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El día que mataron a Polidor

La muerte de Gustavo Polidor

Retén de Catia

Lunes 3 de octubre de 1994

Marcos Tulio Quintero llegó al último control de salida y se plantó frente al guardia. Con mano ansiosa entregó la boleta de excarcelación y miró la calle que estaba cerca. El funcionario examinó el papel con gesto de rutina dedicando al que salía una mirada despectiva y ordenó que le abrieran el portón.

Una vez afuera, inhaló una larga bocanada para llenar sus pulmones de aquel aire dulzón, tan diferente a la mezcla de gases pútridos que tuvo que respirar en los once años de su condena por robo a mano armada, sacó un cigarrillo, vio a su alrededor y empezó a caminar hacia la avenida. Esperó una buseta que lo llevase al centro para de allí subir hasta el bar Dallas en Cotiza, donde podría darse un baño que le quitara aquel olor a presidio. Esa noche cogería una borrachera; luego vería que “negocios” buenos había por allí y cuales de sus socios estaban disponibles.

“Marquitos” como era conocido en el mundo hamponil, pidió la parada al llegar al centro, decidió caminar hasta su destino, tenía mucho tiempo sin ver calle.

Calle Simón Planas, Urb. Santa Mónica

Viernes 28 de abril de 1995

Pasadas las nueve de la mañana se abrió el portón que daba acceso al estacionamiento de la quinta Mari Michelle. Gustavo Polidor calentaba el motor del auto, mientras su esposa Eduvigis cruzaba la calle para dejar la basura. Con el famoso pelotero estaba su pequeño hijo Gustavito, de dos años. Polidor tenía por costumbre acompañar a Eduvigis a todas partes desde que en noviembre del 94 fue secuestrada cuando se dirigía a buscar a las niñas al colegio. Santa Mónica se había convertido en un lugar muy peligroso, objetivo de bandas que se dedicaban al robo de vehículos y al asalto de viviendas. Desde hacía algunos meses, esta urbanización era una de las aristas del llamado Triángulo de la Muerte, conformado además por Bello Monte y Los Chaguaramos.

Cuando Eduvigis subió al automóvil, su esposo alarmado le gritó:

- ¡Verga! Mira para atrás.

Dos tipos armados surgieron de la nada, uno se acercó a Polidor y el otro redujo a Eduvigis; el que tenía a la mujer la llevó con el niño en brazos hacia el interior de la casa mientras el otro conversaba con el beisbolista; por la distancia y los nervios Eduvigis no lograba oír lo qué hablaban; junto al Toyota estacionaba una camioneta Grand Blazer que también era propiedad de la familia. La mujer sentía la presión de las manos del tipo en su brazo y solo deseaba que se fueran de allí lo más rápido posible. De pronto oyó una detonación; al voltear vio que Gustavo estaba de rodillas; de su cabeza manaba un hilillo de sangre; para su horror, el hombre que la tenía sometida efectuó otro disparo que impactó a su esposo en el abdomen.

Cuando los tipos salieron a la calle llegó una camioneta Wagoneer; al verla la mujer pidió ayuda al conductor para trasladar a su esposo herido pero resultó que el hombre formaba parte de la banda y venía a recoger a sus cómplices.

Angustiada, Eduvigis comenzó a pedir a gritos que la socorrieran. Su vecino, el abogado Ernesto García ocurrió a su auxilio, ambos llevaron al malherido pelotero hasta la clínica Jaime Córdova, desde donde fue remitido a la clínica Atías, lamentablemente Gustavo Polidor murió en el trayecto. A partir de ese momento comenzó el vía crucis para Eduvigis y una sorda pelea entre los distintos cuerpos policiales por resolver el crimen.

La muerte de Gustavo Polidor

El 14 de La Guerrilla

El día que murió, Gustavo Polidor tenía una cita con la directiva de Los Lanceros de Guarico, equipo con el que se disponía a jugar en la Liga de Verano. A los 35 años, el celebre beisbolista había dejado un sello personal en la disciplina deportiva más popular de Venezuela. A pesar de una recurrente lesión en el brazo, el número 14 de Los Tiburones de La Guaira sentía que todavía tenía mucho talento para dar. El béisbol era su pasión y lo disfrutaba tanto en el campo de juego como en las clínicas que de manera gratuita impartía a niños de los sectores populares.

