medico dice en clara voz SOLAMENTE UN MILAGRO VA A HACER QUE ESTE MUCHACHO VIVA PERO DIOS EXISTE” entra en la UCi y empezamos a rezar cada quien por su parte …yo le pedi con fuerzas al Dr Jose Gregorio Hernandez porque no es la unica vez que me ha concedido un milagro tengo mis dos hijos gracias a el. Le ofreci que al levantarse y estar bien lo llevaria a su altar en Isnotu .y le pedí en mi casa porque tengo una imagen grande dentro y otra en su casita en el patio en blanco y en negro respectivamente ….Pues les cuento que el muchacho duro diez días en UCi y salio caminando por sus propias pies.. Ya ha empezado a actuar de manera normal tal cual es. y por ello le vivo eternamente agradecida a mi gran DR JOSE GREGORIO HERNANDEZ QUE INTERCEDIENDO ANTE DIOS PARA DARLE OTRA OPORTUNIDAD DE VIDA A ESE JOVEN Y ME HAYA PROTEGIDO AL HIJO QUE EL MISMO ME AYUDO A LOGRAR… SI QUIEREN PUEDEN CORROBORAR ESTE CASO FUE ATENDIDO EN EL CENTRO MEDICO GUERRA MENDEZ DE VALENCIA EDO CARABOBO- ..


  37. EN LA FAMILIA DE MI ESPOSA, SUCEDIO UN CASO QUE NOSOTROS CONSIDERAMOS COMO MILAGROSO DEL DR. JOSE GREGORIOS, MI CUÑADA TIENE UN HIJO AL CUAL SE LE PRESENTO UN INTENSO DOLOR EN SU PARTE ESTOMACAL ( SE SUPO QUE FUE APENDICITIS ), LO LLEVO AL HOSPITAL DE CARUPANO,PARA SER ATENDIDO Y MI CUÑADA POR SUPUESTO POR SER UNA GRAN DEBOTA DE NUESTRO SIERVO DE DIOS, LE PIDIO PARA QUE SU HIJO SALIERA BIEN DE TODO POR LO QUE ESTABA PASANDO. CUENTA ELLA QUE A SU MUCHACHO LE TOMARON UNA RADIOGRAFIA EN SU PARTE ESTOMACAL Y LO PASARON A UN CUBICULO Y ELLA SE QUEDO FUERA PERO AL RATO ESCUCHO ALGUNO QUE OTRO RUIDO PERO NO SE PARO HA REVISAR NADA PERO LO QUE OBSERVO FUE ALGUN DESTELLO DE UNA QUE OTRA SOMBRA POR DEBAJO DE LAS SABANAS QUE SIRVEN DE PUERTA A MUCHOS DE ESOS CUBICULOS. SUCEDIO ESO Y NO PASO NADA MAS EN LA NOCHE, EN LA MAÑANA CUANDO EL MEDICO TRATANTE LLEVO LAS RADIOGRAFIAS, SE NOTA EN LA PARTE ESTRUCTURAL DE DICHA RADIOGRAFIA, LA IMAGEN DE JOSE GREGORIO HERNANDEZ COMPONIENDO LA ESTRUCTURA DE LAS PARTES INTERNAS DEL MUCHACHO, SE REFLEJO CLARAMENTE SU IMAGEN…..AUN MI CUÑADA TIENE LA RADIOGRAFIA Y EN UN SITIO DE REVERENCIA EN SU CASA…¡¡ MILAGRO, EL MEDICO Y ENFERMERAS SE QUEDARON ASOMBRADOS DE LO VISTO EN ESA RADIO……NO REALIZA NINGUNA REFERENCIA DE ESTE MILAGRO A NINGUN ENTE DE LA IGLESIA, ELLA DICE QUE ES PARA ELLA Y LO GUARDA MUY CELOSAMENTE. SE LE HA DICHO QUE ES ALGO MAS QUE UNA EVIDENCIA PARA AYUDAR A QUE SEA CANONIZADO PERO NO QUIERE DEJAR SU ESTAMPAS, NO QUIERE DEJAR SU RADIOGRAFIA…Y NO SE LE CRITICA…EL SEGUIRA LUCHANDO Y DEJANDO GRANDES EVIDENCIA DE QUE ES EL VENERABLE, NUESTRO SANTO, EL SIRVO DE DIOS…



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