Una anécdota familiar cuenta que el día de su nacimiento, un amigo de su papá le regaló un guante y un bate como para un niño de 4 años. Ambos implementos fueron guardados por sus padres hasta que cumplió esa edad; su papá decía siempre que aquel regalo había sido un anticipo del oficio que más tarde escogería su hijo y en el que tendría tantas satisfacciones. Polidor comenzó a jugar en Casalta con “Los Choques” de los Criollitos, luego ingresó en la categoría prejunior con el equipo Farmacia La Cañada. En junior y juvenil formó parte de las novenas del Ministerio de Fomento desde donde saltó a la AA en la que tuvo un excelente desempeño que lo llevó a integrar la selección nacional en competencias foráneas. Por aquella época los cazadores de talentos que frecuentaban los estadios le auguraron que tarde o temprano estaría en la pelota profesional.

Y así fue, en 1980 con 19 años Gustavo Polidor ingresaba a las filas de un equipo que estaba a punto de saborear con creces las mieles de la victoria: los Tiburones de La Guaira; al mismo tiempo firmaba para el béisbol del norte en el que formaría parte de la plantilla de los Angelinos de California en su sucursal AA. En su primera temporada con los Tiburones quedó como Novato del Año y en EEUU su desempeño no fue menor. En 1985 fue ascendido a la AAA en la que su meritoria actuación como campo corto le hizo ganar el pase a las Grandes Ligas. Allí además de jugar para los Angelinos lo haría con los Cerveceros de Milwaukee y los Marlins de Florida.

En Venezuela completó 14 temporadas con los Tiburones de La Guaira, equipo del que se despidió con un promedio de 260 puntos. En esa casa formó parte de la famosa Guerrilla de Padrón Panza, conformada por Oswaldo Guillén, Argenis Salazar, Juan Francisco Monasterios, Luis Salazar, Gustavo Pedrique, Raúl Pérez Tovar y Norman Carrasco. Su camiseta escuala ostentó siempre el número 14.

Las primeras investigaciones

En una de las habitaciones de la clínica Atías reposaba el cuerpo sin vida de un hombre que había dado mucho a su país. En su frente asomaba el agujero de una bala calibre 7.65 y en su estomago una de .38; para la época la Policía Técnica Judicial era dirigida por el comisario José Ramón Lazo Ricardi, Leonardo Díaz Paruta era el Jefe de Homicidios y Vladilo Polaskaya fungía como Jefe de Investigaciones de esa división; estos tres hombres serían los encargados de llevar adelante las pesquisas oficiales. Sin embargo, tanto la Policía Metropolitana como la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) investigaban de manera paralela.

Algo que llamó la atención desde el primer momento fue el hecho de que los hampones no se llevaran nada con ellos, ni los vehículos ni las valiosas prendas que ese día ostentaba el jugador: una lujosa cadena valorada en medio millón de bolívares y un reloj cuyo costo superaba los 30 mil dólares, este último obsequiado a Polidor por los Angelinos de California. Una curiosa incidencia que daría lugar más tarde a conjeturas sobre el verdadero móvil del asesinato y que apuntaría a la viuda como posible coautora del mismo. Esas sospechas la separarían de por vida de sus suegros y demás familiares de Gustavo.

Para el sábado 29 de abril los detectives de la PTJ manejaban dos hipótesis en torno al suceso: el primero apuntaba a intento de robo y el segundo a una presunta venganza personal; según esta versión, los malhechores esperaron a que Polidor abriera la puerta del estacionamiento y una vez adentro lo llamaron por su nombre y lo sacaron a golpes de la camioneta para seguidamente dispararle dos veces. Como aparentemente nadie vio ni escuchó nada, Eduvigis de Polidor pasaba a ser la testigo clave; sin embargo tendrían que esperar hasta el día lunes para conversar con ella. En la hipótesis del intento de robo se conjeturaba que los delincuentes trataron de llevarse con ellos a la esposa de Gustavo para que los ayudara en caso de que más adelante en el trayecto se activara algún mecanismo contra robo que hiciera detener al vehículo; ante esta posibilidad el pelotero se negó e intentó desarmar al sujeto que lo tenía dominado lo que desencadenó la reacción homicida.

Aquel fin de semana se realizaron numerosas detenciones en el perímetro cercano a Santa Mónica y muchos ladrones de poca y alta monta fueron “invitados” a conversar con los detectives de la brigada de homicidios.

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El sepelio

El féretro con los restos de Gustavo Polidor partió de la funeraria hasta el que sería su destino final, la parcela 4 del Cementerio del Este. El nutrido cortejo haría una parada en el estadio de la Universidad Central de Venezuela para rendir un emotivo tributo. Con silencioso respeto la fanaticada ingresó al campo y subió a ocupar su lugar en las gradas, abajo toda la gente ligada al ámbito deportivo acompañaba a su compañero en el último paseo por el diamante. A medida que el ataúd avanzaba, una cálida lluvia de aplausos despedía al ídolo. Con rostro grave y lágrimas en el rostro se veía a su compadre y amigo de siempre Oswaldo Guillén. Luis Salazar comentaba con el narrador deportivo Delio Amado León la tristeza que lo embargaba y David Concepción lo reconoció como un gran amigo y excelente ciudadano. Otros rostros conocidos eran los de Graciano Ravelo quien por muchos años fue entrenador de Los Tiburones, el de su colega de los Leones del Caracas Manuel González y Alvis Cedeño quien para la época se iniciaba como narrador y comentarista.

Una vez cumplido el triste interludio, la multitud enfiló al camposanto donde con dolor depositaron el féretro en la húmeda tierra.

La duda

El 11 de mayo los padres y dos tíos del beisbolista acudieron a la División contra Homicidios para solicitar información sobre el estado de las pesquisas y aportar además algunos datos que según su parecer pudieran ayudar. Marcel Polidor, tío de Gustavo reveló a los policías que entre su sobrino y un hombre llamado Fernando que había sido chofer de la familia había ocurrido en fecha reciente un fuerte altercado porque al regreso de uno de sus viajes al Canadá, Polidor se enteró de que este hombre había chocado sus dos carros y le hizo un fuerte reclamo que terminó en agria discusión. Los familiares del pelotero aclararon que no acusaban al chofer pero que era un dato que a su parecer debía investigarse, manifestaron extrañeza ante el hecho de que Eduvigis no hubiese hablado de ello a la policía.

A la salida de la sede policial conversaron con la prensa y aprovecharon para manifestar su posición: Para ellos el móvil del crimen no estaba en el robo sino en el atentado personal. Si de verdad esos hombres entraron a robar ¿Por qué razón entonces no se llevaron nada? – se preguntaron –. Recordaron que ese día su sobrino portaba prendas valiosas y les pareció raro que los sujetos tampoco intentaran llevarse nada de la casa.

- “Gustavo Polidor era multimillonario, durante sus campañas en las grandes ligas logró amasar una gran fortuna y poseía muchas propiedades, entre las cuales figuraba una quinta comprada recientemente en Alto Prado”.

Sin precisar un monto exacto, los padres y tíos del fallecido hablaron de una fabulosa herencia de miles de millones de bolívares y se preguntaron en voz alta ¿A quién convenía la muerte de Polidor? No sin antes señalar que la viuda había caído en varias contradicciones y que la información dada por ella para la elaboración de los retratos hablados no aportó nada para la buena marcha de la investigación.

A la disconformidad expresada por la familia Polidor se unieron algunos medios que por la lentitud de las investigaciones comenzaron a ventilar las más disímiles hipótesis; algunos hablaban de un lío de faldas, otros de una presunta deuda de la viuda con el Cártel de Cali, otros hablaban de problemas económicos. Así mientras los detectives se afanaban en la investigación, la duda se posesionaba del caso.

Un ruin incidente

Mientras todo esto ocurría, cuatro sujetos dos de ellos abogados y dos investigadores privados quisieron sacar provecho del dolor. Llamaron al doctor Carlos Mouriño, quien asistía legalmente a la viuda, manifestando tener datos firmes que conducirían a la segura captura de los implicados en el homicidio; a cambio de la información pidieron 300 mil bolívares. Tanto el abogado como Eduvigis acudieron a denunciar esto ante el jefe de homicidios Leonardo Díaz Paruta quien de inmediato montó un operativo de captura. Paruta pidió a la viuda y a su abogado que simularan aceptar el trato; se les dotó de micrófonos ocultos y dinero marcado y siguiendo instrucciones de los canallas llegaron hasta un bufete ubicado en la avenida Universidad, allí al momento de efectuar la entrega del dinero, una comisión de la PTJ entró de improviso a la oficina para detener a los cuatro granujas. Esa noche la pasarían en la sala de interrogatorios para aclarar si tenían datos reales sobre los homicidas.

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Al mes de la muerte mil especulaciones y un camino

El 28 de mayo día en que se cumplía un mes de la muerte de Polidor, reinaba la confusión. Cientos de pistas y personas habían sido descartadas, Una pareja de nacionalidad colombiana fue detenida en Curazao porque a su llegada al aeropuerto localizaron en su maleta un recorte de los retratos hablados suministrados a la prensa, luego se demostró que aquello no había sido más que una casualidad, el recorte del periódico se hizo para tomar una medida para un vidrio. A la par se ventiló que las pesquisas se extendieron a Puerto Rico y Nueva York lo que aumentó las especulaciones en torno al móvil. Leonardo Díaz Paruta se mostraba hermético y solo asomó que la hipótesis del robo había sido descartada y que las investigaciones se llevaban ahora por otros derroteros. La PTJ empezó a examinar los bienes dejados por el pelotero y a establecer a que negocios se dedicaba.

La señora Eduvigis Fuenmayor viuda de Polidor acusó a la prensa de quererla incriminar en el asesinato de su esposo y apoyada por los compañeros de Gustavo cambió de residencia; pero en medio de todo este embrollo comenzó a surgir la solución.

 

Las detenciones

Luego de dos o tres detenciones más que resultaron igualmente infructuosas, la PTJ se anotó el primer tanto con la aprehensión de Carlos Rubén Villanueva, un hombre que según informaciones llegadas a la División de Operaciones se aprestaba a vender la camioneta Wagoneer en la que huyeron los asesinos de Polidor. Al ser interrogado, Villanueva dio la dirección de un lugar en la ciudad de Guarenas en el que estaba oculto el vehículo, la información resultó cierta. En paralelo la División de Inteligencia de la Policía Metropolitana logró capturar en el bar Dallas a Marcos Tulio Quintero (a) Marquitos y la DISIP a un sujeto llamado Antonio José Dávila quien hizo las primeras delaciones.

El miércoles 31 de mayo de 1995 Marcos Tulio Quintero fue entregado por el Gobernador de Caracas, Asdrúbal Aguiar a la División contra Homicidios de la PTJ, al ser interrogado, Marquitos confesó haber participado pero trató de echar la culpa del homicidio sobre sus compañeros. La declaración de Tulio Quintero llevó a la identificación de otro de los implicados: Hernán Gregorio López Ortuño, alias “Hernancito”. Una foto de archivo de este sujeto fue mostrada a la viuda de Polidor quien lo reconoció de inmediato como uno de los hombres que disparó contra su esposo.

El sábado 3 de junio a las cuatro de la tarde se efectuó el reconocimiento de Marcos Tulio Quintero. En el salón de los espejos estaban además de la señora Eduvigis, el juez 25 en lo penal Cristóbal Ramírez Colmenares y la Fiscal 73 del Ministerio Público, doctora Yadira de Rángel. Ante la viuda se colocaron seis personas, cada una con un número, tres de ellos eran delincuentes y los otros tres funcionarios policiales. Sin dudarlo, la viuda señaló al que estaba marcado con el número 3, quien no era otros que Marquitos, terminado el reconocimiento la pobre mujer se desmayó. Ahora las piezas cuadraban, todos los que participaron en el crimen, con excepción de Hernancito, estaban detenidos, sin embargo con su retrato publicado en prensa y televisión no pasaría mucho tiempo en libertad.

El 13 de junio de 1995 el Juez Décimo Quinto provisorio Roberto Porro Alety dictó auto de detención a los cinco sujetos implicados, incluyendo a Hernancito que seguía en fuga y estableció que el móvil había sido el robo.

Cuando fue apresado, Hernancito portaba una cédula falsa a nombre de Nelson Porras Castillo y lucía otro aspecto pero su verdadera identidad no tardó en establecerse. Con toda la banda entre rejas el país se dedicó a otros temas; para la época un crimen sucedía a otro y la atención estaba puesta ya hacia quien sería el sucesor del presidente Caldera, entre los precandidatos se barajaban los nombres de Irene Sáez, Eduardo Fernández, Henrique Salas, Antonio Ledezma y Hugo Chávez.

Marcos Tulio Quintero saldría en libertad nuevamente el martes 26 de octubre de 1999, cuando la Sala Primera de la Corte de Apelaciones declaró con lugar el recurso de habeas corpus formalizado a su favor. Para aquella fecha “Marquitos” llevaba 5 años y tres meses detenido sin que se le hubiera dictado sentencia de primera instancia, situación que violaba el artículo 253 del Código Orgánico Procesal Penal; dicho articulo establecía que ninguna medida de coerción personal podía extenderse por más de dos años. La ponencia de la Sala consideraba que se estaban violentado normas constitucionales y pactos internacionales que consagran el debido proceso y el derecho a ser juzgado en tiempo breve. Es importante acotar que, por estar imputado Quintero del delito de homicidio calificado se le decretó prohibición de salida del país y se le sometio a caución personal.

El caso Polidor volvería a la palestra la madrugada del 18 de diciembre de 1995 cuando el otro protagonista de esta historia, Hernán Gregorio López Ortuño (a) Hernancito se fugó del Retén de Catia en compañía de  5 peligrosos delincuentes. Le invitamos a leer sobre esto en:

 Pánico en Terrazas

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22 comentarios

  1. que bien relatado este caso felicitaciones como ustedes ninguno eso es periodismo de altura gracias y dios los cuide y bendiciones

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    • hola buenas tardes tienes la historia del crimen de virginia fuster

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  2. Muy buena historia… pero me habría gustado saber más sobre la viuda de Gustavo Polidor y las sospechas sobre su supuesta implicación en el asesinato del pelotero.

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  3. por fa publiquen en facebook el enlace asi no me lo pierdo! estuvo buenisimo

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  4. Uno vé cada caso, cada crimen más complicado. Esto me trae a la mente un crimen que jamás (al menos para mí) ha quedado claro : el del abogado Totesaut.

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  5. Muy buena narrativa, lo felicito! y 100 % cercano a la realidad.
    Saludos.
    Leonardo Diaz Paruta.

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  6. espectacular desarrollo de este lamentable hecho que enluto el deporte en venezuela gracias pedro a ti y tu equipo de trabajo espectacular

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  7. Muchas gracias por la historia, pero algo que me llama la atención es que no hay un motivo, por el cual mataron al pelotero. Esto queda pendiente…

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    • Saludos, el móvil oficial y por el que condenaron a los implicados fue el robo, sin embargo en algún momento se manejaron varias hipótesis, entre ellas la venganza, la muerte por encargo, se habló incluso de un lío de faldas y de la posibilidad de una deuda por drogas de la esposa de Polidor… Los propios familiares del pelotero dejaron entrever la posibilidad de que la viuda estuviese implicada en el asesinato. Tiempo después de ocurrido el hecho, “Hernáncito” declaró que fueron a robar pero que en ningún momento pensaron que la persona a la que habían matado fuese Gustavo Polidor. Lo invitamos a leer la continuación de esta historia en la crónica por publicar mañana domingo “Pánico en Terrazas”. Un abrazo.

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  8. Muy buena narración de los hechos, como siempre.-

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    • Saludos Antonio,
      Gracias por tus comentarios, que sigas disfrutando de los casos de Crónicas del Tánatos. Un abrazo

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      • Les recomiendo la muerte de los concejales guariqueños Priscila Prado en san juan de los morros en los anos 90 y la de Jose Celestino Lares (cheo lares) en zaraza en el año 2006 ambas por asesinato y en extranas circunstancias

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      • Buen día amigo Pedro, gracias por las sugerencias. Si tiene las fechas exactas en que ocurrieron los hechos nos sería de gran utilidad. Reciba un abrazo.

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  9. excelente narración, lo único es que tenían que haber explicado mas sobre el caso, el por que tuvieron como sospechosa a la esposa de gustavo y sacar la cuanta del por que marquitos despues de 6 meses formo parte del homicidio sin robar nada de valor ya que cuando salio de el reten de catia quería hacer buenos negocios con fines de lucro

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  10. Excelente el conocer estos casos que tanto a personas como yo marcaron desde niño gracias de corazón. Argenis Barrios García 31 de enero de 2014 petare la bombilla municipio Sucre.

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  11. muy buena las reseñas que hacen de todos estos casos , son parte de nuestra historia reciente, la verdad es que en nuestro país la impunidad tiene raíces muy profundas, aunque en este caso en particular se logró atrapar a los implicados- seguramente por que no hubo un poder detrás de ellos que los protegiera. felicitaciones por estas crónicas, también quisiera comentarles que hubo un par de libros escritos por MONCHO MARQUEZ en los años 80 que me gustaría saber si fueron casos de la vida real, ellos fueron LA ULTIMA ROSA Y HEREDERO DE TURNO.

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  12. Amigos, grandioso trabajo. Es un trabajo de altura. Merecen un grande reconocimiento. De verdad que éstos relatos atrapan al lector de principio a fin. Solo faltó saber un detalle importante para finiquitar la reseña: ¿Por qué no se llevaron nada al matar al pelotero? ¿Cuál fue la causa de su muerte? Sé que es algo delicado pero debe existir una verdad. Sí pueden ampliar un poco será extraordinario.

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  13. Se fue uno de la guerrilla, que lastima aquello, recuerdo tenia 16 anos yo…. cuando será el día que la ley funcione de verdad…. seguro será cuando mi hijo que ahorita tiene 3 años sea presidente de este hermoso pais… Isaias Esculpe Zabal

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